El cambio en el perfil del inversionista refuerza el mercado inmobiliario de segunda residencia y el crecimiento del destino
Por Martín Polanco
Madrid, España.- Para Fernando Hazoury, presidente del Consejo de Administración de Cap Cana, la presencia dominicana en la Feria Internacional de Turismo (Fitur) no se limita a un calendario de encuentros ni a una agenda promocional.
Es, más bien, la vitrina donde se muestra cómo el turismo dominicano ha logrado articular al sector privado con el sector público y convertir esa coordinación en resultados económicos sostenidos. Desde esa perspectiva, el arranque del año turístico tiene en Madrid un punto de partida que va más allá del marketing. Desde el punto de vista de Hazoury, marca el tono de cómo se mueve una industria que hoy es uno de los principales motores de la economía dominicana.
En entrevista con Despierta con CDN y el periódico elCaribe, Hazoury planteó que esa coordinación entre actores ha sido una de las claves del desempeño reciente del sector turístico nacional. A su juicio, Fitur funciona como el punto de inicio de la estrategia anual, en el que República Dominicana se presenta como una marca país cohesionada, con un sector privado que actúa de forma unificada y alineado con el Ministerio de Turismo. Ese mensaje, según explicó, también es observado por otros destinos, que siguen de cerca lo que el país caribeño lleva cada año a esta feria.
Dentro de ese contexto, Cap Cana ocupa un lugar particular. No porque sea el único gran desarrollo turístico del país, sino porque su concepción responde a una lógica distinta desde su origen. El proyecto comenzó a conceptualizarse entre 2001 y 2002 como una ciudad destino, pensada para desarrollarse durante varias décadas y no como una iniciativa limitada al turismo de sol y playa.
Con una extensión territorial de unos 110 millones de metros cuadrados, de los cuales entre 40 y 45 millones ya están desarrollados, Cap Cana todavía conserva entre 70 y 75 millones de metros cuadrados sin intervenir, lo que le da un horizonte de crecimiento de tres o cuatro décadas.
Ese margen de desarrollo futuro, explicó Hazoury, permitió diseñar un Máster Plan que apostara desde el inicio por la diversificación. Cuando en el país todavía predominaba una visión concentrada en la costa, Cap Cana incorporó ejes como el turismo inmobiliario, deportivo, cultural, de aventura y gastronómico.
Uno de los elementos que ha marcado la diferencia, según el ejecutivo, ha sido la inversión temprana en infraestructura. Más de US$1,200 millones han sido destinados a obras que no siempre son visibles para el visitante, pero que sostienen el crecimiento del destino: carreteras internas, redes eléctricas soterradas, sistemas de data y telecomunicaciones, acueductos y plantas de tratamiento de aguas residuales. Esa decisión, dijo, implicó asumir riesgos y enfrentar momentos complejos, pero hoy se traduce en una plataforma sólida para atraer desarrolladores, inversionistas y marcas internacionales.
La estrategia de diversificación también se refleja en el turismo deportivo, uno de los pilares del proyecto. Cap Cana inició este camino con torneos PGA de golf celebrados entre 2008 y 2010, apoyados en el campo Punta Espada, diseñado por Jack Nicklaus y clasificado entre los mejores del Caribe y México. A esto se sumó, desde 2007, el desarrollo de una marina deportiva que hoy cuenta con más de 150 muelles y acceso a uno de los bancos de pesca más destacados del Caribe y el Atlántico cercano. Desde 2008 se han realizado cientos de torneos de pesca deportiva, con récords recientes en marlín azul y blanco, bajo un estricto reglamento de captura y liberación.
En años más recientes, el tenis se ha incorporado como otro eje de atracción, con torneos ATP que colocan a Cap Cana en circuitos de alto impacto mediático internacional. Hazoury subrayó que este tipo de eventos genera un efecto multiplicador, atrayendo visitantes que viajan acompañados y que, en muchos casos, descubren por primera vez el destino y el país.
El crecimiento del proyecto también se refleja en su oferta inmobiliaria y hotelera. Actualmente, Cap Cana maneja más de 16,500 habitaciones entre las que están en operación y las que se encuentran en construcción, con unas 9,000 ya operativas y alrededor de 7,500 en desarrollo, muchas de ellas ubicadas a pocos minutos a pie de la playa. La presencia de marcas de lujo como St. Regis, Hyatt, Marriott, Secrets, Dreams, Eden Roc y Sanctuary ha fortalecido el posicionamiento del destino en el mercado norteamericano, sin excluir otros segmentos.
Ese dinamismo ha venido acompañado de un cambio en el perfil del inversionista y del comprador final. Hazoury explicó que, en los últimos 10 a 15 años, ha aumentado significativamente la participación de inversionistas anglosajones, especialmente de Estados Unidos y Canadá, favorecida por la mejora del servicio y el manejo del idioma. Al mismo tiempo, el crecimiento de la economía dominicana ha impulsado a una clase media con capacidad de adquirir segundas residencias, así como a dominicanos residentes en el exterior que ahora optan por invertir en destinos turísticos para descanso y recreación.
Desde el punto de vista financiero, el ejecutivo reconoció que equilibrar inversión privada, infraestructura y retorno a largo plazo es uno de los mayores retos. Cap Cana, señaló, pasó más de dos décadas reinvirtiendo prácticamente la totalidad de sus ingresos, y aún hoy destina la mayor parte de sus beneficios a nuevas obras y amenities. La experiencia de la crisis financiera de 2008 dejó una lección, llevando al proyecto a adoptar esquemas más conservadores, como asociaciones con desarrolladores aprobados y ventas de terrenos que permiten compartir riesgos en un entorno global volátil.
Hazoury insistió en que ese crecimiento debe mantenerse ordenado. El Máster Plan está siendo ajustado para ampliar avenidas, prever futuras expansiones y evitar los problemas de congestión que afectan a grandes ciudades de América Latina. La meta, dijo, es consolidar a Cap Cana no solo como destino turístico, sino como una ciudad inteligente, con servicios modernos, planificación urbana y preservación ambiental.
El presidente del Consejo de Administración reiteró la importancia de los incentivos fiscales para la industria. Aunque reconoció que Cap Cana no depende exclusivamente de ellos, sostuvo que los inversionistas los consideran al evaluar destinos y que, bien gestionados, generan más ingresos de los que el Estado deja de percibir. A su juicio, el turismo es el principal vehículo para que República Dominicana avance desde un país en desarrollo hacia una economía más próspera, siguiendo ejemplos internacionales donde esta industria ha sido determinante.
Con más de 20,000 empleos directos e indirectos y una cadena de consumo que prioriza insumos locales, Cap Cana es como una pieza dentro de un engranaje mayor. Para Hazoury, el desafío no es solo crecer, sino hacerlo con transparencia, estabilidad y una visión compartida entre el sector público y el privado, en un contexto internacional cada vez más complejo.
(c) El Caribe (22.01.2026)



