La mayoría de los economistas y estudios actuales al 2 de enero de 2026 consideran que no es recomendable amentar los impuestos de forma generalizada en una economía de bajo crecimiento como la de República Dominicana, que apenas alcanzó en el 2025 2.3% , ya que suele actuar como un freno adicional a la actividad económica
A continuación se detallan los principales efectos y perspectivas sobre esta medida en el contexto económico de 2026:
Efectos negativos de subir impuestos en bajo crecimiento
Ralentización de la producción: El aumento de la carga tributaria reduce el capital disponible para las empresas, lo que desincentiva la inversión y disminuye la producción.
Reducción del consumo: Al incrementar impuestos directos (como sobre la renta) o indirectos (como el IVA), disminuye el ingreso disponible de los hogares, lo que reduce la demanda agregada de bienes y servicios.
Presión inflacionaria: Para 2026, se proyecta que incrementos en impuestos específicos (como el IEPS en México a refrescos y tabaco) generen presión al alza en los precios, dificultando el control de la inflación.
Desincentivo laboral: Tasas impositivas excesivamente altas pueden provocar que las personas reduzcan sus horas de trabajo o busquen mecanismos de evasión, lo que paradójicamente podría reducir la recaudación total.
Excepciones y posturas alternativas
A pesar de los riesgos, algunos enfoques sugieren que el impacto depende de a quién y para qué se apliquen:
Impuestos focalizados: Estudios indican que aumentar impuestos a hogares con ingresos muy altos no necesariamente perjudica el crecimiento general de la economía.
Consolidación fiscal: Algunos gobiernos optan por aumentos selectivos (como aranceles o impuestos a productos específicos) para reducir el déficit fiscal y estabilizar la deuda pública a largo plazo, asumiendo un costo en el crecimiento inmediato.
Eficiencia recaudatoria: En 2026, varias economías están priorizando la formalización y la eficiencia administrativa antes que la creación de nuevos impuestos para evitar frenar la recuperación.
En una fase de estancamiento, la prioridad suele ser fomentar la inversión y el consumo. Por ello, las reducciones fiscales o el mantenimiento de las tasas actuales suelen ser vistos como herramientas más efectivas para estimular la demanda empresarial y el salario neto de los trabajadores.



