El fallo, que impide a los Estados rediseñar distritos con criterios raciales, abre la puerta que los republicanos recuperen circunscripciones de mayoría negra del sur del país
Iker Seisdedos*. El País
WASHINTONG.— El Supremo de Estados Unidos desactivó este miércoles una parte esencial de la Ley del Derecho al Voto de 1965, una de las grandes conquistas de la era de los derechos civiles. En una votación (6-3) en la que el bloque conservador hizo valer su supermayoría, el tribunal dio la razón a los demandantes contra el Estado de Luisiana por haber creado un segundo distrito de mayoría negra para cumplir con la sección segunda de la norma.
La decisión abre la puerta a que los republicanos se apresuren rediseñar distritos electorales en poder de sus rivales, especialmente en el sur del país. Son los que aquí se conocen como “de mayoría minoritaria”, al tratarse de circunscripciones en las que un grupo minoritario, por ejemplo, los afroamericanos, representa más del 50% de la población.
La sentencia, de enorme trascendencia en el largo plazo, dado que cambia las reglas electorales que han imperado en Estados Unidos durante las últimas seis décadas, amenaza con tener consecuencias también en las elecciones del próximo mes de noviembre, en las que el partido de Donald Trump se juega la mayoría de una o de las dos Cámaras, y el presidente de Estados Unidos, la efectividad de la segunda parte de su mandato y quién sabe si también ser sometido a su tercer impeachment (juicio político).
La mayoría del Supremo, cuya opinión redactó uno de los magistrados más a la derecha, Samuel Alito, debilita considerablemente la sección segunda de la norma, que impide que el diseño de los distritos electorales (esa práctica tan estadounidense como antidemocrática conocida como gerrymandering) discrimine el poder de decisión en las urnas de los negros, hispanos, nativos estadounidenses y asiáticos, que tradicionalmente han votado demócrata. Hasta este miércoles, era constitucional privilegiar desde las instituciones el derecho de esas minorías a verse reflejados en los políticos que las representan.
La Ley de Derecho al Voto obliga también a tener en cuenta la composición demográfica de las circunscripciones para no privilegiar a la mayoría blanca a base de juntar distritos o de divididos. Para Alito, una aplicación errónea de esa sección Segunda ha desvirtuado el espíritu de la ley, al entrar en conflicto, argumenta, con las enmiendas Decimocuarta, que garantiza la igualdad de todos ante la ley, y Decimoquinta, que prohíbe la discriminación racial a la hora de votar. “La sección Segunda fue diseñada para reforzar la Constitución, no para entrar en conflicto con ella”, escribe Alito.
El magistrado insiste en su opinión que la intención es que el fallo se circunscriba solo al caso de Luisiana, pero nada impide que en otros lugares, como Florida, por ejemplo, los republicanos echen mano de ese precedente. Así lo argumentó la jueza liberal Elena Kagan leyó su voto particular en voz alta, un gesto poco común que sirve para expresar el firme desacuerdo de un magistrado con una sentencia del Supremo.
Reconciliación
La norma, impulsada por el senador John Lewis, supuso un gran avance en la reconciliación de un país con un doloroso pasado esclavista en el que la discriminación racial pervivió en grandes porciones de su territorio durante décadas, tras el fin de la Guerra de Secesión. La ley, que ha estado en el punto de mira de los conservadores durante décadas, prohibió también las prácticas electorales discriminatorias, como exigir pruebas de alfabetización para votar o la aplicación de impuestos para el sufragio.
Durante 60 años ha contribuido en gran medida a aumentar la representación de las minorías en los cargos estatales y federales. Tuvo, además, consecuencias inmediatas: según cuenta Ari Berman en su libro (titulado como un famoso discurso de Martin Luther King) Give Us The Ballot. The Modern Struggle for Voting Rights in America (Dennos la papeleta. La lucha moderna por el derecho al voto en Estados Unidos. Picador, 2015), “hizo que el número de votantes negros registrados en los Estados del Sur pasara del 31% al 73%, y que los representantes afroamericanos crecieran en todo el país de 500 a 10.500”.
Este Supremo es el mismo que hace un par de años dio un golpe mortal a la discriminación racial positiva en las universidades con una sentencia que anuló los sistemas de selección de las de Harvard y Carolina del Norte. En la práctica, supuso fin a décadas de en las que se favoreció principalmente a estudiantes negros y latinos con la idea de que los centros educativos debían darles más oportunidades en interés de una sociedad, y de unos centros de poder, más diversos.
(c) El País (29.04.2026)
*Iker Seisdedos: Es corresponsal jefe de EL PAÍS en EE UU. Licenciado en Derecho Económico por la Universidad de Deusto y máster de Periodismo UAM / EL PAÍS, trabaja en el diario desde 2004, casi siempre vinculado al área cultural. Tras su paso por las secciones El Viajero, Tentaciones y El País Semanal, ha sido redactor jefe de Domingo, Ideas, Cultura y Babelia.



