La verdad fáctica como antídoto contra el caos
Edwin Cuello*
En la era de la inmediatez física y virtual, asistimos a una metamorfosis peligrosa de la realidad. Hemos transitado desde una sociedad que buscaba la verdad en hechos verídicos hacia una donde la mentira y el engaño se conjugan en algoritmos circunstanciales. Sin embargo, este proceso de distorsión no es aleatorio; a menudo, es una construcción deliberada que he denominado la «paradoja de la sandía cuadrada«.
Esta paradoja se refiere, en el contexto de la comunicación, al acto de proyectar una imagen distorsionada de la realidad con el propósito de generar afectos o provocar desafectos ante una situación que no nos favorece. La naturaleza de la verdad, como una sandía, es esférica y orgánica; pero quien actúa bajo esta paradoja busca forzar esa realidad dentro de un molde rígido y artificial para obtener un beneficio estratégico. Ante una circunstancia adversa, el sujeto no busca la rectificación, sino la manipulación, generando olas de afectos que lo beneficien o desafectos como una estrategia de ataque contra el contrario.
Este fenómeno se manifiesta cuando el individuo, sintiéndose acorralado por los hechos, decide abandonar la verdad fáctica para refugiarse en una narrativa intangible. En ese vacío, la verdad colectiva —esa que necesitamos para convivir en orden— es secuestrada por una construcción fabricada a la medida. El sujeto no busca la justicia, sino la gestión de la percepción. Convierte su realidad en una «geometría artificial «, diseñada para que el público, consumiendo la narrativa como si fuera un producto digerible, no note que está siendo alimentado con una visión alterada.
La paradoja de la sandía cuadrada es una herramienta de inversión de la culpa. En psicología de la comunicación, esto responde a una necesidad de controlar el » locus de control » cuando la realidad es adversa. Si el hecho es negativo para el emisor, este utiliza la distorsión para trasladar el fallo al entorno o a un tercero. Es, en esencia, una maniobra de supervivencia reputacional que ignora la génesis del acontecimiento. El manipulador despoja al relato de su contexto y de su raíz para lanzar una versión contaminada que infecta la percepción social, saltándose el debido proceso, y en ocasiones afectando la dignidad humana.
¿Cómo identificar a un moldeador de sandías en el entorno?
1. La victimización crónica: Observa si la persona nunca asume el error, trasladando siempre la responsabilidad a factores externos o a terceros.
2. La distorsión selectiva: Detecta cuando alguien omite datos clave que cambiarían la percepción de los hechos, presentando solo una «cara» que le beneficia.
3. El uso del conflicto: Identifica si la persona intenta generar bandos -afectos/desafectos- en lugar de buscar soluciones fácticas.
Aquí es donde entra «el deber del filtro de la información». Si aceptamos estas etiquetas sin cuestionar la génesis del hecho, nos convertimos en los huéspedes que permiten que el virus de la distorsión se replique. La lucha contra esta paradoja no es solo una cuestión de ética, sino una batalla por la salud del Estado Social y Democrático de Derecho. En el derecho penal y las demás ciencias sociales, mientras que el proceso camina con el ritmo necesario, la distorsión informativa corre a la velocidad de la luz.
En última instancia, la paradoja de la sandía cuadrada es una distorsión de la realidad que nos involucra a todos, tanto como víctimas como, en ocasiones, como victimarios. Somos victimarios cuando decidimos forzar los hechos que no nos favorecen para obtener una ventaja estratégica. Pero también somos víctimas cuando otros proyectan esa realidad geométrica sobre nosotros, diseñada específicamente para generar disonancia cognitiva y manipular nuestra percepción en beneficio de sus intereses.
Desenmascarar esta paradoja es un acto de resistencia y autodefensa. Retomar el respeto por la realidad fáctica es el único camino para sanarnos de este virus informativo. La verdad que necesita la colectividad no es la que encaja cómodamente en los moldes de nuestros intereses personales, sino la que emana de la génesis verificable de los hechos. Cualquier otra cosa, por más que convenza, no es más que una máscara para ocultar el caos y la manipulación.
(c) Diario Libre
*Edwin Cuello. Es un Procurador Fiscal de la República Dominicana.



