En octubre de 2025 se publicó el libro The London Consensus. Economic Principles for the 21st Century, editado por Tim Besley, Andrés Velasco e Irene Bucelli.
Juan Temístocles Montás

En octubre de 2025 se publicó el libro The London Consensus. Economic Principles for the 21st Century, editado por Tim Besley, Andrés Velasco e Irene Bucelli. La obra es el resultado de un esfuerzo colectivo de más de 50 economistas que buscaban redefinir las bases de la política económica contemporánea, superando las limitaciones del llamado Consenso de Washington.
El Consenso de Washington, formulado en 1989, consistió en un conjunto de diez prescripciones destinadas a superar la crisis de deuda, especialmente en América Latina, mediante políticas de consolidación fiscal, privatización, liberalización comercial y apertura a la inversión extranjera. Este marco tuvo una enorme influencia en las décadas de 1990 y 2000, respaldado por instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
El Consenso de London no rechaza completamente los postulados del Consenso de Washington, pero sí identifica fallas importantes: la subestimación de la desigualdad, el descuido de las instituciones y la política, el exceso de confianza en el mercado autorregulado y la falta de resiliencia frente a crisis financieras, sanitarias y climáticas.
El libro tiene su origen en una reunión celebrada en mayo de 2023 en la London School of Economics and Political Science, donde se debatieron los desafíos de la política económica contemporánea y la necesidad de nuevos principios orientadores para el siglo XXI. Más que una receta única, la obra propone un marco flexible, adaptable a distintos contextos nacionales.
Por haberse reunido en Londres, los postulados del libro se denominan “Consenso de Londres”. Cinco principios fundamentales articulan el libro: 1) No se trata solo del ingreso: el bienestar es el objetivo central; 2) El crecimiento importa, pero también su distribución territorial; 3) Fomentar la resiliencia: el Estado como asegurador de último recurso; 4) No hay buena economía sin buena política; y 5) Un Estado capaz es condición indispensable del desarrollo.
Uno de los giros más relevantes es el cambio en el objetivo de la política económica: ya no basta con maximizar el producto interno bruto (PIB), sino que se debe priorizar el bienestar social. Esto implica valorar la calidad del empleo, la cohesión social y la estabilidad política, así como reconocer la necesidad de construir economías resilientes frente a shocks externos.
El Consenso de Londres propone un Estado activo, pero no omnipresente. Se trata de un Estado que no sustituye al mercado, sino que lo complementa y corrige. Su papel incluye la regulación macroprudencial, la inversión estratégica en infraestructura, innovación y transición energética, así como la gestión de riesgos sistémicos.
Asimismo, el nuevo consenso enfatiza que el crecimiento debe estar basado en aumentos sostenidos de la productividad, acompañados de la creación de empleos de calidad y la integración de territorios rezagados. Para ello, se promueve una política industrial moderna, centrada en la innovación tecnológica y el desarrollo del capital humano.
En materia de globalización, el enfoque no es de rechazo, sino de reforma. Se plantea mantener la apertura comercial, pero introduciendo mecanismos de regulación financiera, gestión de flujos de capital y políticas de compensación para quienes resultan perjudicados por la integración global.
Además, se reconoce que la desigualdad no es solo un problema ético, sino también económico y político. Niveles elevados de desigualdad pueden frenar el crecimiento, alimentar el populismo y debilitar las instituciones democráticas. Por ello, se proponen políticas redistributivas, el fortalecimiento de los sistemas de protección social y una mayor inclusión económica.
En el ámbito macroeconómico, se mantiene la importancia de la estabilidad, pero con una visión más flexible. Se reconoce un mayor espacio para políticas fiscales activas y para el uso de la deuda pública, siempre que esta financie inversión productiva. Además, se integran explícitamente los riesgos financieros, climáticos y geopolíticos en el diseño de la política económica.
Finalmente, a diferencia del Consenso de Washington, el cambio climático ocupa un lugar central. La transición energética no se concibe como un costo, sino como una oportunidad para impulsar el crecimiento y la innovación.
Sintetizando, el Consenso de Londres representa una “tercera vía pragmática” entre el neoliberalismo y el estatismo clásico. Mientras el Consenso de Washington postulaba que mercado más estabilidad generaban crecimiento, el nuevo enfoque plantea que el desarrollo sostenible requiere la combinación de mercado, Estado, instituciones, inclusión y resiliencia.
(c) Periódico Hoy (16.05.2026)



