El transporte marítimo comercial apenas comenzaba a regresar al estrecho de Ormuz después de que el memorando de entendimiento firmado entre Estados Unidos e Irán a mediados de junio despertara esperanzas de una desescalada. Sin embargo, esas esperanzas se han desvanecido ahora que Irán y Estados Unidos han vuelto a enfrentarse militarmente de forma directa, reavivando los temores en torno al paso estratégico más importante del mundo para el suministro energético.
Dominique Soguel
Para gobiernos y empresas, la cuestión ya no es únicamente cuándo volverá a la normalidad la situación en Ormuz, sino si la crisis supone un cambio duradero en la manera en que países y compañías conciben la seguridad energética, el transporte marítimo y las cadenas mundiales de suministro. Esta pregunta sigue muy presente entre las personas expertas del sector del comercio de materias primas establecidas en Ginebra y en otros centros internacionales.
Pese a ello, los mercados energéticos han demostrado hasta ahora una capacidad de resistencia mayor de la esperada.
«Nos equivocamos», declaró a SWI swissinfo.ch Neil Atkinson, investigador principal del Centro para Análisis Energéticos de Estados Unidos y con sede en Washington. El antiguo responsable de la división petrolera de la Agencia Internacional de la Energía, agrega: «Caímos demasiado en la trampa de pensar que esto sería un desastre y decir: “Dios mío, esto es terrible”. Pero el sistema se adaptó».
Rutas alternativas de exportación, una mayor producción fuera del Golfo, la liberación de reservas estratégicas y una menor demanda contribuyeron conjuntamente a reducir lo que inicialmente parecía un choque catastrófico para el suministro. En marzo, Goldman Sachs había advertido de que una interrupción prolongada de los flujos de petróleo a través del estrecho de Ormuz podría elevar los precios hasta los 200 dólares por barril en el peor de los escenarios. Sin embargo, el crudo Brent alcanzó finalmente un máximo de alrededor de 126 dólares por barril el 30 de abril, antes de retroceder cuando las interrupciones del suministro resultaron menos graves de lo previsto.
En una presentación realizada durante un encuentro del sector celebrado en Ginebra en junio, Atkinson mostró cómo la amenaza sobre casi una quinta parte del comercio mundial de petróleo crudo y líquidos de gas natural que transita por el estrecho de Ormuz quedó amortiguada gracias a una serie de «factores compensatorios» tanto por el lado de la oferta como de la demanda.
«La industria es quien responde primero», explicó Atkinson a SWI swissinfo.ch en una entrevista posterior al encuentro de operadores de materias primas organizado en Ginebra por el London Stock Exchange Group, proveedor mundial de infraestructuras y datos para los mercados financieros. «Los actores del mercado piensan: “¿Cómo podemos sortear esta interrupción?”. Y encuentran la manera de hacerlo».
Arabia Saudí, el mayor exportador de petróleo del mundo, aumentó el volumen de crudo transportado a través de su oleoducto este-oeste hasta Yanbu, en el mar Rojo, mientras que Emiratos Árabes Unidos incrementó los envíos desde Fuyaira, en el golfo de Omán, permitiendo que parte del petróleo evitara completamente el paso por Ormuz.
China, Japón, Corea del Sur e India redujeron sus importaciones procedentes del Golfo, en parte recurriendo a reservas estratégicas y moderando la demanda. Al mismo tiempo, productores como Estados Unidos, Brasil, Canadá, Kazajistán, Rusia y Venezuela incrementaron sus exportaciones para cubrir parcialmente el déficit.
Sin embargo, Atkinson advierte de que no debe confundirse la resiliencia a corto plazo del mercado con una transformación estructural de largo plazo.
Recordando la célebre anécdota atribuida al exprimer ministro chino Zhou Enlai —a quien supuestamente preguntaron por la importancia de la Revolución en Francia y respondió que «era demasiado pronto para saberlo»—, Atkinson considera que lo mismo puede decirse de Ormuz.
«La guerra estalló a finales de febrero», señaló. «Todavía estamos muy lejos del final de este trauma».
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