En la actualidad estacionarse en algunas calles tiene un precio impuesto por particulares, entre la delgada línea de la necesidad y la extorsión por la seguridad.
Jorge González. El Nacional
SANTO DOMINGO.R.D.— El sol de las primeras horas de la media mañana empieza a calentar con intensidad. Inicio un recorrido con un equipo de El Nacional por Santo Domingo, donde hay una queja recurrente. Encontrar un estacionamiento libre es un milagro.
Nuestra primera parada lo es el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva. Al llegar al lugar de inmediato, un hombre con un cartón en las manos nos, hace señas enérgicas, para indicarnos donde podemos estacionar al ver los logos e identificación de la camioneta desiste.
De ahí seguimos a dar una vuelta por los alrededores del Centro de Obstetricias y Ginecología, Bellas Artes y el Ministerio de Educación en Gascue. El problema es el mismo. Las calles atestadas con parqueos doble y los mismos dueños gestionando los espacios para estacionarse.
El origen del problema
Lo que comenzó hace años como una actividad de subsistencia con una «propina voluntaria» para cuidar vehículos en la vía pública, se ha transformado hoy en un negocio lucrativo para cientos de parqueadores que viven de este oficio que a veces raya en la extorsión.
Son decenas de parqueadores informales que se han adueñado por completo de las calles de la ciudad, operando un negocio que mueve miles de pesos diariamente y que carece de todo tipo de permiso legal, y funcionando en la mayoría de los casos, a base de amenazas veladas.
La dinámica es tan cotidiana como indignante. Al intentar estacionar en una calle pública, el conductor es abordado inmediatamente por un individuo con que puede o no tener un chaleco reflectante se acerca con un cartón en la mano.

De inmediato de señala el lugar y empieza a guiarte en la maniobra de estacionarse. Antes de desmontarse del vehículo ya el parqueador ha puesto un cartón en tu parabrisas, una señar inequívoca de que debes pagar a tu regreso.
La tarifa no es opcional ni voluntaria; oscila entre montos fijos que varían según: si eres un cliente fijo u ocasionar, la afluencia de la zona o si hay un evento especial en los alrededores.
La tarifa del miedo
El verdadero problema no es solo la ilegalidad del cobro por el uso de un espacio que le pertenece al ayuntamiento, sino el componente de chantaje implícito en la transacción.
“Yo te lo cuido”, expresa un hombre de unos 40 años en los alrededores del Palacio de Justicia de Ciudad Nueva.
“Mire es mejor no discutir. Si no les pagas cuando te retiras, te insultan o te dicen que tu vuelve otro día. Eso no es cuidar, eso es extorsión. Pero para que buscarme un problema si aquí no hay ley”, dijo Ambiorix Ledesma.
Según Ledesma hay que pagar entre 50 y 100 pesos dependiendo del tiempo. “Ahora bien ten cuidado de dar 25 pesos. Vi como a una señora le tiraron la moneda al cristal”, agregó
Un vacío de autoridad que alimenta el caos
A pesar de las constantes quejas de los ciudadanos y las campañas intermitentes de las autoridades locales para recuperar los espacios públicos, el negocio sigue creciendo.
Al ser una actividad informal que se maneja completamente en efectivo, es un negocio redondo que no paga impuestos y que genera ganancias limpias diarias que, en zonas de alta movilidad de personas o centros de entretenimiento, superan con creces el salario mínimo de cualquier trabajador formal.
La falta de una regulación estricta o de sanciones penales severas para quienes se apropian de las vías públicas ha permitido que estas personas operen con total impunidad.

Para muchos conductores, las calles ya no son públicas; tienen dueños sin papeles que imponen su propia ley ante la mirada esquiva de las autoridades.
Mientras las municipalidades no implementen planes integrales de parquímetros, vigilancia policial continua o alternativas de empleo formal para la ciudad, el ciudadano común seguirá atrapado en un dilema diario: ceder al chantaje o arriesgar su patrimonio cada vez que decida estacionar en la calle.
“Soy abogado y debo venir con mucha regularidad a la procuraduría. Usted se ha dado cuenta que por aquí en toda la feria no hay donde estacionarse y lo pocos espacios ellos lo controlan. Así que es mejor pagar”, Saul Rojas.
“Además las consecuencias de no pagar ya son de sobra conocidas por los o te pinchan una goma o te rayan el carro” añadió el abogado.
Lugares más afectados por cuidadores de carros

Los entornos de: ministerios, edificaciones gubernamentales, hospitales, universidades, restaurantes, discotecas, y grandes empresas públicas y privadas, son los lugares de donde operan estos individuos que amparado en su desempleo se adueñan de calzadas y aceras.
El déficit de estacionamientos públicos, la falta de parquímetros en zonas determinadas, y la inacción de las autoridades de las alcaldías y de la Dirección General de Seguridad de Tránsito Terrestre (Digesett) es un factor determinante para que este mal crezca diariamente.
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