Miguel Ángel Campo afirma que la expansión de paneles en techos y la falta de planificación en redes y distribución representan un reto para las distribuidoras
Martín Polanco
El crecimiento de la energía solar en República Dominicana, especialmente a través de paneles instalados en techos, genera inquietudes, por el impacto que estos equipos, muchas veces fuera de control directo, pueden tener sobre la estabilidad de la red y la operación de las distribuidoras de electricidad.
El consultor en energías renovables Miguel Ángel Campo Conde advierte que, aunque las fuentes limpias han ganado terreno y son más competitivas en costos, su integración plantea desafíos técnicos y de gestión que no pueden ignorarse. Entre ellos, menciona la dificultad de prever la generación distribuida, el desbalance entre producción y consumo, y la necesidad de fortalecer la red para evitar distorsiones en el sistema.
A partir de la experiencia de España y otros países europeos, el experto sostiene que el principal riesgo no está en la expansión de las renovables en sí, sino en hacerlo sin una planificación adecuada. A su juicio, el caso dominicano enfrenta el reto de avanzar en la transición energética sin repetir errores asociados al crecimiento desordenado, la falta de control en la generación residencial y la debilidad en la infraestructura de distribución.
Campo Conde cuenta con una licenciatura en Máquinas Navales, Marina Mercante por la Universidad de Cantabria y el aval de más de 25 años de trayectoria en el campo energético, destacándose en la gestión y dirección de equipos humanos en proyectos de diversa escala, que abarcan plantas de cogeneración de menos de 100 megavatios, parques eólicos de hasta 1 gigavatio, plantas fotovoltaicas de 100 megavatios y proyectos de biomasa de hasta 30 megavatios en distintos países.
En República Dominicana su nombre es bastante conocido y en diversos círculos no requiere presentación. Aquí su experiencia incluye la participación en 2001 en la construcción y operación y mantenimiento de plantas de cogeneración aisladas en Uvero Alto, así como su involucramiento en proyectos clave como Los Cocos Wind Farm en 2010, San Pedro Bio-Energy en 2013 y Larimar Wind Farm en 2016.
Además, es socio fundador de la Asociación de Empresas de Mantenimiento de Energías Renovables (Aemer) en España. A lo largo de su carrera ha ocupado posiciones de liderazgo en empresas de alcance internacional como Siemens Gamesa, donde se desempeñó como SEA Key Account Manager Operations; Siemens Wind Power S.L., como Head of Services; Dresser-Rand (una empresa de Siemens), como gerente del departamento de energías renovables; Guascor Servicios, S.A., como director del departamento de renovables; así como en Naviera Teekay y el Grupo Saint-Gobain.
Ha vuelto a República Dominicana a ver compañeros que se quedaron aquí trabajando en variados proyectos y le ha encantado el trato dado. Llevaba diez años sin visitar esta tierra quisqueyana.
¿Qué diferencias encuentra usted hoy en el mercado renovable, respecto a esos años en los que estuvo laborando aquí en distintos proyectos?, le pregunta el periódico elCaribe, en una conversación que, por el interés que generó, se extendió más de lo que se esperaba.
Miguel Ángel es bueno para las pláticas y no lo disimula. “Hay muchas diferencias respecto a años pasados”, reconoce. “Fue un reto la instalación del primer parque eólico en República Dominicana; se desarrolló en Los Cocos”, rememora.
Reconoce que entre los años 2008- 2009, cuando hablaba de la solar aquí en este país, nadie conocía del tema. Y luego era una tecnología muy cara. “El eólico fue algo que costó, porque todo el mundo tenía la idea de los huracanes, de las situaciones meteorológicas, pero luego cuando se instaló el primer parque de Los Cocos, no hubo ningún problema. Entonces, lo que noto ahora mismo, es que el boom aquí, como ha pasado en el resto de países, como en España, está empujando la solar, dentro de la renovable”, indica.
Lo que observa el especialista es que este país va apostando, “pero tiene sus cosas”. Dentro de los recuerdos a los que se refiere Campo Conde está su primera visita al país. “Esa primera vez vine a Uvero Alto, a los hoteles, y en aquel momento eran los sistemas aislados que generaban solo para el hotel. Entonces, lo que veo ahora son esos cambios y la introducción de las renovables”, dice.
Después de 25 años, moviéndose esta nación por las renovables, ¿qué tan atrasada o avanzada está respecto a otras naciones de América Latina en ese ámbito?… Otra interrogante.
“Hay que separar dos cosas; una es la generación y otra cosa es la distribución; cómo distribuyo toda esa energía. Con respecto al resto de países, creo que República Dominicana está en un 20 o 25 por ciento de energías renovables sobre la generación, más o menos. ¿Cuál es el problema? ¿Cómo integras las renovables en el sistema?, porque una cosa es que en el tema de la generación eléctrica, no se almacena. En todo momento tienes que estar generando lo que estás consumiendo. Si eso no se produce así, tienes alteraciones en el sistema. Y por eso va de la mano dónde genero y cómo distribuyo. La red de distribución es fundamental porque es la que te va a permitir dónde las instalo, cómo las transporto y cómo las voy a llevar a los consumidores”, apunta.
Desde el punto de vista del español Campo Conde, es de ahí que surge toda esta discusión ahora, la de tener las baterías de litio y que los proyectos vengan con eso garantizado. “Cuando tú tienes la generación, la generación de combustibles fósiles, que es la más común, esos sistemas son la base, y luego tienes las renovables, tanto la eólica como la solar y la hidráulica. La hidráulica la controlas más, porque son presas. Pero como tienes que estar generando y consumiendo a la vez, esas variaciones, en el caso de los combustibles fósiles te permiten unas variaciones de ±5%; en el caso de las renovables es peor. Es ±30%, como pasó en días recientes con las lluvias”, explica.
“Por ejemplo, si pones la fotovoltaica, ¿qué pasa ahí? Si pones las baterías –y debo decir que son opiniones mías-, te pueden ayudar a regular el sistema, pero no te pueden ayudar a la falta de generación, porque cuando hablamos de la generación en megavatios hora, lo que estoy generando y consumiendo por hora, las baterías yo las cargo y las descargo. Y tiene una capacidad de almacenaje de una hora, de dos horas”, agrega.
“¿Cuándo tienes la mayor demanda aquí?”, se pregunta. “En los hoteles, la curva es por las mañanas, cuando se levantan; enciendes, cocinas, las bombas de las piscinas; luego baja porque la gente se va a la playa, y por la noche sube, cuando vuelve todo el mundo. El mayor consumo es de noche”, asegura.
Explica que cuando está ese consumo por las noches, no están ni la energía solar ni las baterías. “Y luego tienes que estar diciendo continuamente cuánto vas a generar. O si prevés, en el caso de las renovables (cosa que generalmente no puedes prever) si mañana viene mal tiempo hasta las 12 del mediodía y no se podrá generar. Eso se puede hacer. Tienes previsiones cuando tienes parques solares grandes de potencia”, dice.

Relación de una con la otra
Usted es licenciado en máquinas navales. ¿Cómo influyó esa base técnica vinculada a ese sector marítimo en su visión posterior sobre la generación de energías renovables?, pregunta el autor de este escrito. “Cuando tú te formas en máquinas navales, te formas para navegar en barcos, en marina mercante; en petroleros”, responde. Y precisamente, lo poco que ha navegado Miguel Ángel Campo Conde ha sido en petroleros.
Partiendo de su conocimiento, asegura que un barco es el primer sistema aislado de generación. “Un barco es una ciudad que navega. Y tú tienes que generar con lo que consumas. Cuando llegas al puerto no te conectas con un cable y te dan la generación. Tienes unos auxiliares que generan y los que aprendes a regular cuando se trata de generación de frecuencia, de tensión”, explica.
A Campo Conde estos temas le despiertan interés. Se le nota. “Ahí aprendes en esos primeros sistemas aislados a ver la dependencia que hay, que no almacenas. Me arrancan una bomba, subo la potencia del motor (…)”, sigue diciendo.
Y seguidamente recuerda: “Después me fui al tema de las co-generaciones; es cuando empecé aquí en República Dominicana. Y en España, en el 2001, en mi empresa, para la que trabajaba, entonces se empezó a hablar del tema eólico. Había instalados en aquel momento muy pocos parques de esos en España y empezamos a hacer la operación y mantenimiento de proyectos eólicos, rememoró.
Después, según dijo, su empresa estaba muy vinculada a temas medioambientales. “Tuve la oportunidad, que fue muchísima suerte, de hacer los primeros parques solares en España. Cogimos el boom que hubo en aquel momento, hasta 2008, hicimos parques solares. Entonces estuve ligado. Cuando empiezas en algo desconocido da miedo; el eólico no era muy conocido a nivel mundial, me parecieron oportunidades. Y ahí fortalecí mi pasión por la eólica, solar, biomasa, y eso. Entonces la formación viene por el tema de los motores, y luego es parecido, los molinos son grandes componentes”, explica, casi de forma pedagógica.
¿Cuál cree usted que ha sido o es el principal error de aquí, cuando se habla de transición energética. “Error no hay. El error es cómo hago esas integraciones. Van ligadas. Tú no puedes montar renovables si no controlas la distribución y la integración. Para que el sistema no tenga alteraciones. Lo que ocurre es que a veces vamos más de prisa con la generación y con las tecnologías. En unas épocas unas tienen más puntas que otras. En España lo vi en 2001; dependiendo de dónde montabas el parque, qué red tenías de distribución… todo va ligado. Y luego debes tener en cuenta cómo te influyen en el sistema y adaptar el sistema a las variaciones”, responde.
Resaltó que uno de los mayores problemas que tuvo España cuando ocurrió hace meses el apagón general fue que aparte de poseer muchísima fotovoltaica instalada, hay una partida -de la residencial o industrial- que no se controla. Y aunque se plantee como un sistema bidireccional o no, en la práctica no existe un control efectivo sobre esa generación.
Según sus cálculos, aunque no se tiene certeza, rondan los 8,000 megavatios, y lo que ocurre con ellos es que “cuando llegas en la curva, a la demanda, empiezan a generar en sus casas, dejan de consumir y el sobrante se lo inyectan a la red, que no saben lo que está recibiendo en la red, y eso altera. En aquel momento se estaba generando un 55% de energía fotovoltaica.
¿Está República Dominicana preparada para tener miles de pequeños generadores que están constantemente conectados al mismo tiempo?, se le pregunta al experto español. Su respuesta es esta: “¿Te avisan de lo que van a hacer? El problema es que no te avisan. No te avisan de lo que van a hacer, y eso es un problema. Si no te dicen cuánto van a generar, normalmente lo que ocurre con esas instalaciones es que están sobredimensionadas”.
“Aparte que es el mayor coste de instalación. Pero no es lo mismo hacer un parque solar de 5 megavatios, o de 50, o de 100 megavatios, que si instalas tres kilovatios y medio. El coste es altísimo. Eso es un problema. Y sobre todo cuando se hace sin control”, advierte.

Un mal recuerdo, un hecho
En el caso del apagón de España (28 de abril 2025), nadie sabía cuánto había conectado de fotovoltaico, dice Campo Conde. “Nadie lo sabe. Eso llevaba tiempo apareciendo y se hizo sin control. Y cuando se apagó nadie tenía energía en casa. Ese apagón fue por alteración en la red”, apunta. El experto en energías renovables advierte que la expansión de los sistemas solares, especialmente a nivel residencial, plantea retos que van más allá del plano financiero y se concentran en la gestión del sistema eléctrico.
Explica que permitir que los usuarios inyecten energía en el día y consuman en la noche bajo las mismas condiciones genera un desbalance operativo, debido a que los costos de generación no son iguales en ambos momentos. Así las cosas, señala que durante las horas de alta producción solar los precios pueden caer, incluso hasta niveles en los que la generación llega a ser penalizada.
Desde su óptica, uno de los principales desafíos de la energía solar es su incapacidad para regularse, ya que depende de la radiación solar. “Hace sol, sube; no hay sol, baja”, resume, al tiempo que subraya que el sistema necesita fuentes como el gas para garantizar estabilidad, especialmente en horas nocturnas o cuando cae la producción renovable.
Sobre el ritmo de incorporación de energías limpias, considera que hay un riesgo de avanzar más rápido de lo que la infraestructura permite. A partir de la experiencia española, advierte que una expansión acelerada sin fortalecer las redes de distribución puede generar problemas. Dice que la clave está en preparar la red, porque es ahí donde se concentra la capacidad de absorber o limitar el crecimiento de nueva generación.

136 proyectos en carpeta y una posible sobreoferta
En cuanto a la gran cantidad de proyectos de renovables en carpeta, en el caso dominicano, Miguel Campo Conde reconoce que pueden surgir preocupaciones sobre una posible sobreoferta, pero aclara que en la práctica es la propia red la que impone límites, ya que no todos los proyectos logran conectarse ni ejecutarse.
Datos recientes del área energética del Gobierno revisados por elCaribe indican que hay 136 proyectos renovables en distintas fases y más de 7,400 megavatios proyectados (a la fecha podrían ser más). El especialista español recomienda que la transición energética se aborde de manera coordinada entre generación, distribución e inversión. Enfatiza que no debe impulsarse el crecimiento de la generación sin una expansión paralela de la red.
(c) elCaribe (15.04.2026)



