Sin una estructura que funcione al mínimo no puede haber atletas de primer nivel
Nathanael Pérez Neró. Diario Libre
La Federación Dominicana de Taekwondo quiere honrar en vida y con un reconocimiento que perdure en el tiempo a una de las figuras de más trascendencia de esa disciplina bautizando el nuevo pabellón del Centro Olímpico con el nombre del maestro Alberto Escoto.
Una decisión que no comparte Gabriel Mercedes, el mejor atleta que ha producido el país en ese estilo de combate que definió sus reglas en 1955 en una Corea del Sur recién salida de la brutal guerra peninsular al unificar diversas escuelas de artes marciales (kwans).
Gaby entiende que nadie merece más que él esa distinción. «El que tenga más resultados deportivos que yo en taekwondo pueden ponerle el nombre», me respondió el monteplatense por X cuando le pregunté ante su protesta en redes sociales.
Si los méritos sobre las plataformas como atletas fueran el único elemento a evaluar, la hoja de Mercedes no resiste discusión y hasta los directivos de la Federación que consulté lo ven así.
No solo es subir a competir
Pero un deporte no lo hace solo el atleta que sale y se convierte en héroe, por más que cope titulares y reconocimientos. Se requiere de una estructura que comience a moldearlo de pequeño en clubes, con entrenadores que dediquen cientos de horas en disciplinar, corregir errores, asociaciones y una federación afiliada que monte torneos, que gestione pasajes, utilería, que toque las puertas a patrocinadores, que tenga contactos fuera de las fronteras, hasta secretarias que llenen bien los formularios para evitar descalificaciones en el congresillo técnico. Ni decir de familias que incurran en sacrificios antes de que se suba al tatami.
A algunos de esos tantos actores hasta se les recrimina cuando piden un espacio en las fotos con las medallas. Al final las entrevistas van al atleta y el poco crédito que reciben pasa tan desapercibido como el del personal que trabaja en una película.
Que Mercedes, medallista olímpico, mundial y continental e incuestionable inmortal del deporte, fuera un peleador del máximo nivel no queda duda. Pudo serlo en karate, judo, lucha u otro deporte, como baloncesto, en el que también sobresalió.
- El talento, disciplina y coraje que le sobraba para liquidar oponentes lo moldeaba con una preparación de hasta 1,000 abdominales diarias en fases de cinco sesiones de trabajo en una jornada.
Pero para que Mercedes sobresaliera en taekwondo hubo antes que hacer un trabajo del que Escoto fue igual de estelar. Para que Vinicio Muñoz, Iván Mieses, Frank Prats y esa generación dorada de los 70´s saliera hubo dirigentes como Virgilio Travieso Soto. De ahí que nunca ha estado en discusión que la principal instalación del país lleve el nombre del profesor, por menos canastos que encestó.
Escoto fue atleta y entrenador sobresaliente desde la década de 1970, en 1981 fue parte del grupo que fundó la federación, que luego logra el reconocimiento del Comité Olímpico Dominicano y en 1992 fue elegido presidente de la Unión Panamericana.
Desde que llegó al puesto se propuso llevarlo a los Juegos Olímpicos de forma oficial (derecho a medallas) y un año después fue designado en ese comité, que logró el objetivo para Sydney 2000. En Seúl ´88 y Barcelona ´92 estuvo como deporte de exhibición. No sería una injusticia si el pabellón de taekwondo llevara el nombre ni de Gabriel Mercedes, como tampoco de Alberto Escoto. No se puede escribir la historia de ese deporte sin ninguno de ellos.
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