Alberto Daniel Barboza
Las autoridades sanitarias de Estados Unidos lo han repetido una y otra vez, pero aquí va de nuevo: lavar el pollo antes de cocinarlo, lejos de eliminar suciedad y bacterias, puede dispersar microorganismos peligrosos por la cocina y aumentar el riesgo de intoxicación alimentaria.
El pollo crudo puede contener bacterias que provocan enfermedades, incluso cuando su aspecto y olor parecen normales. Por eso, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recomiendan llevarlo directamente a la cocción, sin enjuagarlo previamente.
Y según precisa la agencia de salud, alrededor de un millón de personas enferman cada año en el país por consumir aves contaminadas.
¿Por qué lavar el pollo puede ser peligroso?
El problema no es el agua en sí, sino las salpicaduras que se producen al colocar la carne bajo el grifo. Las gotas pueden transportar bacterias desde el pollo hasta el fregadero, la encimera, los utensilios, las manos y otros alimentos que se consumirán crudos, como las verduras de una ensalada.
Este proceso se conoce como contaminación cruzada. Por ejemplo, si las salpicaduras alcanzan una tabla donde después se cortan tomates o una superficie donde se prepara un sándwich, los microorganismos pueden llegar a alimentos que no pasarán por una cocción capaz de eliminarlos.
El USDA advierte que enjuagar la carne no garantiza que desaparezcan las bacterias. Algunos microorganismos permanecen adheridos al producto, mientras que otros pueden desprenderse y extenderse por las superficies cercanas.
Los datos ilustran el riesgo: según los CDC, un estudio del USDA encontró que una de cada siete personas que limpió el fregadero después de lavar pollo crudo todavía tenía gérmenes en esa superficie.
Salmonella y Campylobacter: las bacterias que debes evitar
Entre los patógenos que puede contener el pollo crudo están Salmonella, Campylobacter y Clostridium perfringens. Su presencia no se detecta necesariamente a simple vista, por lo que confiar en el color, el olor o la apariencia de la carne no es suficiente para determinar si es segura.
Una infección alimentaria puede causar diarrea, dolor abdominal, fiebre, náuseas y vómitos. En determinados casos, las complicaciones pueden ser graves, especialmente entre niños pequeños, adultos mayores y personas con sistemas inmunitarios debilitados.
Los CDC estiman que aproximadamente uno de cada 25 paquetes de pollo comercializados en tiendas está contaminado con Salmonella. La cifra refuerza la importancia de manipular la carne correctamente desde que llega a casa.
Si hasta ahora lavabas el pollo por costumbre, cambiar ese hábito es una medida sencilla para reducir riesgos. No necesitas enjuagarlo para que sea seguro: la clave está en evitar la contaminación cruzada y cocinarlo a la temperatura adecuada.
(c) EL DIARIO NY



