Aquilino Rosario Báez / Reportaje Medios Panorama

Cuando se apagó el pebetero y las delegaciones regresaron a sus países, la verdadera evaluación de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 apenas comenzó.
Como ocurre con los grandes eventos deportivos, el éxito no se medirá únicamente por la cantidad de medallas conquistadas por la República Dominicana, sino por la capacidad del país para convertir la inversión realizada en un patrimonio permanente para el deporte y la sociedad.
La historia demuestra que unos Juegos solo pueden considerarse exitosos si dejan un legado. Santo Domingo 2026 representa una oportunidad para que la República Dominicana consolide una infraestructura deportiva moderna, fortalezca sus instituciones y continúe posicionándose como un destino capaz de organizar competiciones internacionales de primer nivel.
Uno de los legados más visibles fue la renovación de las instalaciones deportivas en el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte y Parque del Este fueron intervenidos para cumplir con los estándares exigidos por las federaciones deportivas. Más allá del evento, esas obras quedarán disponibles para miles de atletas que entrenan en esos complejos y para futuras generaciones.
Un gran legado es el Malecón Deportivo, el cual, la alcaldesa de la ciudad, Carolina Mejía, espera que “los ciudadanos sepan apreciar y conversar, defender sus áreas, la belleza natural y sus instalaciones deportivas y recreativas”.
Alberga canchas para voleibol de playa, patinaje y transformó el litoral de Santo Domingo en un atractivo escenario para la recreación y el esparcimiento familiar, ofreciendo una zona segura y renovada para el disfrute.

Sin embargo, el verdadero valor de esa y las demás infraestructuras dependerá de su mantenimiento.
La experiencia de otros países demuestra que instalaciones modernas pueden convertirse en elefantes blancos cuando no existe una política de conservación, programación de eventos y utilización permanente.
El reto para las autoridades será garantizar que los escenarios continúen llenos de actividad y no solo sean un recuerdo de los Juegos.
Otro aporte es la modernización tecnológica del deporte dominicano. Equipos de cronometraje, sistemas electrónicos de juzgamiento, marcadores digitales e implementos homologados internacionalmente elevarán la calidad de los entrenamientos y de las competencias.
Muchas federaciones dispondrán de herramientas similares a las utilizadas en campeonatos mundiales y Juegos Olímpicos.
Un legado menos visible, pero de enorme valor es el conocimiento adquirido. La organización de unos Juegos multidisciplinarios implica preparación, arbitraje, medicina deportiva, seguridad, transporte, protocolo, tecnología, comunicaciones y atención a delegaciones.
Esa experiencia fortalece la capacidad institucional del país para asumir nuevos desafíos.

Los escenarios de competencia fueron iguales a los de campeonatos continentales y olímpicos. Esa experiencia resulta invaluable para una generación que tiene como próximo objetivo los Juegos Panamericanos y los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
Durante más de dos semanas, miles asistieron a competencias de disciplinas que habitualmente reciben poca atención mediática, como esgrima, tiro con arco, levantamiento de pesas, hockey sobre césped, squash y bádminton.
Otro aspecto importante es el fortalecimiento de la imagen del país. La capacidad organizativa demostrada durante los Juegos envía un mensaje positivo a los organismos deportivos internacionales.
No obstante, el legado no está garantizado por sí solo. La experiencia internacional enseña que los beneficios de unos juegos dependen de las decisiones que se tomen después de la ceremonia de clausura. Mantener las instalaciones, apoyar a las federaciones, garantizar recursos para el alto rendimiento y ampliar los programas deportivos comunitarios serán factores determinantes para que la inversión realizada produzca resultados durante muchos años.
En definitiva, el mayor legado no fue una cifra en el medallero. Será la posibilidad de contar con mejores instalaciones, tecnología de primer nivel, personal capacitado, estructura organizativa fortalecida y una nueva generación de atletas inspirada por haber visto el deporte de alto rendimiento en su propio país.
Si ese impulso logra mantenerse en el tiempo, los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe habrán cumplido una misión mucho más trascendente que organizar una competencia: contribuir al desarrollo sostenible del deporte dominicano.

RD rompe su techo en el medallero
Dominicana cerró su participación en el quinto lugar del medallero, pero con una actuación que dejó una huella superior a la registrada tres años antes en San Salvador 2023.
Elevó de 25 a 46 las medallas de oro y pasó de 111 a 150 preseas totales, confirmando un salto significativo en su rendimiento y consolidando la mejor cosecha del país en la historia de los juegos.
La actuación en Santo Domingo 2026 dejó un balance que, de acuerdo con el presidente del Comité Olímpico Dominicano (COD), ingeniero Garibaldy Bautista, refleja el respaldo recibido por las autoridades para la preparación de los atletas, el esfuerzo individual de ellos y el compromiso que asumió el movimiento federativo.
Entiende que el medallero final superó las expectativas previas y coloca al deporte dominicano ante un nuevo desafío que no deben ser vistos como el punto final de un ciclo, sino como una referencia que obliga a elevar la preparación y el nivel competitivo para eventos futuros.
La primera medalla de oro llegó por el triunfo de la judoca Ana Rosa García, en la categoría de -57 kilogramos, marcando el ritmo del resultado final.
Detrás de las medallas doradas estuvieron 86 atletas que asumieron el protagonismo en disciplinas individuales y de conjunto.
Entre las figuras más destacadas apareció la velocista Lisanyi Alonso, de atletismo, la máxima ganadora de medallas de oro para el país, con cuatro preseas, en las pruebas de 100 y 200 metros femeninos y completó su cosecha como integrante de los relevos mixto 4×400 y femenino 4×400.
Expresiones de los medallistas
Lisanyi Alonso: “Me siento feliz, un resultado que me ha dejado sin palabras, pero debo agradecer, a Dios, a los entrenadores que me ayudaron a darle esta satisfacción a la República Dominicana, y claro, a mi familia, que me apoya dándome seguimiento en el atletismo”.
Marileidy Paulino: Estoy muy agradecida por todos los que vinieron a apoyarme, no sé cómo pagar la gran admiración que siente la gente hacia mi persona, me dio mucha satisfacción ver que, pese a la lluvia, no se movieron de sus asientos para ver mi carrera; estas medallas la dedico primero a Dios, luego a mi familia, al pueblo de Nizao y a todos los dominicanos.
Ana Rosa García: “Los Juegos Centroamericanos me debían esta medalla y me siento feliz de haberla conquistado en mi tierra, ante una afición hermosa que, al igual que yo, la disfrutó y se la gozó. Gracias a todos y a todas por el apoyo y por hacer de este momento algo inolvidable”.
Nick Hardt: Celebró con alegría su triunfo en casa y agradeció a Dios, a su familia y al público que lo respaldó desde las gradas. Dijo que tener a sus familiares y a toda su gente presentes en el Parque del Este hizo que la conquista de las preseas doradas se convirtiera en una experiencia inolvidable que guardará para toda la vida.
María Dimitrova: Me retiro oficialmente y qué bueno hacerlo entregándole esta medalla al país, delante de mi público. Me siento feliz y conforme con este triunfo, que dedico a todos ustedes, a esa gran fanaticada que siempre respalda el karate.
Cristian Pinales: Darle gracias a Dios porque hicimos historia. Nos merecemos mejores instalaciones y eso es lo único que les pido a las autoridades, que sigan apoyando y mejorando las condiciones para nuestros atletas.
Anyelina Mejía: Expresó satisfacción y emoción por las medallas “y muy especialmente por competir ante mi gente en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Es un orgullo escuchar el himno nacional en casa, es grandioso. Dedico mis logros, a Dios, y luego a mi familia, entrenadores y a toda la fanaticada que la acompañó durante la competencia”.
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