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¿Hacia dónde va el Partido Demócrata?

REDACCIÓN Por REDACCIÓN
septiembre 20, 2026
en Internacionales
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¿Hacia dónde va el Partido Demócrata?

Kamala Harris, última candidata presidencial demócrata, junto al ex presidente Barack Obama, durante un acto en Atlanta (REUTERS/Kevin Lamarque)

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Dependiendo del resultado de las primarias que están teniendo lugar, el resultado va a decidir si el partido regresa a ser una expresión tradicional entre el liberalismo  y la social democracia, o si se inclina por una izquierdización impulsada por los socialistas

Ricardo Israel / Infobae

Los demócratas están viviendo un proceso de definición interna similar al de los republicanos a partir de la irrupción de Donald Trump, el cual culminó en el triunfo interno de Trump y su control de la colectividad después de derrotar a rivales en primarias. Los demócratas aparecen tan divididos como lo estuvieron alguna vez los republicanos, sin un liderazgo claro, y, por lo tanto, con varios aspirantes a la candidatura presidencial, pero, por lo mismo, sin definiciones claras, más allá de la total oposición al gobierno republicano.

Dependiendo del resultado de las primarias que están teniendo lugar, algunas con mayor publicidad e impacto que otras, el resultado va a decidir si el partido regresa a ser una expresión tradicional entre el liberalismo y la social democracia, o a través de una fracción conocida como los Socialistas Democráticos de América (en inglés: Democratic Socialist of America, DSA) ese triunfo significaría una izquierdización del partido, y por primera vez en la historia, una de los dos agrupaciones políticas que han llegado a la Casa Blanca, adoptaría una definición y una plataforma socialista, sin complejos, quizás similar a partidos que con ese nombre hicieron política en Francia o Italia.

Aunque estamos lejos de ese escenario hay que pensar en esos términos dada la polarización que se vive, donde la figura de Trump ha sido tan dominante en partidarios y opositores, que todo estudio o encuesta coincide, en que el votante demócrata por sobre todo quiere una oposición total, la latinoamericanización que ha sufrido la política estadounidense, que explica la desaparición del consenso como también del centro político.

Es decir, si los demócratas socialistas transforman su éxito en primarias en triunfos en la elección general de este noviembre, podríamos estar presenciando un fenómeno que se ha dado en diversas oportunidades en otras partes del mundo, el copamiento de un partido por otra colectividad, ya sea, por fusión o adquisición hostil, de la cual el primer ejemplo que se conoce fue el triunfo interno de los bolcheviques sobre los mencheviques socialdemócratas de Kerensky en los albores de la Revolución Rusa en 1917.

Aunque varían dependiendo del país, y existiendo también en dictaduras, en general se entiende que, en democracia, un partido político es una organización de interés público cuyo objetivo es el poder político para aplicar un programa, y quienes integran la organización comparten objetivos, intereses, principios, valores y proyectos, a ser ejecutados total o parcialmente. En EE. UU. tienen la característica que solo militantes demócratas o republicanos han llegado a la Casa Blanca, instituciones que, a diferencia de otros países, más que partidos son movimientos, es decir, a su interior hay personas que tienen más libertad para pensar y actuar distinto, sin que por ello, se les sancione, y que también aceptan la existencia de facciones, que en el caso de los demócratas, además de la mencionada tienen a su interior grupos que se autodefinen como liberales o progresistas o moderados o laboristas o conservadores, además de apoyos que se reciben de otros partidos, como ocurre con el Comunista estadounidense, que desde 1984 los apoya en las presidenciales.

Sin embargo, como cambian personas y sociedades, que lo hagan partidos cada 30 o 50 años no es algo excepcional, sino que es más habitual de lo que se cree, y testigo de ello es la propia historia de los demócratas, partido que ha sufrido cambios a partir de elecciones como la de Franklin D Roosevelt en los 30 que redefinió las características del Estado moderno estadounidense hasta su reacción actual a los cambios que trae consigo la aparición de Trump.

Es uno de los partidos más antiguos del mundo ya que sitúa sus orígenes en el Partido Demócrata-Republicano de Thomas Jefferson y James Madison, dos padres fundadores de EE. UU. y en el gobierno desde 1801, partido del que se separa a partir de 1828, destacándose quienes serían posteriormente seguidores de otro presidente, Andrew Jackson. La derrota de Jackson en la elección presidencial de 1824 a pesar de haber sido el candidato más votado ocasionó una división que condujo a que sus partidarios crearan el partido “jacksoniano” para elegirlo en 1829, partido que a partir de 1834 comienza a llamarse “Demócrata”, nombre que pasa a ser definitivo en la Convención de 1844.

La figura de Trump ha sido tan dominante en partidarios y opositores

En sus inicios, la filosofía del partido fue el conservadurismo con otra ideología que tuvo importancia posterior, el populismo que muchas veces estuvo presente en las zonas rurales del sur. Sin embargo, el New Deal, el Nuevo Trato de Franklin D Roosevelt cambió tanto al país que las facciones conservadoras del partido se extinguieron fuera del sur, coalición que además los acercó mucho a los inmigrantes católicos, a los trabajadores sindicalizados y a las posturas socialdemócratas. Sin embargo, en el sur se mantuvo siempre cercano al viejo racismo, por lo que una característica marcada fue representar tanto a los líderes del KKK como al liberalismo del este.

En la década del 60 con Kennedy todo cambiaría y el partido se convierte en la expresión de la llamada coalición arcoíris por representar a los afroamericanos, a las mujeres y a los hispanos o latinos. Fue el periodo, en que los demócratas fueron una mezcla de posiciones a la vez socialdemócratas y liberales (que se entiende como izquierda en EE.UU), década en que la mantención del racismo se expresa a través de sectores partidarios que levantan la candidatura presidencial del gobernador Wallace en 1968, existiendo un último intento que no prosperó en la elección de 1972, hasta desaparecer la presencia del racismo cuando los demócratas hacen propio el discurso de M.L. King de tal manera que se convierten en la expresión de alianza con el voto afroamericano.

Considerando esta historia no debiera sorprender el cambio actual, ya que ahora las primarias y las encuestas muestran que hay un apoyo creciente a las ideas socialistas entre militantes y votantes, lo que ha ocurrido al mismo tiempo que un alejamiento de la idea tradicional del “sueño americano” como también al aumento a su interior de las críticas a insuficiencias del capitalismo estadounidense en temas como la salud y beneficios sociales, por lo que no es del todo sorpresivo lo que está ocurriendo, ya que no fue algo que ocurriera de la noche a la mañana. .

Ello ha ido acompañado por otro proceso, donde esa característica de ser expresión de los trabajadores sindicalizados chocó con la realidad de los otros factores que hicieron posible los triunfos electorales de Trump y los cambios que ha promovido, ya que la desindustrialización de EE. UU. se unió al ascenso chino y la irrupción de la sociedad digital. Es por ello que ha disminuido en el partido la relevancia sindical, tanto que hoy más que representar a los pobres y a los trabajadores industriales, los demócratas representan a elites universitarias de las grandes ciudades, en general, muy enojadas por las deudas universitarias que han contraído, en algunos casos impagables, sin encontrar trabajo en aquello que estudiaron, y respaldando soluciones socialistas, hoy, representadas por el alcalde Mamdani en Nueva York.

Los cambios no se detienen allí, sino en varias otras áreas. Una ha sido el cambio desde ser el partido de la minoría judía a posiciones extremadamente críticas de Israel, y una de las certidumbres del actual proceso interno, es que quienquiera sea el o la candidata/o, su plataforma va a ir en el sentido de acabar con o rebajar la actual alianza estrecha entre ambos países, que es coincidente con los cambios que en esta materia han tenido lugar en la sociedad y en las universidades estadounidenses.

Durante la administración Biden hay modificaciones programáticas, donde el partido toma posiciones que lo alejan de la socialdemocracia, para acercarlo a corrientes del wokismo y que hoy han mutado en acercamiento a la tradición socialista, que solo sorprenden por tratarse de un país donde no habían echado raíces como es EE. UU.

Por su parte, estos sectores socialistas en ascenso no son propiamente un partido tal como lo entendemos, sino que los DSA hacen hoy política al interior de los demócratas, siguiendo el ejemplo de su indiscutido líder, el veterano senador Sanders, que ha sido electo al Senado por el partido demócrata, se ha presentado varias veces a las primarias presidenciales, pero no es militante como tampoco lo es de DSA, que se define como “una organización política y activista democrática y laborista de EE. UU.” Es decir, más que competir en elecciones como un partido, lo están haciendo al interior y en representación del partido demócrata, con lo que tienen un impacto notablemente superior, al mismo tiempo de fortalecerse allá, doble ganancia gracias a la ceguera demócrata.

El Partido Demócrata atraviesa una definición interna marcada por la polarización y la falta de un liderazgo claro frente al avance de sectores socialistas. (REUTERS/Jeenah Moon)

Lo que ha pasado, es que esas ideas que siempre han existido, solo que, en los márgenes, una vez que se hacen en nombre de los demócratas, adquieren un tono “mainstream”, es decir, de corriente principal, que explica lo que ha estado pasando con las ideas socialistas, que se movieron desde la exclusión a la posibilidad de llegar a la Casa Blanca. Es lo que también explica lo que ocurrió en las universidades y en los medios de comunicación, donde ideas que antes eran marginales como la judeofobia adquirieron una visibilidad especial al ser habladas desde el partido demócrata, recibiendo una legitimidad antes desconocida.

Los orígenes de DSA provienen del Partido Socialista de América y de Eugene V. Debs, quien fuera cinco veces candidato a la presidencia (1900-1920). En su versión moderna, en 1982 se fusionan partidos y movimientos para dar origen a la fundación de Socialistas Democráticos de América, quienes apoyaron al candidato Ralph Nader del Partido Verde el año 2000 para asentarse definitivamente en el Partido Demócrata, quien les dio la bienvenida por la idea movimientista de convertirse en frente del progresismo más que existir sólo como un partido, idea que también se encuentra en el partido republicano en relación a las ideas conservadoras, de representar al conjunto de ellas.

El cambio definitivo ocurre cuando para las elecciones de 2016, el DSA respalda a Bernie Sanders en las elecciones primarias demócratas contra Hillary Clinton. Los activistas llegan masivamente a apoyar un desempeño que superó expectativas en número de delegados. Al concluir las primarias, los activistas no se retiraron, sino que permanecieron en el partido, captando cada vez mayor poder e influencia en las propuestas partidarias. A partir de la elección de Trump el 2016 y, sobre todo, con su nueva victoria, la militancia en el DSA ha crecido enormemente al igual que la cantidad de miembros, que compitiendo como demócratas son electos para cargos locales y puestos públicos en una cantidad creciente de Estados, lo que a su vez incrementa las propuestas demócratas de carácter anticapitalista como también el número de militantes DSA que han ganado primarias para competir por vez primera este noviembre.

Este ascenso emparejado con el del Senador Sanders, quien adquiere nuevo protagonismo, ya que su desempeño como candidato en las primarias es tan bueno que causa temor en Hillary, que podría repetirse lo que ocurriera con el triunfo inesperado de Obama en la primaria del 2008, que en un golpe interno es bajado el senador Sanders de su candidatura después que una representación de donantes de mucho dinero, hacen ver que no seguirían apoyando al partido por un impuesto a los ingresos que postula Sanders, una idea que hoy es oficial entre demócratas electoralmente exitosos como Mamdani.

Sanders acepta bajarse, pero sus ideas pasan por vez primera a la plataforma oficial del partido, lo que se repetiría el 2020 con Biden, donde hay una renuncia de varios candidatos para posibilitar que éste triunfe en las primarias de Carolina del Norte, sellando así su alianza con los representantes afroamericanos, ya que el desempeño de Biden no había sido bueno hasta esa fecha. Sanders obtiene a cambio que toda la plataforma de Biden sea ahora oficialmente sus ideas de siempre, y que en el tema climático no solo sea la propuesta de campaña sino la del futuro gobierno mismo.

Paralelamente crece sin parar hasta hoy la importancia de los militantes DSA que también adquieren experiencia de gobierno y visibilidad en cargos de menor importancia en el gobierno de Biden, lo que les permite tanto hacer carrera como acceso a financiamiento de campaña, tal como se ha mostrado en estas primarias.

Las primarias demócratas pueden decidir si el partido regresa a una tradición liberal y socialdemócrata o profundiza una izquierdización impulsada por los Socialistas Democráticos de América. (REUTERS/Anna Rose Layden)

¿Qué puede pasar en el Partido Demócrata?

Primero, nada, que estos candidatos que han ganado primarias sean rechazados por los votantes independientes y todos sean derrotados, lo cual es poco probable, ya que difícilmente el partido volverá a ser lo que era antes, con un predominio del voto moderado entre los representantes y la militancia, posibilidad que hoy no existe, ya que ambos partidos están cambiados, adaptándose a lo que conjuntamente han creado, un EE. UU. dividido y polarizado, sin consensos comunes. Además, en lo que a financiamiento se refiere, a diferencia de épocas anteriores, hoy los demócratas tienen mejor caja electoral que los republicanos, debido a que sus principales donantes es gente muy rica que ha hecho su fortuna en empresas de las nuevas tecnologías, en criptomonedas, IA, Internet y similares, y en general, están conformes con las posiciones demócratas.

Segundo, que la elite partidaria cuando ha tenido que actuar enfrentada a desafíos como el actual, se decida a hacer lo que hizo la única vez que tuvo una experiencia semejante, cuando durante y después de Vietnam, el espíritu del movimiento contrario a la guerra se hizo carne en el partido, eligiendo en primarias candidatos ultraliberales y pacifistas para que fueran derrotados por Nixon y Reagan por mayorías muy amplias. Por lo tanto, decidieron crear los llamados superdelegados para evitar tener presidenciables que no fueran candidatos elegibles, que se sumaran a los delegados electos regularmente por cada Estado quienes están obligados a respetar los resultados, cuando estos superdelegados no tienen esa obligación. Al mismo tiempo, su número representa un total capaz de elegir a un nuevo candidato, si es notorio que el ganador interno no tiene posibilidad por tener posiciones extremas. En general, son autoridades partidarias o que han sido funcionarios o han tenido cargos como gobernadores, alcaldes, ministros o senadores, cuyo número ha superado el 15% de los delegados en cada Convención a partir de entonces.

Quienes han estado detrás de estos números son una élite, que cuando ha tenido que tomar decisiones lo ha hecho sin dudar un instante, por poco democrático que sea lo resuelto, tal como ocurrió cuando bajaron a Biden el 2025 por su notorio deterioro físico y mental para el cargo, a pesar de que había ganado las primarias, además que la vicepresidenta Harris fue designada sin elección o legitimación interna.

La duda es si se atreverían a dar un paso semejante para quedarse con el nombre del partido, si la situación sigue deteriorándose para ellos, paso que quizás deban dar, ya que, en un sistema tan bipartidista, no existe espacio como no lo ha existido nunca para una tercera fuerza.

Steve Hilton, candidato republicano a gobernador de California, de izquierda a derecha; Tom Steyer, candidato demócrata a gobernador de California; y Katie Porter, candidata demócrata a gobernadora de California, durante un debate gubernamental en los estudios de KRON en San Francisco (Jason Henry/Pool via REUTERS)

Hoy EE. UU. está en la recta final de una elección de medio término donde las encuestas coinciden en un triunfo demócrata, y donde ese triunfo, al igual que en su gobierno anterior, impulsaría una acusación constitucional contra Trump y, por lo tanto, un escenario distinto al actual. Sin embargo, recién se entra en la recta final, y muchas cosas pueden cambiar, incluyendo la guerra de Irán. A favor tienen los republicanos, que pueden vincular esos comicios con la presidencial, y ya al parecer tienen el candidato, en la persona del vicepresidente J.D. Vance, en cuya compañía Trump está hoy recorriendo el país, mientras que los demócratas no tienen nada resuelto dada su división actual, como tampoco tienen programa ni candidato/a, o mirado desde otra perspectiva, en vez de no, tienen varios, sin que alguno/a sobresalga.

En contra del avance socialista no solo están los republicanos, sino también los demócratas centristas/moderados. Ambos grupos repiten, cada uno desde su perspectiva, lo que se ha hecho antes, es decir contra los nuevos lideres demócratas al igual que en el pasado contra este tipo de candidaturas se ha dirigido una clásica campaña anticomunista que con votantes jóvenes que ignoran lo que fue la URSS parece haber sido muy poco exitosa, al igual que las grandes cantidades que ambos han gastado en contra de los socialistas. El fracaso consiste en repetir argumentos anticomunistas del pasado en vez de hacerlo contra aquellas propuestas que ganaron las primarias, es decir, ideas que han fracasado en todas partes donde han sido intentadas, pero que tienen base creíble: dificultades para tener trabajos bien pagados, alza en los precios de vivienda, deuda estudiantil, y similares problemas reales.

Todo pronóstico está ensombrecido por la polarización, ya que el debate interno demócrata está contaminado con el rechazo total a Trump, y votantes que creen que todo es aceptable para derrotarlo, además que hay temor entre otros demócratas a confrontar a aquellos que tienen viento a favor, ya que entre los moderados, incluyendo dirigentes como Jeffries y Schumer hay temor que alguien en ascenso como Ocasio-Cortez los derrote en las próximas primarias, al igual que no se aprecian muchos judíos confrontando con la energía requerida al antisemitismo.

En todo caso, como hay elecciones ahora en noviembre, el primer deber de un candidato es elegirse y junto con ello, intentar después llegar o permanecer en el gobierno, ya que solo desde allí se puede llevar a cabo un programa, por lo que siempre predomina el poder, adquirirlo o conservarlo para el oficio que han elegido.

(c) INFOBAE

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