La OMS advierte: el procesado es carcinógeno. Aprende a elegir jamón con +90% de carne, bajo en sodio y sin aditivos para cuidar tu corazón.
El jamón de pavo, frecuentemente calificado como fit por su bajo contenido graso, es un embutido ultraprocesado compuesto por carne reconstituida, almidones, azúcares y altos niveles de sodio, además de aditivos como nitritos. Se recomienda moderar su consumo debido a sus riesgos para la salud, que incluyen hipertensión y, a largo plazo, el potencial cancerígeno asociado al consumo frecuente de embutidos.
Está elaborado con carne de pavo deshuesada (a veces carne reconstituida o mecánicamente separada), sal, azúcar, nitrito/nitrato, fosfatos y otros aditivos, sometiéndose a procesos de curado, ahumado o cocción.
Los expertos coinciden en afirmar que un alimento por sí solo no tiene la capacidad de enfermar o sanar ninguna condición, ya que todo va a depender de la frecuencia y cantidades. El consumo moderado y la alimentación balanceada serán siempre las recomendaciones generales.
Alto en sodio y aditivos: A pesar de ser bajo en grasa, suele tener un exceso de sodio y aditivos (carragenina, nitritos) que pueden causar inflamación o problemas metabólicos.
Calidad de proteína: La carne de pavo utilizada es a menudo reconstituida, lo que reduce la calidad de la proteína en comparación con la pechuga de pavo natural.
Recomendación: Es mejor optar por pechuga de pavo asada o cocinada en casa, que no contiene los aditivos ni el alto contenido de sodio de los embutidos comerciales.
Sustitutos saludables: Reemplazar el jamón procesado por pechuga de pollo, pavo natural, atún o huevo proporciona proteínas de mejor calidad sin los riesgos asociados al exceso de sodio y conservantes.
Aunque el jamón de pavo es cómodo para dietas de pérdida de peso, la nutrición real se basa en alimentos mínimamente procesados.
Para que realmente sea una opción «fit», lo ideal es buscar etiquetas con más del 85-90% de carne de pavo o sustituirlo por pechuga de pavo natural cocida en casa.


