Karina Jiménez. MediosPanorama
Ser coronada Miss República Dominicana Universo representa para muchas jóvenes la posibilidad de abrirse paso en el mundo de la comunicación, el modelaje, los negocios y las causas sociales. Sin embargo, detrás del brillo de la pasarela existe una realidad poco visible: la enorme inversión económica, el sacrificio personal y el tiempo que exige competir por la corona.
A pocas horas de celebrarse la gala del Miss República Dominicana Universo 2026, programada para el 30 de julio en la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito, donde competirán 30 candidatas en el 70 aniversario del certamen, exconcursantes, aspirantes y la propia directora de la franquicia revelan que participar puede convertirse en un proyecto que supera fácilmente el millón de pesos y, en algunos casos, alcanza los dos millones o más.
Una preparación que comienza mucho antes del concurso
La exconcursante María Vargas Medina, quien participó en las ediciones de 2018 y 2023, explica que la verdadera preparación inicia incluso antes de formalizar la inscripción.
Durante años las aspirantes deben invertir en clases de Pasarela, oratoria, cultura general, etiqueta y protocolo, idiomas, aprender a manejar el miedo escénico, entre otros, que incluyen la preparación física y estética.
«Los dos o tres meses oficiales del concurso pasan muy rápido. Cuando inicia la concentración ya una candidata debe llegar preparada», afirma Vargas Medina.
Los números detrás de la corona
Aunque de acuerdo con algunas de las entrevistadas, el monto de inscripción varía según la provincia o municipio que representa cada candidata y ninguna quiso revelar cifras exactas por tratarse de información de la organización, coincidieron en que esa inversión es apenas el inicio de una larga lista de gastos.
A partir de los testimonios recopilados por Panorama, una candidata que aspire a competir con posibilidades reales puede enfrentar un presupuesto aproximado como el ––––––siguiente:

El cálculo final
Después de sumar todos esos gastos, Vargas Medina no duda en ofrecer una cifra.
«Si una candidata quiere hacer una participación realmente competitiva, con todo bien preparado, mínimo tiene que invertir entre dos y dos millones y medio de pesos», advierte.
La estimación coincide con la experiencia de otras aspirantes como María Peña Avelino, representante de Pedro Brand, calcula que una candidata con recursos económicos suficientes puede gastar fácilmente «un millón de pesos o más», mientras recuerda que en su participación de 2023 invirtió cerca de medio millón de pesos, gracias a colaboraciones que abarataron considerablemente algunos servicios.
«Mi vestido me costó apenas RD$10,000 porque fue una colaboración de una amiga. Si hubiera tenido que hacerlo con un diseñador reconocido, el costo habría sido muchísimo mayor», explica.
El precio de la imagen
Uno de los gastos más constantes es para mantener una imagen impecable durante los meses previos a la coronación.
Cada actividad requiere maquillaje profesional, peinado, fotografías, ropa distinta y presencia constante en medios y redes sociales.
Peña asegura que algunos fotógrafos llegan a cobrar más de RD$30,000 por una sesión de apenas 10 fotografías.
Además, reconoce que muchos proveedores incrementan sus tarifas cuando saben que trabajan con una candidata del concurso de belleza.
«Hay personas que apenas escuchan Miss República Dominicana creen que una es millonaria y comienzan a cobrar muchísimo más caro», asegura.
Vestidos que cuestan como un vehículo
El vestuario representa el mayor desembolso.
La candidata Beverly Vargas, representante de la provincia Duarte, asegura que un vestido para la gala final puede superar fácilmente los US$5,000, sin incluir las modificaciones, pedrería ni asesoría de imagen.
«El gasto más fuerte está en el vestuario porque tenemos muchísimas actividades y cada una requiere ropa diferente.»
A esto se suma el traje típico, cuya elaboración artesanal puede convertirse en una de las piezas más costosas del certamen.

Maquillaje diario
Durante el llamado «media tour», que realizan algunas candidatas, se pueden pasar semanas maquillándose prácticamente todos los días.
Beverly revela que únicamente en maquillaje invierte alrededor de RD$8,000 diario.
«Llevo un mes maquillándome todos los días. El maquillista prácticamente puede comprarse un carro con lo que gasto», bromea al asegurar que ya tiene el “bolsillo pelado”.
Cuando el tiempo también cuesta
El sacrificio no es únicamente económico. Las concursantes deben reorganizar completamente sus vidas.
Muchas solicitan permisos laborales para poder asistir a ensayos, entrevistas y actividades promocionales. Otras dejan de asistir a reuniones familiares, cumpleaños e incluso modifican sus horarios universitarios.
Vargas compara el proceso con un internado.
«Desde que uno se levanta hasta que se acuesta solamente piensa en el concurso.»
¿Puede competir una joven de escasos recursos?
Las tres entrevistadas coinciden en que sí, aunque reconocen que el camino resulta mucho más difícil.
Patrocinios, intercambios comerciales y apoyo de empresarios o autoridades municipales permiten que algunas jóvenes logren competir.
Como ejemplo citan a María Peña, quien confesó que este año acude a los ensayos en motocicleta y ha conseguido avanzar gracias al respaldo de patrocinadores que le han facilitado maquillaje, fotografías y algunos vestidos.
«Hay que tocar puertas. Siempre aparece alguien dispuesto a ayudarte», asegura.

Magali Febles: «Las candidatas deberían recibir más apoyo»
La directora nacional de la franquicia, Magali Febles, confirma que la inversión de una candidata puede oscilar entre US$5,000 y US$10,000, dependiendo del nivel de preparación y de los recursos con que cuente.
Considera que las representantes de provincias y municipios deberían recibir un mayor respaldo de alcaldías, empresarios y autoridades locales.
«Ellas representan y promueven sus comunidades a nivel nacional e internacional. Todos los países están pendientes de República Dominicana y de su selección», sostiene.
Un negocio que mueve millones
Febles explica que organizar cada edición del Miss República Dominicana Universo implica decenas de millones de pesos en producción, tecnología y logística.
El certamen, financiado mediante patrocinios, publicidad, venta de boletos y alianzas comerciales, beneficia a una extensa cadena económica integrada por diseñadores, maquilladores, estilistas, fotógrafos, entrenadores, gimnasios, médicos, hoteles, agencias de viajes, restaurantes, empresas de transporte y medios de comunicación.
A su juicio, el impacto económico y promocional del concurso justifica un mayor respaldo institucional

«Miss República Dominicana es una empresa privada que genera un beneficio público. El apoyo del Estado y del Ministerio de Turismo debe verse como una inversión estratégica para el país y no como una ayuda ocasional», afirma.
Mucho más que una corona
Pese al elevado costo, las concursantes aseguran que la experiencia trasciende el resultado final.
Para Vargas Medina, los concursos fueron «una universidad de la vida».
María Peña afirma que el certamen le permite proyectarse como futura médica y madre de dos hijos.
Mientras tanto, Beverly Vargas sostiene que utiliza la plataforma para impulsar su proyecto sobre salud integral y prevención del cáncer, enfermedad que ha superado en dos ocasiones.
Las tres coinciden en una idea: la corona solo la obtiene una candidata, pero la verdadera recompensa puede ser la proyección profesional, las oportunidades laborales y el crecimiento personal que deja una competencia que, además de glamour, exige una inversión económica que pocas veces sale a la luz.
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