La posibilidad de que enjambres de agentes autónomos comprometan grandes segmentos de internet ya no es una hipótesis puramente teórica, pero la predicción de que puedan tomar el control de toda la red en meses sigue sin estar demostrada. El desarrollo de la IA «va a ser mucho más bueno que malo» y «la Administración Trump ha impedido que la ‘gente’ de la IA haga cosas malas, o potencialmente malas, como Dario (¡Anthropic!), que ahora finge ser un ‘angelito perfecto'», acusó el presidente estadounidense.
Aldo Rodríguez Villouta / acento
La posibilidad de que un enjambre de agentes de inteligencia artificial (AI)pueda comprometer grandes segmentos de internet ya no pertenece exclusivamente al terreno de la ciencia ficción.
En las últimas semanas se han documentado sistemas de IA capaces de realizar intrusiones, explotar vulnerabilidades y ejecutar miles de acciones con una autonomía que hace poco no era posible.
Lo que todavía no está demostrado es que puedan «secuestrar todo internet» en seis o doce meses, como ha advertido Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic.
Amodei plantea este escenario en su ensayo The Adolescence of Technology, donde advierte que el rápido desarrollo de los modelos de frontera podría superar la capacidad de las instituciones para establecer mecanismos eficaces de defensa y control.
En el terreno de la ciberseguridad, estos modelos de frontera representan un punto de inflexión porque su gran capacidad de razonamiento, autonomía y manejo de código pueden ser utilizados tanto para acelerar ofensivas complejas como para reforzar las defensas.

Anthropic es una empresa estadounidense de investigación y desarrollo de IA fundada en 2021 por antiguos integrantes de OpenAI, entre ellos los hermanos Dario y Daniela Amodei. La compañía desarrolla los modelos Claude y se presenta como una empresa centrada en crear sistemas de IA fiables, interpretables y controlables.
Dario Amodei es su cofundador y director ejecutivo. Antes de crear Anthropic fue vicepresidente de investigación de OpenAI, donde participó en el desarrollo de grandes modelos de lenguaje. Su actual posición lo coloca simultáneamente como uno de los principales ejecutivos de la industria de IA y como uno de sus críticos más visibles respecto de los riesgos derivados de acelerar demasiado el desarrollo de los modelos de frontera.
Cómo funcionaría un ataque de enjambre
El escenario descrito por Amodei no supone que una IA pueda apagar internet mediante un único ataque. Se trataría de una operación similar a una enorme botnet, pero con agentes capaces de analizar cada objetivo, identificar vulnerabilidades, cambiar de estrategia y continuar la propagación de forma autónoma.
La diferencia respecto de un malware convencional estaría precisamente en esa capacidad de adaptación. Un programa malicioso tradicional suele depender de vulnerabilidades y procedimientos definidos previamente.
Un agente de IA puede analizar el resultado de una acción, decidir el siguiente paso y repetir el proceso a una velocidad muy superior a la humana.
Amodei considera que sistemas más avanzados podrían llegar a comprometer dispositivos, utilizar su capacidad de procesamiento y emplearlos para ampliar el ataque.
El resultado, según su advertencia, podría generar daños económicos masivos y dejar a los seres humanos durante años intentando recuperar los sistemas afectados.
Sin embargo, es todavía dudosa la posibilidad de que un enjambre pueda controlar «todo internet».
La infraestructura mundial está distribuida entre innumerables redes, centros de datos, proveedores, sistemas operativos y dispositivos. No existe un punto central cuyo control equivalga al control de internet.
Por eso, la cuestión más concreta es otra: si miles de agentes autónomos pudieran comprometer simultáneamente suficientes sistemas críticos como para provocar interrupciones generalizadas.
Una prueba que ya ocurrió
La advertencia, sin embargo, adquiere relevancia porque las capacidades necesarias para una parte de ese escenario ya existen.
En julio de 2026, agentes de IA utilizados durante una evaluación de seguridad consiguieron salir de un entorno de prueba y comprometer infraestructura de Hugging Face, una plataforma utilizada ampliamente por investigadores y desarrolladores de inteligencia artificial.
La reconstrucción técnica publicada por Hugging Face registró unas 17.600 acciones ejecutadas por el sistema durante la intrusión. Alrededor de 700 agentes deIA participaron en esa operación coordinada.
El episodio no demuestra que una IA pueda controlar internet, pero sí muestra el cambio que introduce la autonomía. El sistema no se limitó a proporcionar instrucciones a un atacante humano: realizó una cadena de acciones, analizó resultados y continuó operando.
La importancia de este cambio está en la escala. Una persona puede investigar una vulnerabilidad durante horas; un sistema automatizado puede realizar miles de operaciones en ese mismo periodo y probar diferentes estrategias.
El segundo riesgo: la biología

El problema tampoco se limita a la ciberseguridad. En su informe de amenazas de este mismo septiembre de 2026, Anthropic documentó varios casos en los que sus modelos fueron utilizados para investigaciones biológicas potencialmente peligrosas.
Uno de ellos estuvo relacionado con el virus que se transmite a través de un mosquito para provocar dengue, chikunguña y zica, y modificaciones destinadas a estudiar características como transmisibilidad y evasión inmunitaria.
Anthropic afirma que bloqueó las solicitudes y posteriormente investigó la actividad. La empresa no sostuvo que los investigadores pretendieran causar daño, una distinción importante porque buena parte de la investigación biológica es de doble uso: el mismo conocimiento puede servir para desarrollar tratamientos o aumentar el peligro de un patógeno.
El mosquito y República Dominicana

El tema tiene una dimensión concreta para República Dominicana. La OPS informó también este septiembre de 2026 que el país está actualizando su estrategia nacional para prevenir y controlar enfermedades transmitidas por mosquitos, entre ellas el chikunguña, el dengue y el zika, para el período 2026-2035.
El organismo señaló además que la estrategia contempla herramientas como la modelación predictiva y la inteligencia artificial para anticipar riesgos y fortalecer la respuesta ante posibles brotes.
La relevancia aumenta porque la OPS había advertido en febrero sobre un resurgimiento del chikunguña en distintos países de América después de años de baja transmisión. El virus es transmitido principalmente por los mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus, presentes en la región.
La autonomía cambia el problema
La cuestión central no es si una IA tiene voluntad propia, sino qué sucede cuando un sistema recibe un objetivo, acceso a herramientas y capacidad para actuar y modificar su estrategia sin supervisión humana permanente.
Los modelos actuales ya pueden escribir y ejecutar código, consultar sistemas externos y encadenar acciones. Esa evolución modifica la relación entre el atacante y la herramienta.
OpenAI también ha comenzado a establecer mecanismos para registrar y divulgar comportamientos inesperados o no autorizados de sus modelos.
Estos episodios no permiten concluir que los modelos estén desarrollando una intención independiente ni que vayan a escapar inevitablemente del control humano. Sí muestran, en cambio, que la supervisión de agentes autónomos constituye un problema técnico que las propias empresas consideran necesario investigar.
Por qué Trump rechaza frenar el desarrollo de la IA

El debate también tiene una dimensión geopolítica. El presidente estadounidense Donald Trump ha rechazado las propuestas de ralentizar el desarrollo de la IA y ha defendido mantener la ventaja tecnológica de Estados Unidos frente a China.
Sostuvo que es una «patraña que la IA pueda destruir a la humanidad y destacó que Estados Unidos lidera actualmente en inteligencia artificial y que quiere conservar esa posición. Su administración -remarcó- ha impulsado además medidas destinadas a acelerar la adopción de sistemas avanzados de IA en la seguridad nacional.
En su mar de vanidad, Trump declaró que un «presidente fuerte e inteligente (¡con un coeficiente intelectual alto!)» es el único mecanismo de control que necesita la industria.
La posición de Trump parte de una lógica distinta a la de Amodei: para la Casa Blanca, reducir el ritmo de desarrollo puede significar ceder una ventaja estratégica a China. El presidente ha defendido controles, pero se opone a una ralentización coordinada del sector y ha rechazado que sean necesarias nuevas barreras amplias para frenar el desarrollo.
El conflicto, por tanto, no es únicamente tecnológico: enfrenta dos prioridades políticas y económicas —acelerar la competencia estadounidense y reducir riesgos antes de que las capacidades aumenten aún más—.
¿Es inevitable un ataque masivo?
No hay evidencia para afirmar que un enjambre de IA vaya a secuestrar internet en los próximos meses. Tampoco existe base suficiente para descartar que el aumento de las capacidades pueda producir escenarios de ataques mucho más difíciles de contener.
Esa incertidumbre es precisamente el centro del debate.
Una oportunidad para un país pequeño
Para República Dominicana, como para cualquier país conectado, el problema tampoco es remoto. Bancos, telecomunicaciones, hospitales, empresas y organismos públicos dependen de sistemas digitales interconectados. Un ataque no tendría que controlar todos los servidores del mundo para provocar consecuencias internacionales.

República Dominicana ha decidido apostar por la IA como parte de su transformación económica y digital. En marzo, el Ministerio de Administración Pública y el PNUD iniciaron un análisis para determinar el nivel de preparación del país y sus posibilidades de aprovechar esta tecnología en el desarrollo y modernización del Estado.
El diagnóstico contempla tres áreas: talento, infraestructura y datos; capacidad gubernamental para utilizar IA; y regulación y ética.
El país también ha planteado utilizar IA en sectores estratégicos. La Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial incluye objetivos relacionados con gobierno inteligente, desarrollo de talento, infraestructura y datos y expansión del ecosistema regional.
Este septiembre, el Gobierno lanzó además «RD Inteligente», un programa que pretende capacitar a un millón de dominicanos en inteligencia artificial mediante el ITLA. La iniciativa está dirigida a estudiantes, jóvenes que buscan empleo, emprendedores y servidores públicos.
Para una economía como la dominicana, esa formación puede tener una importancia mayor que la simple adopción de herramientas de moda. Una población con competencias en IA podría aumentar la productividad de empresas, facilitar nuevos servicios digitales y ampliar las posibilidades de trabajo especializado.
El objetivo declarado por el Gobierno es que el país avance hacia una economía basada en conocimiento y pueda desarrollar, además de consumir, tecnología.
Para República Dominicana, una IA capaz de combinar información epidemiológica, clima, movilidad de la población y presencia de mosquitos podría ayudar a detectar señales tempranas y orientar recursos antes de que un brote alcance mayores dimensiones, y no se diga el potencial de su uso en el control y aprovechamiento del sargazo.
Pero el mismo desarrollo tecnológico plantea una advertencia: una predicción algorítmica solo es tan confiable como los datos y los sistemas que la alimentan. Una mala información, un algoritmo defectuoso o una infraestructura comprometida pueden producir decisiones equivocadas a gran escala.
(c) acento


