El ambicioso plan de revitalización urbana del centro histórico de Santo Domingo se enfrenta a severos retrasos, cierres viales y pérdidas económicas. Entre una inversión millonaria financiada por el BID y complejas obras subterráneas, comerciantes, residentes y turistas viven atrapados en un laberinto de polvo y maquinarias
Jorge González / El Nacional
SANTO DOMINGO. R.D.— La histórica Ciudad Colonial de la capital sigue enfrentando un caótico escenario por la interminable remodelación de sus vías. Los trabajos bloquean el tránsito vehicular, ahuyentan visitantes y convierten el transitar peatonal en un laberinto diario entre polvo, maquinarias pesadas y calles completamente fracturadas.
La segunda etapa de esta revitalización dio un paso decisivo cuando el presidente Luis Abinader encabezó el primer picazo para rehabilitar once calles prioritarias. Las obras forman parte del Programa Integral de Desarrollo Turístico y Urbano de la Ciudad Colonial de Santo Domingo.
“La verdad es que lo que queremos es que acaben, porque no sabemos si lo harán alguna vez”, expresó Juan Antonio Gutiérrez, comerciante afectado de la zona.
El impacto económico negativo se siente con fuerza entre los dueños de locales comerciales. La falta de clientes, sumado al ruido constante y los accesos bloqueados, han provocado que múltiples establecimientos cierren sus puertas, reduciendo drásticamente la actividad turística tradicional de la zona.
Origen, financiamiento e infraestructura subterránea
Para financiar este monumental esfuerzo de transformación, el Estado dominicano suscribió un préstamo por 90 millones de dólares con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Estos recursos equivalen a casi cinco mil millones de pesos destinados a rescatar el valor arquitectónico del casco histórico.
La ejecución técnica del presupuesto está a cargo del Ministerio de Turismo, que opera mediante la Unidad Coordinadora del Programa. La entidad trabaja en colaboración institucional con el Ministerio de Cultura y la alcaldía del Distrito Nacional para velar por el patrimonio intervenido.
Actualmente decenas de obreros laboran intensamente en el soterrado del cableado eléctrico, redes de telecomunicaciones, adecuación de fachadas históricas y sustitución completa del sistema hidrosanitario. Trabajar en tuberías de agua potable bajo calles coloniales cerradas representa un reto de alta ingeniería.
Las razones del retraso y la voz de la comunidad
Los contratistas y las autoridades responsables han justificado los constantes retrasos en la entrega de tramos. Entre las causas principales citan las inclemencias del clima, imprevistos técnicos en el subsuelo, hallazgos arqueológicos inesperados y la innegable complejidad de intervenir vías centenarias vulnerables.
“Llegar a nuestras propias casas es un calvario diario e insoportable. Vivimos entre montículos de tierra, cortes de agua impredecibles y un ruido ensordecedor constante. Esta obra parece una historia sin fin que arruina nuestra calidad de vida”, afirmó María Rosario, residente del sector.
Los habitantes del perímetro histórico demandan mayor celeridad a las instituciones coordinadoras del proyecto. El trastorno al transitar en vehículos privados o del transporte público genera embotellamientos severos en las vías adyacentes, trastocando de forma permanente la rutina diaria de familias enteras.
“Venimos con la ilusión de disfrutar un centro histórico arquitectónico hermoso, pero solo encontramos calles cerradas, zanjas abiertas y desorden. Es una pena que un patrimonio tan importante luzca en condiciones tan deplorables”, narró Carlos Benítez, turista entrevistado en el área.
Pese al descontento generalizado se han registrado ciertos avances puntuales dentro del plan general. Las autoridades entregaron recientemente de once calles reconstruidas en el sector norte del casco histórico, abarcando una inversión que superó los 103 millones de pesos.
Asimismo, existen tramos que ya muestran fachadas restauradas, mientras que la colocación de adoquines y la delimitación de aceras siguen avanzando, aun cuando persiste la estrechez característica de estas vías.
Sin embargo, para la mayoría de ciudadanos que caminan por las 35 calles de la zona, el ambiente cotidiano sigue estando marcado por la incertidumbre. La comunidad espera que las promesas de modernización finalmente se traduzcan en una mejor movilidad y calidad de vida.









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