Estudio de IDEC, Flacso y Minerd identifica rezagos, sobreedad y desmotivación como factores que se acumulan antes de que el estudiante salga del sistema educativo
Hainan Reynoso Uribe. Hoy
El impacto de la deserción escolar va mucho más allá de las aulas. Su incremento está relacionado con una menor formación del capital humano, una reducción de la productividad y del crecimiento económico, menores ingresos para el Estado y una mayor transmisión de la pobreza entre generaciones.
Además, quienes abandonan sus estudios suelen enfrentar mayores dificultades de salud física y mental a lo largo de su vida.
La deserción escolar no comienza cuando un estudiante deja de asistir a clases. Tampoco ocurre de manera repentina. En muchos casos es el desenlace de un proceso largo de rezagos, dificultades de aprendizaje, frustraciones y desconexión con la escuela que se inicia años antes del abandono definitivo.
Esa es una de las principales conclusiones del estudio “Discontinuidad Educativa en la Educación Secundaria de la República Dominicana”, elaborado por el Grupo Línea Base para la Iniciativa Dominicana por una Educación de Calidad (IDEC), la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y el Ministerio de Educación (Minerd).
La investigación siguió durante ocho años a 162 mil estudiantes que ingresaron por primera vez a primer grado de secundaria en el año escolar 2017-2018. Los resultados muestran que el 34.3% no había concluido sus estudios ocho años después y ya no figuraba inscrito en ninguno de los subsistemas educativos. En contraste, apenas el 51.2% completó la secundaria en los seis años previstos.
Los investigadores advierten que la deserción es un fenómeno acumulativo y multidimensional, resultado de la interacción entre factores personales, familiares, económicos y escolares. Entre los elementos más determinantes figuran la sobreedad, la repitencia y los rezagos en el aprendizaje.
El informe explica que la sobreedad suele ser consecuencia de repeticiones de curso e interrupciones previas que van dejando vacíos académicos difíciles de recuperar. Con el paso del tiempo, esos rezagos reducen el rendimiento escolar y aumentan la percepción de fracaso.
Al describir este proceso, los autores sostienen que “la sobreedad, junto con la repetición de cursos y los rezagos de aprendizaje, se constituyen como los factores más críticos de riesgo de deserción escolar en América Latina”.
Brechas persistentes
La situación ya es visible desde el ingreso a secundaria. El estudio encontró que cerca del 9% de los estudiantes inicia este nivel con sobreedad, una proporción que se eleva a 12.2% entre los varones y a 15.4% en las zonas rurales. Entre los estudiantes haitianos alcanza el 26.7%.
A juicio de los investigadores, el problema no es únicamente académico. Los estudiantes rezagados suelen enfrentar estigmatización, menor confianza en sus capacidades y comparaciones desfavorables con compañeros más jóvenes, circunstancias que terminan debilitando su motivación para continuar estudiando.
Otro hallazgo relevante apunta al propio modelo educativo. La revisión de literatura realizada para el estudio identifica que muchos currículos continúan centrados en la memorización y en prácticas repetitivas que dificultan la conexión entre lo aprendido y la vida cotidiana de los alumnos.
Los autores recuerdan que diversos estudios han señalado la baja pertinencia de los contenidos escolares como un elemento que alimenta la desmotivación estudiantil. Según el informe, “la enseñanza en la región continúa centrada en la transmisión pasiva de contenidos, con escasa atención al desarrollo de habilidades aplicadas”.
La investigación también advierte que el sistema educativo enfrenta dificultades para atender la diversidad de ritmos de aprendizaje. Aunque se han ampliado algunos servicios de educación inclusiva, la cobertura sigue siendo limitada frente a las necesidades reales de la población estudiantil.
Los especialistas concluyen que la deserción no puede interpretarse como una simple decisión individual del estudiante. Por el contrario, constituye el resultado de una acumulación de obstáculos que, en muchos casos, se desarrollan dentro del propio sistema escolar mucho antes de que el alumno abandone definitivamente las aulas.
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