Por: Martín Eduardo Botero*
Durante años se nos repitió que el multilateralismo era el último dique frente a la barbarie. Que la ONU, con sus órganos, comisiones y expertos, era el espacio civilizatorio donde el derecho sustituía a la fuerza y la norma contenía al poder. Hoy, esa ficción se derrumba.
La decisión de Estados Unidos de retirarse —de facto— de decenas de organismos de Naciones Unidas no es un capricho personal ni un gesto ideológico. Es una evaluación estratégica: el sistema multilateral ya no funciona como instrumento de orden, ni de justicia, ni de disuasión.
Y cuando una estructura deja de cumplir su función, el poder real deja de financiarla.
La ONU: de árbitro a coartada
La ONU no está paralizada por accidente. Está estructuralmente bloqueada. El Consejo de Seguridad no es un foro neutral, sino un tablero donde Rusia y China vetan cualquier consecuencia real contra regímenes aliados, mientras utilizan el lenguaje del derecho internacional como escudo de impunidad.
Venezuela es el ejemplo definitivo de ese fracaso:
-Crímenes de lesa humanidad documentados.
-Narcotráfico estatal probado.
-Migración forzada de millones de personas.
-Colapso institucional absoluto.
-¿Respuesta multilateral?
Comunicados. Informes. Relatores. Ninguna consecuencia.
-Un sistema que no corrige no es neutral: protege al agresor.
-No es anti-ONU: es post-ONU
Estados Unidos no se está aislando del mundo. Se está retirando de una arquitectura capturada, ineficaz y hostil a sus propios principios operativos. El poder material —militar, financiero, tecnológico— permanece intacto. Lo que se abandona es la ilusión de que el consenso burocrático produce justicia.
El nuevo paradigma es claro:
**Menos foros estériles.
**Más bilateralismo duro.
**Más jurisdicción penal transnacional efectiva.
**Menos “expertos”.
**Más consecuencias.
Esto no es desprecio por el derecho. Es desconfianza en su instrumentalización selectiva.
El globalismo normativo y su hipocresía
La reacción airada de ciertos sectores académicos y mediáticos no es jurídica: es corporativa. Defienden el sistema porque viven de él. Porque el multilateralismo retórico garantiza cargos, visibilidad y superioridad moral sin asumir costos.
Resulta revelador que quienes jamás se alarmaron por:
**La intervención estructural de China en África,
**La penetración rusa en defensa y seguridad,
**La exportación iraní de tecnologías de represión, hoy invoquen con fervor religioso la “soberanía” y el “derecho internacional” cuando el poder actúa contra una dictadura criminal.
El problema no es la intervención. El problema es quién interviene.
Esto no va de Trump. Va de crimen y víctimas.
Reducir todo a Trump es una forma cómoda de evitar el debate real. Aquí no se discute simpatía política ni estilos presidenciales. Se discute algo más básico: si el derecho internacional sirve para proteger a las víctimas o para blindar a los victimarios.
Cuando una norma deja de producir efectos reales frente al crimen organizado estatal, defenderla como un absoluto no es civilizatorio. Es legalismo estéril. Es administración elegante de la impunidad.
La ONU no muere por Trump. Muere porque dejó de cumplir su función histórica.
Y en geopolítica —como en el derecho penal— lo que no sirve para hacer justicia, se reemplaza. Amen
*Martín Eduardo Botero Abogado internacional – Profesor de Derecho Internacional y Constitucional



