El FP-5 Flamingo, fabricado por la startup ucraniana Fire Point, alcanza los 1.000 kilómetros con 1.150 kilos de carga útil y ya ha golpeado fábricas de armamento en el interior de Rusia
Esteban García Marcos
La noche del 20 de febrero de 2026, seis misiles de crucero despegaron desde un andamio metálico temporal en algún punto del territorio ucraniano. Su destino: la planta de construcción de maquinaria de Votkinsk, a unos 1.300 kilómetros de la frontera, donde Rusia produce misiles balísticos y armas estratégicas. Cuatro de los seis alcanzaron sus objetivos. Las imágenes por satélite confirmaron los daños.
El arma que protagonizó el ataque no fue un Storm Shadow cedido por Londres ni un misil ATACMS estadounidense. Era el FP-5 Flamingo, un misil de crucero de fabricación íntegramente ucraniana desarrollado por Fire Point, una empresa emergente de defensa fundada tras la invasión rusa de 2022. La diferencia con las armas suministradas por los aliados occidentales es sustancial: no hay restricciones de uso impuestas por terceros países.
El Flamingo monta un motor turbofán, vuela a baja altitud para esquivar los radares y puede transportar hasta 1.150 kilogramos de carga útil a una velocidad máxima de unos 900 km/h. Su alcance declarado supera los 1.000 kilómetros, suficiente para golpear objetivos en la retaguardia profunda de Rusia, precisamente los depósitos, fábricas y centros de mando que Moscú fue alejando del frente a medida que avanzaba la guerra.
De las primeras pruebas al ataque más ambicioso
Fire Point realizó el primer lanzamiento de combate del Flamingo en mayo de 2025. Según publica Forbes, la primera operación con repercusión mediática llegó el 30 de agosto de ese año, cuando varios misiles alcanzaron instalaciones vinculadas al FSB en Crimea ocupada. En septiembre, cuatro Flamingos golpearon la fábrica de cazas SKIF-M en Bélgorod. En noviembre, la combinación de misiles y drones atacó una terminal petrolera marina en Crimea junto a puestos de mando en Zaporiyia.
El patrón que revelan estas operaciones es claro. La cantidad de misiles por salva ha crecido —de lanzamientos aislados a ráfagas de cuatro a seis unidades—, el radio de acción se ha ampliado con cada ataque y la tasa de impacto ha mejorado progresivamente, lo que indica un sistema que madura sobre el terreno al ritmo que exige la guerra.
El interés internacional no se ha hecho esperar. Dinamarca acordó a finales de 2025 fabricar el combustible sólido del cohete de arranque a través de una filial danesa de Fire Point. Más reciente es el movimiento de EDGE, el conglomerado de defensa emiratí, que estaría preparando la compra de una participación minoritaria significativa en Fire Point por unos 760 millones de dólares.
Un arsenal propio que cambia la ecuación
La aparición del Flamingo socava la estrategia rusa de alejar sus activos críticos del frente. Mientras Ucrania dependía de armas occidentales con restricciones políticas de alcance y uso, Moscú podía mover depósitos de munición y centros logísticos a cientos de kilómetros de la línea de contacto con la garantía razonable de que no serían alcanzados. Esa garantía se ha evaporado.
Con producción propia y en aumento, Ucrania puede integrar el Flamingo en paquetes de ataque combinados: drones lentos como señuelo y atraen el fuego de los interceptores, seguidos de misiles de crucero rápidos y a baja cota que llegan cuando la defensa aérea está ocupada. Si se añade el misil balístico de corto alcance Sapsan, el paquete incluye además una amenaza a gran velocidad y trayectoria empinada que comprime los tiempos de reacción del enemigo, un reto para cualquier cúpula de defensa antiaérea.
Cuando esta guerra de desgaste comenzó hace cuatro años, la ventaja en armamento de largo alcance era rusa. Moscú disponía de drones Geran, misiles de crucero Kalibr y hasta proyectiles hipersónicos Kinzhal. Ucrania ha tardado, pero ahora cuenta con un misil de crucero propio capaz de devolver el golpe a la misma distancia. La pregunta ya no es si el Flamingo funciona, sino a qué ritmo podrá producirlo.
(c) La Razón/Tecnología y consumo (17.03.2026)



