Por: Sergio Sarita Valdez
Enclavada dentro del archipiélago de las Antillas Mayores, la República Dominicana debe estar al tanto no solo de lo que sucede en el vecino país Haití, sino también de todo cuanto acontece en las Antillas Menores, Centroamérica, Suramérica y Norteamérica. Igualmente nos concierne el estado de guerra en Europa, el Medio Oriente, África y Asia. ¿Y todo esto por qué?
Veámoslo en detalle:
Es cierto que la República de Haití representa el socio más cercano en el comercio de exportación; pero, por otro lado, es desde los Estados Unidos de donde recibimos las mayores remesas que envían los dominicanos residentes en ese territorio norteño. Es muy significativa la cantidad de quisqueyanos que ha emigrado a Europa, y desde allí sostiene a muchas familias criollas.
El turismo se ha convertido en un renglón importante de ingresos para nuestro país. Las tensiones caribeñas alrededor de las costas venezolanas generan una imagen de violencia potencial en la zona, lo que indirectamente debilita el flujo de viajeros interesados en vacacionar en el eterno verano del mar Caribe. La estrategia de considerar toda esta franja como zona de paz conviene a todos nuestros países.
Las tensiones y las amenazas de guerra entre potencias como los Estados Unidos, la República Popular China y Rusia —a través de terceros— hacen que recursos financieros antes destinados a programas mundiales asignados a temas de salud, educación y combate a la pobreza se vean debilitados, ya que esas fuentes son dirigidas a la industria de las armas. La alta tecnología, dentro de la que se incluye la Inteligencia Artificial, se dedica ahora a reforzar la capacidad, potencia y exactitud del armamento nuclear y otros equipos bélicos existentes.
Los programas globales para el combate de la desnutrición, las enfermedades infecciosas, el cáncer, las afecciones infantiles, geriátricas y los trastornos hereditarios ven drásticamente recortadas sus fuentes de sustento. Un ejemplo muy patente es el de la terapia para enfermos infectados con el Virus de la Inmunodeficiencia Adquirida, personas ahora en peligro de muerte debido a los recortes en las asignaciones presupuestarias. Gran parte de esos fondos son desviados para favorecer su uso bélico. Los presupuestos de guerra merman los recursos para la paz.
La planificación de un certamen electoral en Haití para el presente año apuntaría a una estabilización democrática de esa nación. ¡Ojalá que ese proceso se concrete! En la medida en que el pueblo haitiano consiga la paz y las fuerzas productivas generen empleo, educación, servicios sanitarios y seguridad colectiva, la inmigración desordenada hacia el territorio dominicano se reducirá.
“Más vale prevenir que lamentar”, reza el dicho popular. Digamos no a la guerra, venga de donde venga; nada justifica la violencia homicida, sea esta local, nacional, regional o continental. “Nada humano me es ajeno”, decía Terencio.
La paz nacional, regional y continental nos beneficia directamente. Rechacemos las voces que promueven la guerra como vía de solución a los conflictos entre naciones.
Aboguemos por una atmósfera de amor y entendimiento para bien de toda la humanidad.
(c) Tomado de Vanguardia del Pueblo (06.01.2026)



