Contiene antioxidantes, compuestos que bajan la presión y un aminoácido contra el estrés: así actúa sobre uno de los factores de riesgo más frecuentes de los accidentes cerebrovasculares
Celeste Sawczuk / Infobae
Cerca de 800.000 personas sufren un accidente cerebrovascular cada año solo en Estados Unidos, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
Una taza de té verde al día podría ser una de las herramientas más accesibles para reducir ese riesgo, según especialistas en nutrición consultados por EatingWell.

El té verde tiene compuestos que protegen el cerebro
El té verde contiene una familia de antioxidantes llamados polifenoles, específicamente las catequinas. La más estudiada es la epigalocatequina-3-galato, conocida como EGCG. Según un estudio publicado en la revista Foods (2025), estas sustancias tienen efectos antiinflamatorios sobre el organismo.
¿Por qué importa la inflamación? Cuando los vasos sanguíneos se inflaman de forma sostenida, sus paredes se dañan y el riesgo de obstrucción aumenta. Una investigación publicada en el Journal of Stroke and Cerebrovascular Diseases (2025) confirmó la relación causal entre la inflamación crónica y el accidente cerebrovascular isquémico, el tipo más frecuente.

El EGCG protege los vasos sanguíneos del cerebro
El cerebro tiene una capa protectora interna en sus vasos sanguíneos llamada barrera hematoencefálica. Cuando esa barrera se daña, el riesgo de derrame aumenta.
Anne Danahy, nutricionista dietista registrada, explicó a EatingWell que “la EGCG puede reducir la inflamación y proteger los vasos sanguíneos del cerebro”. Un estudio en Antioxidants (2022) respaldó ese mecanismo al demostrar que los polifenoles naturales reducen el daño oxidativo sobre esa barrera.
Además, el EGCG ayuda a que las arterias se relajen y se dilaten, lo que mejora la circulación. Un metaanálisis publicado en Medicine (2020) que analizó ensayos clínicos controlados concluyó que la suplementación con té verde produce mejoras moderadas pero consistentes en la presión arterial, uno de los factores de riesgo modificables más importantes para el derrame cerebral.

Baja el colesterol “malo” que tapa las arterias
El colesterol LDL, conocido como el colesterol “malo”, se acumula en las paredes de las arterias y las estrecha. Según un estudio en Frontiers in Nutrition (2023), los polifenoles del té verde reducen los niveles de LDL y protegen al sistema cardiovascular de múltiples formas.
Danahy aclaró a EatingWell que el té verde no reemplaza una dieta rica en fibra para controlar el colesterol, pero sí funciona como un complemento útil dentro de una alimentación saludable para el corazón.

El estrés también causa derrames, y el té verde ayuda a manejarlo
El estrés crónico no es solo una sensación: eleva la presión arterial, favorece la inflamación y deteriora el sueño, todo lo cual aumenta el riesgo de accidente cerebrovascular. Un metaanálisis en Frontiers in Neurology (2025) que revisó estudios observacionales confirmó la asociación entre el estrés psicosocial sostenido y un mayor riesgo de derrame.
El té verde contiene un aminoácido llamado L-teanina, que actúa sobre el sistema nervioso y ayuda a reducir la ansiedad. Un estudio en Food Science and Human Wellness (2022) describió los mecanismos por los que la L-teanina modula la respuesta al estrés, especialmente cuando se combina con otras estrategias de manejo emocional.

Cuánto té verde tomar y qué más ayuda a prevenir un ACV
Una revisión sistemática publicada en Nutrition (2023) que analizó estudios de cohorte concluyó que el consumo habitual de té verde se asocia con un menor riesgo de accidente cerebrovascular. No hay una dosis única recomendada, pero la mayoría de los estudios observaron beneficios con dos a tres tazas diarias.
Para potenciar los resultados, los especialistas recomiendan incorporar otros hábitos:
Actividad física: al menos 150 minutos semanales de caminata a paso ligero u otra actividad aeróbica moderada reducen la presión arterial y el colesterol, según los CDC.
Consumo de pescado: dos porciones semanales de pescado graso aportan omega-3, que reducen la inflamación. Un metaanálisis en Nutrients (2023) lo vinculó con menor riesgo cardiovascular.
Potasio: alimentos como espinacas, frijoles, naranjas y tomates contrarrestan los efectos del sodio sobre la presión arterial, según la Asociación Americana del Corazón (AHA).
Hidratación: la deshidratación reduce el flujo sanguíneo al cerebro. Un estudio en el Journal of Stroke and Cerebrovascular Diseases (2025) asoció la falta de líquidos con mayor incidencia de ACV.
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