Aleem Maqbool*/Editor de religión, BBC ,Acra, Ghana
Este año se ha producido un cambio drástico en el tono del debate mundial sobre la trata transatlántica de esclavos.
La exigencia de disculpas formales, condonación de deudas y compensación financiera por parte de las naciones e instituciones que se beneficiaron de la esclavitud se ha vuelto cada vez más contundente.
En marzo, se aprobó en Naciones Unidas (ONU) una resolución que reconoce la esclavitud como «el mayor crimen contra la humanidad», aunque Estados Unidos y Argentina votaron en contra de la resolución y todas las naciones europeas se abstuvieron en la votación.
Reino Unido, que junto con Portugal dominó el comercio transatlántico de esclavos, ha rechazado sistemáticamente la idea de pagar reparaciones, lo cual quizás no sea sorprendente dado que las estimaciones de lo que Gran Bretaña «debe» en daños a las naciones afectadas ascienden a muchos billones de libras esterlinas.
No obstante, esta resistencia no ha disuadido al país que se ha convertido en la principal voz en materia de reparaciones: Ghana.
Fue Ghana quien presentó la resolución ante la ONU y en junio se celebró una cumbre sobre reparaciones en su capital, Acra, con delegados de alrededor de 80 países, quienes concluyeron que la compensación era una deuda pendiente desde hacía mucho tiempo.
«Ghana siempre ha sido un líder panafricano. Somos el primer país en lograr la independencia en el África subsahariana y en demostrar que es posible luchar contra el poder imperial y vencer», dice a la BBC el ministro de Asuntos Exteriores, Samuel Okuzeto Ablakwa.
La Unión Africana ha encomendado a Ghana la responsabilidad especial de ser «defensora de la justicia reparadora», y es evidente que el liderazgo político del país se está tomando este papel muy en serio.
En parte, esto se debe a que entre el 10% y 15% de los aproximadamente 12 millones de africanos que fueron extraídos forzosamente de sus hogares, arrancados de sus aldeas y deshumanizados a una escala nunca antes vista, provenían de lo que hoy es Ghana. Incluso más fueron trasportados desde sus costas.
«Ghana fue el escenario donde se cometieron estas atrocidades, por lo que Ghana no puede permitirse el lujo de guardar silencio a la hora de garantizar que los perpetradores rindan cuentas», afirma Ablakwa.
El ministro ha pedido un sistema de justicia reparadora que financie becas educativas, capital de riesgo para jóvenes emprendedores africanos e investigación sobre problemas de salud persistentes que, según algunos, pueden tener su origen en la grave desnutrición y las condiciones inhumanas de la esclavitud.
Y aunque insiste en que no se trata de un beneficio financiero directo para los líderes africanos, una de las demandas planteadas en la reciente cumbre sobre reparaciones hablaba claramente de alivio y cancelación de la deuda.
El papel de la Iglesia anglicana

También exige que las instituciones que se beneficiaron del comercio de esclavos rindan cuentas y paguen indemnizaciones. Entre ellas se encuentra la Iglesia anglicana.
En el siglo XVIII, el ala misionera de está iglesia administraba plantaciones y poseía cientos de esclavos, lo que ayudó a financiar su labor en toda América y más allá.
Muchos clérigos de la Iglesia anglicana poseían esclavos de forma independiente y un informe reciente del fondo de dotación de la Iglesia reveló que la institución realizó grandes inversiones en el comercio de esclavos, del cual obtuvo enormes sumas de dinero.
En julio, la líder de la Iglesia, la arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, visitó Ghana en una de sus primeras giras internacionales en el ejercicio de su cargo.
Ella viajó al Castillo de Cabo Corso, una de las muchas fortalezas costeras que habían estado bajo dominio británico y donde retenían a personas esclavizadas antes de que tuvieran que soportar el brutal viaje a América.
Mientras recorría las mazmorras donde retenían a los esclavos y atravesaba «la puerta del no retorno» por la que los obligaban a pasar antes de ser embarcados, Mullally se mostró visiblemente emocionada y se detuvo a rezar.
«Sentí la magnitud de la maldad que representó el comercio transatlántico de esclavos. Es imposible no conmoverse profundamente ante las horribles condiciones en las que vivían esas personas», dijo la arzobispa.

También rezó en una capilla del siglo XVII que estaba situada justo encima de las mazmorras.
«Para mí, eso ilustra de forma contundente la implicación de la Iglesia en la trata de esclavos», afirmó. «¿Cómo pudo la Iglesia permanecer impasible ante los horrores que ocurrían allí abajo?»
«La Iglesia de Inglaterra ha pedido disculpas por el papel que desempeñamos en el comercio transatlántico de esclavos, pero también hemos dicho que es necesario tomar medidas al respecto», declaró Mullally.
La Iglesia ha creado un fondo de impacto social de US$135 millones destinado a beneficiar a las comunidades que se cree que aún sufren las consecuencias del comercio de esclavos.
Pero dentro de la Iglesia, la creación del fondo ha encontrado resistencia, al igual que la presión mundial para que las naciones paguen reparaciones.
Complicidad de africanos
Uno de los principales contraargumentos se centra en el hecho de que algunos africanos fueron cómplices de la captura y venta de sus compatriotas.
Pero el ministro de Asuntos Exteriores, Ablakwa, rechaza categóricamente esta versión. «Creo que se trata de una estrategia para dividir y vencer, y para crear una confusión muy artificial», argumenta.
Él subraya que toda la estructura de la esclavitud fue ideada por las potencias occidentales esclavistas, que simplemente utilizaron a locales para llevar a cabo sus planes.
Ablakwa señala que, cuando se redactaron las leyes, las pólizas de seguros y las estructuras financieras del comercio, «no había ningún africano en la mesa de negociaciones».
«Denunciamos y rechazamos categóricamente las afirmaciones de que los africanos son tan culpables y cómplices como quienes orquestaron toda esta atrocidad», afirma.

Sin embargo, incluso dentro de Ghana el debate sobre la complicidad africana es mucho más complejo y, para algunos líderes tradicionales, reconocer el pasado es un requisito indispensable para la sanación.
El rey Tackie Teiko Tsuru II, el ga mantse, líder del pueblo ga de Ghana, recientemente dio el paso de disculparse públicamente por la participación de sus antepasados en el comercio de esclavos.
«Creo que la trata transatlántica de esclavos fue el mayor crimen contra la humanidad y nuestros antepasados también participaron como agentes en ese comercio», afirmó el rey.
El pueblo ga se convirtió en intermediario que comerciaba con los europeos. Vendían oro, marfil y, en última instancia, africanos esclavizados, a menudo capturados en conflictos locales, a cambio de productos manufacturados traídos principalmente por británicos y holandeses, como textiles, alcohol y armas.
Pero el rey sintió la necesidad de pedir disculpas no solo por la complicidad de su propio pueblo, sino también por la de otros africanos.
«Me mantengo firme en la misma postura de pedir disculpas en nombre de todas las autoridades tradicionales, mis antepasados y ancestros por el papel que también desempeñaron en la esclavitud de nuestros hermanos y hermanas», dijo.
«Ha afectado a vidas y sociedades hasta ahora, y para poder avanzar, hay que mirar al pasado. Nos damos cuenta de que debemos admitir nuestra culpa y corregirla», sostuvo.
El rey cree firmemente en la necesidad de que quienes se beneficiaron del comercio de esclavos paguen reparaciones y reconoce que él también debe comprometerse a reparar el daño financiero.
«Creo que eso sustenta una condición de valentía moral y credibilidad», aseguró.
Para los ga mantse, admitir la culpa no atenúa la responsabilidad de los imperios europeos. Por el contrario, consolida la posición moral de África y sienta un precedente sobre cómo avanzar.
Invitación a la diáspora africana
Ghana está marcando la pauta en otro aspecto para intentar reparar el daño causado por la trata de esclavos. El país ha llevado a cabo una campaña de gran repercusión invitando a la diáspora africana, en particular a los afroestadounidenses, a visitar el continente.
Se ha promovido como un medio para unir a las personas en la historia compartida de su pasado traumático, centrándose literalmente en la «reparación» a un nivel muy humano.
Yaw Asare, actualmente estudiante de doctorado ghanés en la Universidad de Howard, trabajó anteriormente en la Oficina de la Diáspora del presidente de Ghana, que dirigió la campaña.

Inicialmente, la reunión de personas negras de todo el mundo fue, según él, «una experiencia hermosa y profunda, desprovista de motivos capitalistas». Pero afirma que, en algunos aspectos, la iniciativa pronto cambió.
«La Autoridad de Turismo de Ghana también se sumó a la iniciativa y la utilizó para mejorar su proyecto turístico», explica Asare, y añade que la iniciativa dejó de centrarse en la «reparación» para convertirse en un objetivo más enfocado en alcanzar las cuotas turísticas.
Asare considera que la campaña a menudo ha considerado a la diáspora que regresa simplemente como un medio para obtener dinero en efectivo del extranjero, lo que eleva los precios y altera negativamente las economías locales.
«Ahora la gente (local) se está dando cuenta de que no tiene acceso a cosas básicas», señala Asare, y describe cómo los ghaneses locales han sido marginados económicamente.
Lo que es aún más devastador, considera que la comercialización de la iniciativa eclipsó el profundo trabajo psicológico que se necesita con urgencia tanto para los habitantes locales como para los miembros de la diáspora que regresan.
«Estamos tratando con seres humanos, estamos tratando con personas. No podemos reducirlos a ‘vengan a ver este sitio, paguen esta entrada'», dice Asare.
Además, cuestiona por qué se les exigía pagar las mismas tarifas de entrada que a los turistas europeos, por ejemplo, en los castillos costeros donde se traficaba con esclavos, en el contexto de una iniciativa que en parte pretendía abordar el trauma de los africanos en la diáspora.

Según él, todo esto supone una oportunidad perdida para abordar traumas profundamente arraigados, algunos de los cuales, en su opinión, están grabados en la propia geografía y psicología del Ghana moderno.
«En Jamestown (en Acra) la gente vive hacinada porque existe el temor de que ‘si vivo lejos, me podrían secuestrar'», dice Asare, en una señal de cómo preocupaciones centenarias dictaron por qué la gente construía sus casas tan juntas.
Jamestown es uno de los distritos más antiguos de la ciudad, una comunidad construida originalmente alrededor de un fuerte costero británico donde se traían esclavos, se comerciaba con ellos y luego se los enviaba en barcos a América.
Para Asare, la verdadera justicia reparadora debe priorizar la conexión humana y la sanación por encima de las transacciones financieras.
«Tenemos que retirar la curita y mirar la llaga, la herida abierta que hay», indica Asare sobre lo que él considera verdaderas reparaciones.
Y luego, agrega, «ver cómo podemos curarla, cuidarla y sanarla».
*Con información adicional de Catherine Wyatt.
(c) BBC News Mundo



