No se trata de la primera mujer en viajar al espacio pero sí la primera en hacerlo más allá de la magnetosfera terrestre, por lo que su cuerpo es objeto de estudio en medicina aeroespacial.
Carolina G. Nombela. Redactora de Mujer ’20minutos’
Desde hace más de una semana Artemis II nos tiene mirando a la Luna. Desde que el 1 de abril los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen partiesen a bordo de la nave Orion impulsada por el Space Launch System (SLS) a explorar la órbita de la luna, la humanidad ha vuelto a hacer historia, ya que con esta misión se ha superado el récord de distancia máxima a nuestro planeta alcanzada por humanos, un hito que permanecía intacto desde Apollo 13 en 1970. Artemis II tiene el objetivo de alcanzar las 252.757 millas, unos 406.600 kilómetros de distancia de la Tierra.
La participación de la astronauta Christina Koch supone otro de los grandes hitos de esta misión, aunque no solo supone un hito simbólico, sino también una oportunidad única para estudiar los efectos de este entorno en la salud de las mujeres.
La radiación cósmica y la ausencia de gravedad son algunos de los factores que pueden generar alteraciones en el organismo humano, aunque durante décadas estos estudios se han centrado en la biología del hombre pero no en la del cuerpo de la mujer.
Con esta misión, Koch es la primera mujer en adentrarse en el espacio profundo, más allá de la magnetosfera terrestre, por lo que Artemis II abre un nuevo canal de investigación en tiempo real sobre cómo responde el cuerpo de una mujer a la microgravedad prolongada y a la radiación cósmica.

El cuerpo de la mujer, en desventaja en el espacio
Uno de los principales riesgos a los que se enfrentan las astronautas es la exposición a radiación ionizante, mucho más intensa fuera de la órbita terrestre.
Tal y como han apuntado estudios de la NASA, las mujeres podrían tener hasta un 20% más de probabilidad de desarrollar determinados tipos de cáncer en comparación con los hombres, debido a una mayor sensibilidad celular a este tipo de radiación.
La capacidad reproductiva es otro de los conflictos biológicos de la mujer en el espacio profundo. La comunidad científica analiza con especial atención la posibilidad de que estas condiciones extremas aceleren procesos como la insuficiencia ovárica prematura, una alteración que puede afectar tanto a la fertilidad como al equilibrio hormonal.
Artemis II, un laboratorio en órbita
Esta misión, que tiene una duración de 10 días, servirá también como laboratorio en tiempo real. Los astronautas están equipados con dispositivos que monitorizan variables clave como el sueño, el movimiento o la respuesta inmunológica, con el objetivo de obtener una imagen más precisa del impacto fisiológico del viaje espacial. Estas mediciones permitirán evaluar cómo influyen factores como el aislamiento, la distancia de la Tierra o la exposición prolongada a radiación en el organismo humano.

Con cada misión en el espacio se busca recoger datos que permiten mejorar los sistemas de protección y diseñar protocolos más seguros. En esta ocasión, Christina Koch encarna una doble dimensión: la de pionera en la conquista espacial y la de sujeto de estudio en una nueva etapa de la medicina aeroespacial. Su viaje a la órbita lunar no solo ampliará los límites físicos de la exploración, sino también los del conocimiento sobre cómo el cuerpo de una mujer responde a uno de los entornos más hostiles conocidos.
(c) 20minutos (09.04.2026)


