A menudo pensamos en el corazón solo cuando duele o cuando una emergencia obliga a mirarlo de frente, él sufre en silencio
Altagracia Ortiz
El calor es más que una molestia pasajera, un exceso que agota, incomoda y roba energía en los días más intensos. Más allá del sudor y el cansancio, también hay un órgano noble, silencioso y generoso que sufre sus efectos: el corazón. El planteamiento es de la doctora Halley Moya, cardióloga. Las altas temperaturas obligan al organismo a hacer un esfuerzo adicional para mantener una temperatura corporal estable, explica. “Para lograrlo, los vasos sanguíneos se dilatan y aumenta la sudoración, lo que puede provocar deshidratación, alteraciones en la presión arterial y un mayor trabajo para el sistema cardiovascular”, asegura Moya.

Cardiopatías
En personas sanas, este proceso suele tolerarse mejor, pero en pacientes con hipertensión, insuficiencia cardíaca, arritmias o antecedentes de infarto, el calor puede convertirse en un factor de descompensación. La deshidratación es uno de los principales riesgos. Al perder agua y electrolitos, el corazón debe trabajar más, pueden aparecer palpitaciones, mareos, debilidad o falta de aire, y en algunos casos se altera el control de la presión arterial. Además, en quienes ya viven con una enfermedad cardiovascular, ese esfuerzo extra puede agravar síntomas o precipitar complicaciones.
Amenaza
El calor puede convertirse en una amenaza silenciosa para la salud del corazón. Mantener una buena hidratación, evitar la exposición al sol en las horas de mayor intensidad y reconocer síntomas de alarma como dolor en el pecho, palpitaciones o dificultad para respirar, también forma parte del cuidado cardiovascular. “En un país donde el sol forma parte de nuestra identidad, aprender a proteger el corazón del calor también es una forma de preservar la vida”, explica, la especialista y llama a cuidarse siempre.
(c) Periódico Hoy



