¿Cuál es la edad adecuada para poder acceder a las redes sociales? Hay países que están empezando a legislar sobre esta cuestión. Un tema candente también en Suiza, donde el Gobierno —instado por el Parlamento— está realizando un informe al respecto
Serena Tinari
«Tía, acabo de pasar dos horas viendo vídeos de caballos y ni siquiera me he dado cuenta», declara mi sobrina. Solo tiene 14 años y vive en simbiosis con su teléfono inteligente. El teléfono contiene el mundo en un único dispositivo: despertador, música, horarios de trenes, mapas de la ciudad, plataformas de redes sociales (Instagram, Snapchat, TikTok, etc.), por no hablar de los innumerables chats en WhatsApp. Este universo del scroll infinito plantea nuevos retos para la vida cotidiana, la dinámica familiar y los modelos educativos.
Muchos países han comenzado a legislar sobre esta cuestión, imponiendo restricciones de edad a quienes utilizan las plataformas. Australia fue el primero en actuar, y la medida entró en vigor en diciembre de 2025. Ahora, las empresas deben tomar medidas para garantizar que solo las personas mayores de 16 años puedan utilizar sus plataformas de redes sociales. Si no lo hacen, se arriesgan a una multa de 50 millones de dólares australianos (26 millones de francos suizos). La medida afecta a las plataformas de redes sociales más utilizadas por la gente joven (aunque no solo): Facebook, Instagram, Kick, Reddit, Snapchat, Threads, TikTok, Twitch, X y YouTube.
Francia también se está preparando para seguir los pasos de Australia. La Cámara Baja del Parlamento francés acaba de aprobar prohibir el acceso a los menores de 15 años. Leyes similares se están elaborando en Dinamarca, Noruega, España, Italia, Grecia y Alemania.
¿Qué está haciendo Suiza?
En Suiza también existe una preocupación generalizada por los efectos que usar los dispositivos digitales a diario tiene en la vida de la gente más joven. En octubre de 2025 causó revuelo una entrevista con Thomas Minder, presidente de la asociación de directores de escuela de la Suiza alemana. Por los comentarios de Minder sobre un tema muy debatido, diferentes agencias de noticias se hicieron eco de la entrevista, publicada en los periódicos del grupo Tamedia. «Las redes sociales deberían prohibirse para los menores», afirmó, comparando su potencial adictivo con el del alcohol y el tabaco.

Un postulado presentado por Maya Graf (del Partido Verde de izquierda), titulado «Proteger a la infancia y la juventud del uso nocivo de las redes sociales inclinó la balanza en el Parlamento suizo. No era esta la primera vez que la cuestión se planteaba en el Palacio Federal. El Senado aprobó por unanimidad el postulado de Graf y el Consejo Federal —el órgano ejecutivo del Gobierno suizo—, que prometió un informe en profundidad sobre la cuestión, lo aceptó.
Graf —trabajadora social de formación— es una miembro veterana del Parlamento suizo, donde participa desde 2001. Tal y como explicó a tvsvizzera.it, «la generación Z ha crecido como nativa digital, pero los estudios demuestran cada vez más que el consumo excesivo tiene un impacto negativo en el desarrollo y la salud mental y limita el potencial de concentración y aprendizaje». Aunque la ciencia no ofrece respuestas definitivas, cada vez hay más pruebas de los efectos que el uso diario de los dispositivos digitales tiene en el comportamiento humano. Graf menciona, en particular, la dopamina. El efecto de gratificación inmediata nos empuja a utilizar los dispositivos digitales de forma compulsiva, y los estímulos constantes nos impulsan a realizar múltiples tareas a la vez.
Intrusión frente a desconexión
La multitarea, es decir, el hacer varias cosas al mismo tiempo, es «un mito de nuestra sociedad, presentado durante mucho tiempo como algo positivo; es hora de deshacernos de él», apunta Mario Sgarrella. Es el fundador de unpluggo, una plataforma suiza que organiza seminarios sobre estrategias y prácticas para limitar la intrusión de las pantallas en la vida cotidiana. Sgarrella se autodenomina «libertador digital». En cuanto a prohibir las redes sociales a la gente menor de cierta edad, afirma: «Creo que es un paso importante en este momento de la historia, y que el caso australiano será una prueba interesante. Pero es solo uno de los muchos enfoques posibles. Porque se trata de un problema colectivo que afecta a la sociedad en su conjunto».
Sgarrella se refiere al principio de precaución y menciona otras áreas en las que se han introducido límites de edad por razones históricas y científicas: «Pensemos en el consumo de alcohol o en las relaciones sexuales consentidas. O en conducir un coche. Pero una prohibición por sí sola no es suficiente; también hay que educar. Se puede conducir a los 18 años, pero primero hay que tomar clases. Esto también es esencial cuando se trata de la tecnología digital».

Sgarrella destaca el papel que, en las actividades digitales, desempeña la corteza prefrontal, que controla el discernimiento y el juicio, pero que «se desarrolla después de los 20 o incluso los 25 años». Esto hace que la gente joven sea especialmente vulnerable al uso excesivo de los medios digitales. Además, nuestro cerebro está «programado para la novedad. Con estos dispositivos, es como tener una máquina tragaperras en el bolsillo, que nos ofrece constantemente cosas nuevas que nos parecen emocionantes».
La tecnología digital cotidiana está diseñada para distraernos y llenar nuestro tiempo, pero Sgarrella subraya «la importancia del aburrimiento» y la necesidad de «escuchar nuestros pensamientos». Para la gente joven, afirma, es importante construir una «cultura familiar digital» adecuada, en la que las personas adultas den ejemplo. Que quien esté libre de pecado tire la primera piedra, por ejemplo, «cuando le dices a tu hijo por la noche: “Espera, todavía tengo que enviar un correo electrónico”, mientras sabe perfectamente que has estado trabajando todo el día».
Prohibición y complejidad
A favor de prohibirlo está la parlamentaria del Partido Verde Graf: «El artículo 67 de la Constitución obliga al Gobierno federal y a los cantones a proteger a la infancia y a la juventud. Creo que hace falta una regulación más clara del sector para proteger contra el uso excesivo, y esto también debería aplicarse a las escuelas». ¿Está de acuerdo todo el mundo? Graf subraya que «no es una cuestión de izquierda o derecha política y, de hecho, mi postulado fue aprobado por unanimidad» —dice—, pero es consciente de que en algunos círculos educativos «se piensa que el problema puede resolverse con una mayor concienciación. Creo que esto es importante, pero no sin unas normas claras».
La Comisión Federal para la Infancia y la Juventud, por su parte, ha rechazado prohibirlo, calificándolo de «supuesta solución a un problema complejo«. La comisión señala que la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, consagra el derecho a acceder a la información y a una educación adecuada a la edad, y establece que las opiniones de la infancia y de la gente joven «deben tenerse debidamente en cuenta en todos los asuntos que les afecten». La comisión se muestra a favor de las normas elaboradas mediante deliberación participativa, evitando prohibiciones «que limitarían la capacidad de actuar tanto de los padres como de los hijos».

Mientras tanto, algunos cantones han prohibido usar en las escuelas los dispositivos digitales personales. En Ginebra, por ejemplo, están prohibidos no solo durante las clases, sino también durante la pausa para el almuerzo. El cantón de Argovia incluso los ha prohibido en las excursiones escolares, con excepciones para necesidades familiares o educativas especiales. La razón principal de estas medidas es la interrupción constante que suponen las notificaciones y su impacto social, ya que los teléfonos móviles son una de las principales plataformas para el acoso escolar. En Suiza y en otros lugares estas prohibiciones —aclamadas como revolucionarias— están suscitando las críticas de quienes las consideran una intromisión del Gobierno en la vida privada de la juventud y en las decisiones de las familias y las autoridades escolares.
Un refugio de la vida real
Sgarrella trabaja a menudo con personas muy jóvenes. Para cuando las familias se ponen en contacto con él, sin embargo, suele ser demasiado tarde. «Ya existe un problema de adicción y necesitan psicoterapia», indica.
El aislamiento es una de las señales de alerta. Con esto se refiere a situaciones como «en las que el teléfono se convierte en un refugio de la vida real. Si tu hija se encierra durante horas en su habitación y se queda pegada a TikTok, si evita a toda costa salir de casa, si no quiere salir al aire libre y no tiene ningún hobby, y sus notas en el colegio están bajando», son señales de alerta.

Sgarrella comienza su taller para jóvenes con una pregunta: «¿Creéis que vuestros padres pasan demasiado tiempo con el móvil?».
Como por arte de magia, parece funcionar. «Se abren y tienen mucho que decir. Quieren aprender más. Y cuando se dan cuenta de que estas empresas se están enriqueciendo con cada clic, sienten el engaño y cuestionan el uso que hacen de sus dispositivos», manifiesta.
Protección y transparencia
Esta cuestión, en Suiza, está entrelazada con otros enfoques, también destinados a legislar en el mundo digital y obligar a las empresas a mejorar los derechos de las personas usuarias. Tras numerosos retrasos, que provocaron las protestas de especialistas y asociaciones del sector, finalmente el Gobierno publicó la Ley Federal sobre Plataformas de Comunicación y Motores de Búsqueda para su consulta a finales de octubre de 2025.
En un informe sobre el poder del mercado y la opinión de las empresas digitales, la Comisión Federal de Medios de Comunicación ha propuesto medidas reguladoras sobre una serie de cuestiones, entre las que se incluyen los sistemas de recomendación y moderación basados en algoritmos, la transparencia, la inteligencia artificial y la promoción de las competencias mediáticas y digitales.

También pide que las plataformas en línea se regulen de manera más estricta la agencia suiza de apoyo a la infancia y la juventud Pro Juventute. Que, en materia de protección, transparencia y responsabilidad, ha propuesto diversas medidas, como plataformas sin seguimiento y adaptadas a las personas más jóvenes (la denominada «privacidad por defecto»).
El informe en respuesta al postulado de Graf se ha encomendado a la Oficina Federal de Seguros Sociales, la agencia nacional responsable de la protección infantil y la plataforma «juventud y medios de comunicación» Se prevé que se publique en la segunda mitad de 2027. El debate, por lo tanto, sigue abierto.
Artículo adaptado del inglés por Lupe Calvo. Información adicional para la versión en español por Lupe Calvo. Revisado por Carla Wolff.
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