En el país vecinola liberalización de las importaciones de arroz durante la década de 1980 y, especialmente, la reducción arancelaria de 1995 modificaron la relación entre producción nacional e importaciones
Frank Pacheco / El Nacional
La derogación del Decreto 693-24 y el nuevo escenario comercial para el arroz estadounidense han colocado a la producción arrocera dominicana ante una etapa distinta, en la que productores y consumidores siguen con atención los posibles efectos de una mayor entrada del cereal importado.
El Decreto 693-24 establecía un arancel de 20 % para determinadas importaciones de arroz dentro del contingente correspondiente y de 99 % fuera de ese contingente.
Para el arroz originario de Estados Unidos contemplaba una cuota preferencial de 23,300 toneladas métricas con arancel cero; una vez superada esa cantidad, aplicaba el arancel de 99 %.
El Poder Ejecutivo dejó sin efecto ese régimen mediante el Decreto 635-26, emitido el 9 de septiembre de 2026.
La decisión se produjo mientras República Dominicana y Estados Unidos mantienen conversaciones sobre sus relaciones comerciales y el cumplimiento de los compromisos establecidos en el DR-Cafta.
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos había planteado la importancia de derogar el Decreto 693-24 para garantizar el acceso del arroz estadounidense al mercado dominicano.
La discusión ocurre mientras el sector arrocero dominicano sostiene que la producción nacional cubre la mayor parte del consumo.
Datos de Agricultura citados recientemente sitúan la producción de 2025 equivale a cerca del 96 % del consumo estimado de ese año.
El temor expresado por representantes del sector es que una mayor entrada de arroz estadounidense pueda presionar los precios internos y reducir el espacio de comercialización para la producción nacional.
La diferencia de productividad también forma parte de la discusión: datos citados por el sector sitúan el rendimiento dominicano en unas 5.28 toneladas por hectárea en 2024, frente a 9.42 toneladas en Estados Unidos.
Haití
En esta situación aparece como antecedente la experiencia de Haití, donde la liberalización de las importaciones de arroz durante la década de 1980 y, especialmente, la reducción arancelaria de 1995 modificaron la relación entre producción nacional e importaciones.
Haití eliminó en 1986 las restricciones cuantitativas que limitaban las importaciones de arroz y sustituyó ese mecanismo por un arancel de 50 %.
Las importaciones pasaron de 7,000 toneladas métricas en 1985 a 25,000 en 1986. Para 1994 ya habían superado las 140,000 toneladas.
El cambio más marcado ocurrió en 1995, cuando Haití redujo el arancel del arroz de 50 % a 3 %. Ese mismo año las importaciones aumentaron en más de 60,000 toneladas y llegaron a 207,000 toneladas métricas, con Estados Unidos como principal proveedor.
El USDA señala que, durante ese período, la producción arrocera haitiana se estancó.
El organismo estadounidense también señala que el arroz importado de Estados Unidos era significativamente más barato que algunas variedades producidas localmente en Haití.
La disponibilidad de arroz a menor precio contribuyó al aumento de su consumo, aunque el propio estudio identifica otros factores detrás del deterioro de la producción haitiana, entre ellos el reducido tamaño de las explotaciones, la falta de financiamiento, problemas con las semillas, el limitado acceso a fertilizantes y maquinaria y el deterioro de los sistemas de irrigación.
El caso haitiano también tiene una dimensión política. En 2010, el expresidente estadounidense Bill Clinton reconoció que las políticas comerciales que favorecieron la entrada de arroz importado a Haití habían sido un error.
Clinton asumió responsabilidad por haber respaldado esas políticas y sostuvo que Estados Unidos había contribuido a debilitar la capacidad haitiana de producir arroz.
La experiencia no significa que República Dominicana vaya necesariamente a reproducir el caso haitiano. La situación de ambos países es diferente y el sector arrocero dominicano parte de una producción que actualmente cubre la mayor parte del consumo nacional.
La diferencia también está en las condiciones productivas. Haití llegó a depender de las importaciones después de décadas de baja productividad y limitaciones en infraestructura agrícola, mientras República Dominicana mantiene una producción arrocera de escala nacional y un sector organizado que reclama mecanismos para enfrentar la competencia externa.
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