El incendio que obligó a evacuar a unos 1,700 huéspedes del Viva Dominicus Beach dejó una víctima mortal y relatos de pánico
SANTO DOMINGO. R.D.— La mañana había comenzado como cualquier otra en el Caribe. El mar lucía tranquilo frente a las playas de Bayahíbe y cientos de turistas disfrutaban de uno de los destinos más visitados de República Dominicana. Algunos desayunaban. Otros se preparaban para una excursión. Muchos aprovechaban los últimos días de unas vacaciones largamente esperadas.
Poco después del mediodía, todo cambió.
Una enorme columna de humo comenzó a elevarse sobre el complejo Viva Dominicus Beach. En cuestión de minutos, el fuego se extendió por varias áreas del resort, obligando a una evacuación masiva de cerca de 1,700 huéspedes. Entre ellos había 285 italianos y decenas de argentinos que terminaron viviendo una experiencia que describen como una pesadilla.
«Corrimos por nuestras vidas», relató uno de los turistas argentinos al recordar los momentos en que las llamas comenzaron a propagarse. Los testimonios recogidos por medios argentinos coinciden en una misma escena: gritos en los pasillos, huéspedes golpeando puertas para alertar a otros visitantes y personas abandonando las habitaciones sin saber exactamente hacia dónde dirigirse.
Pasaportes, equipajes y recuerdos perdidos
Muchos no tuvieron tiempo siquiera de recoger sus pertenencias.
La evacuación fue tan rápida que centenares de huéspedes dejaron atrás equipajes, pasaportes, dinero en efectivo, tarjetas bancarias, medicamentos y objetos personales. Algunos lograron tomar sus teléfonos móviles antes de salir. Otros escaparon con la ropa que llevaban puesta.
«Veíamos cómo el humo avanzaba cada vez más rápido. Había gente llorando, gente corriendo hacia la playa. Nadie entendía bien lo que estaba pasando», contó una turista argentina. Otro huésped recordó que había bajado a desayunar cuando comenzó la emergencia y nunca pudo regresar a su habitación
Desde la playa, los evacuados contemplaron una imagen difícil de olvidar: enormes llamaradas elevándose sobre el complejo turístico y densas columnas de humo negro cubriendo el cielo azul del Caribe. Lo que hasta minutos antes era un escenario de descanso se había convertido en una zona de emergencia.

Una víctima que conmocionó a Italia
Para los italianos, la tragedia tuvo además un rostro concreto.
Francesca Valentino, una mujer de 46 años originaria de la provincia de Verona, murió durante el incendio. Su fallecimiento conmocionó especialmente a esa región del norte de Italia, de donde procedía una parte importante de los turistas hospedados en el hotel. Los diarios de Verona dedicaron amplios espacios a la cobertura de la tragedia y siguieron de cerca el retorno de los sobrevivientes.
Muchos de ellos describieron escenas de confusión y angustia.
«Primero escuchamos los gritos. Después vimos el humo. Salimos sin pensar en nada más», relató uno de los viajeros italianos al regresar a su país. Otra turista explicó que dejó atrás su pasaporte, todas sus pertenencias y el equipaje porque el humo ya había invadido el pasillo. «No había tiempo para pensar. Solo para correr», declaró.
Las pérdidas materiales se multiplicaron conforme avanzaban las horas. Familias enteras descubrieron que habían perdido toda la ropa que llevaron al viaje. Otros turistas se quedaron sin documentos de identidad, boletos de avión o medicamentos esenciales. Algunos regresaron a Europa únicamente con una pequeña mochila prestada o con ropa facilitada por otros huéspedes.

Asistencia diplomática
La respuesta diplomática italiana fue inmediata.
El embajador de Italia en República Dominicana, Sergio Maffettone, activó los protocolos de asistencia consular y mantuvo contacto permanente con los afectados. La embajada coordinó la emisión de documentación provisional para quienes habían perdido sus pasaportes, facilitó alojamiento temporal y acompañó a la familia de Francesca Valentino.
El sábado por la noche partió un vuelo y 83 italianos más regresarían ayer en salidas ya programadas, agregó.
Otros 90 italianos volverán en los próximos días conforme al calendario original, indicó la cancillería de ese país.
Por su parte, la cancillería argentina informó en un comunicado que la sección consular realiza gestiones ante autoridades competentes «para asistir a los más de 100 ciudadanos argentinos afectados por la pérdida de documentación y efectos personales».
La dependencia dijo adicionalmente que coordina la emisión de documentos de emergencia para quien los solicite.
Un contacto de prensa de la embajada de Argentina informó inicialmente que 26 de sus connacionales estaban hospedados en el hotel.
Mientras tanto, las autoridades dominicanas, la administración del hotel y los organismos de emergencia desplegaron una compleja operación para atender a cientos de visitantes afectados. Muchos fueron trasladados a otros hoteles de Bayahíbe y La Romana. Otros optaron por adelantar su regreso a Europa o América del Sur.
Durante el fin de semana comenzaron a verse escenas inusuales en los aeropuertos dominicanos. Turistas tratando de reorganizar vuelos, viajeros con escasas pertenencias y familias todavía conmocionadas por lo ocurrido. Ya no llevaban el entusiasmo habitual de quien regresa de unas vacaciones en el Caribe. Llevaban historias de humo, carreras desesperadas y pérdidas difíciles de recuperar.
La solidaridad en medio del caos
Pese a la magnitud del incendio, numerosos huéspedes destacaron la solidaridad mostrada por empleados del hotel y equipos de emergencia. Trabajadores que ayudaron a evacuar habitaciones, personal que distribuyó agua y alimentos y empleados que permanecieron junto a los turistas mientras esperaban instrucciones.
Preguntas que esperan respuesta
Ahora continúan las investigaciones para determinar qué provocó el fuego y cómo logró propagarse con tanta rapidez. Pero para quienes estuvieron allí, las conclusiones oficiales llegarán mucho después. Lo que permanecerá será el recuerdo del momento en que las vacaciones terminaron abruptamente entre humo y sirenas; el instante en que el paraíso caribeño se convirtió en escenario de una tragedia internacional; y la certeza de que, en apenas unos minutos, todo aquello que parece seguro -una habitación de hotel, un pasaporte, una maleta, una vida normal- puede desaparecer entre las llamas.
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