Prousuario advierte que esta práctica opera fuera del sistema financiero regulado, sin protecciones, garantías ni supervisión, y que no genera historial financiero ni acceso a otros productos y servicios.
Martín Adames / DE ÚLTIMO MINUTO
SANTO DOMINGO. R.D.— Pese a que el sistema financiero dominicano cuenta con una banca múltiple cada vez más flexible y digitalizada, asociaciones de ahorros y préstamos con presencia en casi todo el territorio nacional y un sistema cooperativo en plena expansión, muchas personas aún prefieren “jugar un san” para obtener una cantidad de dinero o un artículo de valor.
El mecanismo consiste en realizar aportes periódicos y recibir el monto acumulado según el número asignado dentro del orden de entrega, ya sea antes o después de completar todas las cuotas correspondientes.
Como parte de la cultura financiera dominicana, este mecanismo informal de ahorro ha perdurado durante generaciones y continúa vigente entre grupos de compañeros de trabajo, vecinos, familiares y amigos. En estos casos, la confianza depositada en la persona responsable del “san” constituye el principal elemento de garantía entre los participantes.
Quién organiza el sistema suele obtener como beneficio una cuota previamente acordada de cada uno de los integrantes.
Julia Núñez, una empleada pública de 38 años, pese a contar con buen historial crediticio, tarjetas de crédito de varias entidades financieras y ser miembro de una cooperativa, de vez en cuando prefiere participar en un “san”.
Dice que le resulta fácil aportar y cobrar, que lo hace entre un grupo pequeño de amigas y que nunca ha tenido problemas.
Actualmente participa en un “san” de RD$5,000 durante seis meses. Aunque su aporte total será de RD$60,000, recibirá RD$55,000, mientras que los RD$5,000 restantes corresponderán a la ganancia de su amiga, quien administra el “san”.
Es como un juego, y la que lleva el ‘san’ es muy amiga mía. Siempre juego montos pequeños por pocos meses”, explicó Núñez.
“Una vez jugué uno para irme de resort con mi esposo; otra vez, para cambiar el celular; y en otra ocasión le compré una nevera a mi mamá”, añadió al ser entrevistada por De Último Minuto sobre los objetivos con los que participa en esta modalidad de ahorro.
Modalidades del San
Ivelisse Caminero, una empleada privada de 50 años que periódicamente organiza y administra “sanes”, explica que existen distintas modalidades.
Una funciona con montos fijos. Otra, que describe como “modo cooperativo”, permite que los participantes aporten libremente y que, al final, cada uno reciba el monto acumulado, menos la ganancia de la persona responsable, cuyo valor puede variar y se acuerda desde el inicio.
Caminero también detalló una modalidad en la que, en lugar de dinero, se entrega un artículo para el hogar o un electrodoméstico, desde un juego de sábanas hasta un microondas. En esos casos, el valor del producto se divide en cuotas semanales, quincenales o mensuales durante un período determinado, que puede ser de uno, tres, cuatro o seis meses.
“Regularmente yo cojo el primer número porque es como una garantía para pagar cualquier número en caso de que alguien se me atrase”, manifestó Caminero.
“En vez de endeudarme con un banco pagando intereses, lo que hago es que cojo el primer número y voy pagando quincena a quincena, igual que las personas que llevan el ‘san’ conmigo”, añadió.


