Pekín califica el ataque de «agresión descarada» y pide el «cese inmediato» de la violencia en la región
Carlos Asencio. Madrid
China es el gran perjudicado tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán. El gigante asiático es el principal comprador de la producción petrolífera del país del Golfo Pérsico. En 2025, según datos de firmas de análisis de mercado y de la propia Administración de Información Energética de EEUU, casi el 80% de la producción de crudo iraní fue a parar a China. Pero, a pesar de eso, esta adquisición solo consigue cubrir cerca del 14% de la demanda de consumo petrolero del gigante asiático.
China es el gran aliado estratégico de Irán. Además de comprarle la mayoría de la producción de crudo, ha invertido en infraestructuras, puertos, energía y telecomunicaciones. Todo esto dentro de su proyecto de la Franja y la Ruta, una estrategia de desarrollo de infraestructura global y cooperación internacional impulsada por Pekín.
El hecho de que se haya producido este ataque por parte de Estados Unidos e Israel ha provocado el descontento del gobierno de Xi Jinping. En un comunicado, al que ha tenido acceso elEconomista.es, el portavoz del ministerio de Exteriores de China, Lin Jian, declaraba que «la soberanía, la seguridad y la integridad territorial de Irán deben ser respetadas». Asimismo, reiteraba que China exige «el cese inmediato de las acciones militares, la interrupción de la escalada de la tensa situación, la reanudación del diálogo y la negociación, y los esfuerzos para mantener la paz y la estabilidad en Oriente Medio», escribía el diplomático.
En un comunicado ayer, la agencia de noticias estatal china Xinhua criticó el ataque, calificándolo de «agresión descarada contra una nación soberana» y de «política de poder y hegemonía».
Desde Xinhua escribían que el uso de la coerción militar por parte de Washington era una «violación flagrante» de los propósitos y principios de la Carta de la ONU y un alejamiento de las «normas fundamentales de las relaciones internacionales».
El sábado, el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) celebró una reunión de urgencia para analizar la situación en Oriente Próximo y el Representante Permanente de China ante las Naciones Unidas, Fu Cong, declaró que su país se opone y condena el uso o la amenaza de la fuerza en las relaciones internacionales. Señaló que el uso de la fuerza no es la vía correcta para resolver disputas internacionales, sino que solo exacerbará el odio y las contradicciones.
«Una escalada y una propagación de la situación en Oriente Medio no benefician a ninguna de las partes. Resolver las diferencias mediante el diálogo y la negociación es la única salida», apuntaba Fu.
Es muy poco probable que el gigante asiático entre a defender a Irán, pero la seguridad energética de China está en peligro si se cierra el estrecho de Ormuz.



