La academia pasó de registrar hasta tres huelgas semanales a convertir el caos de las bombas lacrimógenas en simples anécdotas de los estudiantes más veteranos
Víctor Puente
SANTO DOMINGO.R.D.— Durante décadas, la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) estuvo asociada en el imaginario colectivo a manifestaciones, huelgas y jornadas de protesta que, en numerosas ocasiones, derivaron en enfrentamientos violentos e incluso dejaron víctimas mortales.
Para varias generaciones de dominicanos era común pensar que, en cualquier momento, la rutina académica podía verse interrumpida por disturbios o por el lanzamiento de bombas lacrimógenas desde el exterior del campus por parte de unidades antimotines de la Policía Nacional.

Aquellos episodios contribuyeron a construir una imagen negativa de la academia estatal, alejando a muchos jóvenes de la idea de cursar estudios en sus aulas. Al mismo tiempo, los estudiantes uasdianos fueron estigmatizados con el calificativo de “tirapiedras”, pese a que las acciones violentas eran protagonizadas por grupos minoritarios y no representaban a la mayoría de la comunidad universitaria.
Sin embargo, el paso del tiempo ha transformado esa realidad y la UASD de hoy dista mucho de aquella marcada por los conflictos y la incertidumbre y las huelgas violentas han quedado atrás y el ambiente de tensión que durante años preocupó a estudiantes, profesores y familias ha dado paso a una etapa de estabilidad.
En una imagen que simboliza ese cambio, las piedras han sido sustituidas por trenes universitarios que facilitan la movilidad dentro del campus. Donde antes predominaba la confrontación, hoy se respira tranquilidad y se fortalece la vida académica
José Ureña, miembro de Vanguardia Estudiantil Dominicana (VED), ingresó a la universidad en 2009 y recuerda con claridad el día a día bajo aquella tensión permanente.
Cuando la UASD olía a lacrimógenas
Para entender la magnitud del cambio, es necesario rememorar vivencias del pasado reciente, como la muerte del estudiante Willy Florián a consecuencia de un disparo durante una manifestación en 2012.

«Muchas veces tuve que meterme hasta en la biblioteca para no ser afectado por las bombas lacrimógenas», relató, agregando que, cuando el aire se contaminaba por completo, los estudiantes buscaban refugio en el comedor, en las tiendas del entorno o huían por las puertas menos vigiladas.
La frecuencia de los disturbios era alta, a tal punto que «a veces, en una semana, se registraban dos y tres huelgas», asegura Ureña. Él recuerda con dolor el asesinato de Florián, ocurrido cuando los manifestantes se enfrentaron a la policía en las afueras del recinto y los agentes justificaron el uso de armas alegando que entre los huelguistas había personas armadas.
Yasmer Javier, egresada que estudió alrededor de 2015, describe un ambiente de permanente suspenso, donde los días más tranquilos paradójicamente eran los que más alarma generaban: «El día más tranquilo tú decías: esto está raro, se va a armar».

La puerta más usada por los estudiantes era siempre la primera en ser tomada para el lanzamiento de bombas, lo que obligaba a buscar el Metro de Santo Domingo, aunque llegar hasta allá implicaba cruzar la zona de la biblioteca, uno de los puntos más calientes.
«Para tú cruzar, tenías que ver en qué momento lo hacías y hacerlo corriendo», narró, describiendo además los efectos del gas en los ojos. Aun así, resume su experiencia con una frase que encierra la paradoja de esos años: «Esa es la universidad, la escuela de la vida, y no me arrepiento; volvería a estudiar en la UASD».
«Los Topos» y «Cirujanos»
Más allá de la imagen de estudiantes lanzando piedras espontáneamente, los testimonios apuntan a una realidad más organizada y oscura. Ureña identificó dos grupos que eran los verdaderos motores de la violencia: los «Topos» y los «Cirujanos», quienes no solo protagonizaban actos vandálicos, sino que supuestamente golpeaban colectivamente a los estudiantes que los denunciaban.
La nueva UASD
Para Ureña, el viraje comenzó con la rectora Emma Polanco, quien asumió en 2018 y decidió cancelar y expulsar a todos los empleados y estudiantes que presuntamente estaban vinculados a los Topos y Cirujanos, eliminando el principal engranaje de la violencia organizada.
Por su parte, Richard Sosa, estudiante del Recinto Santiago desde ese año, identificó un cambio similar en la forma de dialogar: «Fue más de escuchar, y eso hizo que cambiara bastante la forma de comunicación de la universidad», indicó.

A ese cambio se sumó la pandemia del COVID-19 en 2020, la cual introdujo en las aulas a una generación que jamás vivió el ambiente convulso del campus, algo que Richard resume así: «Hubo un cambio generacional; esos jóvenes no tienen la mentalidad de que todo era conflictivo».
Otros, como Noel de la Cruz, titular de la Dirección de Planificación y Desarrollo Institucional (Digeplandi), consideran que los aires de cambio en la autónoma tienen que ver a grandes rasgos con la llegada del rector Editrudis Beltrán Crisóstomo en 2022, quien consolidó la estabilidad.
El director de Digeplandi explica que el eje de la gestión fue un plan de 10 objetivos que priorizó la docencia y el bienestar de estudiantes y colaboradores, con aumentos salariales acumulados de un 50 % durante el cuatrienio y la obtención del sueldo 14, aspectos que contribuyeron a lo que hoy exhibe la UASD.

«En este cuatrienio no hubo ninguna huelga significativa en la que se perdieran clases», afirmó De la Cruz, señalando que el único amago de paro duró apenas un día porque «cada vez que había asomos de insatisfacción, el rector diseñaba de inmediato un plan de acción para remediar eso».
Del caos al servicio
Para el funcionario universitario, la UASD de hoy luce físicamente distinta por otras acciones de la actual gestión rectora, como la inauguración del Centro de Servicios Múltiples Universitarios donde antes funcionaba el comedor, además de una Plaza Estudiantil y un currículo renovado por competencias, mientras la institución expandió su presencia a 32 provincias y pasó de uno a 19 colegios experimentales en todo el país.
También destacó la puesta en circulación de dos trenes universitarios (y un tercero en camino) que transitan por el campus, trasladando a los estudiantes sin que tengan que caminar largas distancias bajo el sol.

La voz de los estudiantes de hoy
Las nuevas generaciones confirman que esa realidad violenta les resulta desconocida: Nicole Ramírez, estudiante de Aduanas, nunca ha presenciado una huelga, mientras Elisandra Cruz, de Ingeniería Química, fue directa: «No, ninguno, todo bien hasta ahora».
Daniel Kelly, quien ingresó en 2024, coincidió en que, más allá de un altercado aislado cerca de Humanidades, no ha vivido ningún caos, pues «los semestres los hemos cursado completos sin ninguna suspensión de clases por motivo de huelga».

¿Buena Gestión o cambio generacional?
No todos los análisis son optimistas, pues Ureña ofrece una lectura más crítica: la tranquilidad actual responde también a que la nueva generación está bombardeada por distracciones que le impiden pensar en problemáticas sociales.
«Antes la UASD tenía una responsabilidad social con el pueblo dominicano», sostuvo, poniendo como ejemplo los intentos de modificar la legislación laboral en torno a la cesantía, un tema que en otras épocas habría encendido a la universidad y que hoy pasa casi sin reacción.
Su postura no es un llamado al desorden, sino una invitación a que «el estudiante deba volver a tomar la bandera de la lucha en demandas sociales, sin dejarse amedrentar».
Lo innegable es que la UASD de hoy es otra, es una en la que los estudiantes recorren el campus en tren, se inscriben en línea y llegan a casa sin calcular por qué puerta escapar; una universidad que, sin resolver todos sus desafíos, cambió de cara; y eso, para quienes la vivieron en su época más convulsa, no es poca cosa.
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