La caída de Nicolás Maduro puso bajo los reflectores uno de los frentes más delicados de la economía venezolana, la deuda externa. El país latinoamericano es dueño de lo que es considerado uno de los mayores defaults soberanos aún sin resolver a nivel global.
CARACAS. VENEZUELA.- A enero de 2026, Venezuela enfrenta una de las crisis de deuda externa más severas y complejas del mundo, con obligaciones totales estimadas entre 150.000 y 170.000 millones de dólares. Esta carga financiera equivale a aproximadamente el 193% de su Producto Interno Bruto (PIB), lo que la sitúa en una posición de extrema vulnerabilidad económica
Estado actual de la deuda (2026)
La deuda incluye cerca de 60.000 millones de dólares en bonos en default desde 2017, emitidos por la República y PDVSA, cuyos intereses acumulados han elevado el monto de estos títulos por encima de los 100.000 millones. También contempla préstamos bilaterales (principalmente con China y Rusia) y laudos arbitrales por expropiaciones.
El país permanece en situación de impago desde finales de 2017, lo que ha generado un aislamiento casi total de los mercados internacionales de capital.
En las primeras semanas de 2026, se ha reportado un renovado interés de los acreedores privados y comités de bonistas para iniciar un proceso de renegociación, impulsado por cambios en el contexto político y expectativas de estabilización económica.
Impacto y Proyecciones
Con un PIB nominal proyectado en torno a los 80.000-83.000 millones de dólares para 2026, la deuda es considerada prácticamente impagable bajo las condiciones actuales.
Análisis de Oxford Economics sugieren que la carga de la deuda se mantendrá en niveles críticos hasta al menos 2037, incluso si se produce una recuperación significativa en la producción petrolera.
El manejo de esta deuda ha profundizado la emergencia humanitaria, limitando los recursos disponibles para servicios públicos básicos y recuperación económica.
Un eventual acuerdo soberano requeriría, en principio, el respaldo de un programa del FMI que establezca objetivos fiscales y criterios de sostenibilidad. Sin embargo, Venezuela no mantiene consultas regulares con el organismo desde hace casi veinte años y continúa excluida del financiamiento del prestamista multilateral, lo que refuerza la incertidumbre sobre los próximos pasos.
(c) Agencias (20.01.2026)



