Luis Abinader quedó como presidente del PRM y alrededor suyo fue conformada una dirección donde conviven distintas generaciones y espacios de poder
Diario Libre
La política también se explica mediante fotografías y la que dejó el PRM este domingo tiene más contenido del que aparenta, porque una organización atravesada por aspiraciones presidenciales, liderazgos propios e intereses distintos consiguió distribuir una parte importante de su poder interno sin convertir el proceso en una crisis pública.
Esa fue una primera prueba y el PRM acaba de superarla, no porque hayan desaparecido las diferencias ni porque todos quedaran satisfechos, sino porque logró procesarlas sin fractura visible.
En política, la madurez de una organización no consiste en eliminar los conflictos, algo imposible cuando existe poder en juego, sino en encontrar mecanismos para que esos conflictos no terminen destruyéndola.
Luis Abinader quedó como presidente del PRM y alrededor suyo fue conformada una dirección donde conviven distintas generaciones y espacios de poder, mientras las nuevas autoridades fueron escogidas por cuatro años, un dato que no debería pasar inadvertido porque esa estructura atravesará las elecciones presidenciales de 2028 y permanecerá vigente hasta 2030.
La decisión coloca además a Abinader en una posición singular, pues su mandato constitucional concluye en 2028 mientras su período como presidente del PRM continuará dos años más, de manera que, sin necesidad de anticipar cómo ejercerá esa condición, lo ocurrido el domingo demuestra que conserva capacidad para ordenar y equilibrar una organización donde ya existen aspiraciones por sucederlo.
Ahí, aquella imagen aparentemente trivial del presidente bailando el «Chucuchá» adquiere otra lectura, porque pudiera tratarse simplemente de un baile, aunque también puede proyectar el estado de ánimo de un político que parece haber entendido su circunstancia y, en lugar de convertir la imposibilidad constitucional de volver a presentarse en un drama anticipado, comienza a administrar el poder que todavía conserva.
Abinader, no parece andar en sentimientos, sino en pragmatismo político, y el domingo apareció una evidencia: frente a una distribución de posiciones que inevitablemente produciría ganadores y desplazados, el PRM logró construir una salida sin exhibir una confrontación que terminara eclipsando el proceso.
La experiencia política dominicana aconseja no subestimar ese dato, porque las grandes fracturas partidarias no comienzan necesariamente durante una campaña electoral, sino cuando dirigentes con méritos y aspiraciones entienden que fueron excluidos, los grupos comienzan a contar posiciones y las decisiones internas dejan de interpretarse como equilibrio para comenzar a sentirse como agravios.
Es ahí donde la fotografía del PRM se convierte en un desafío para el PLD y la Fuerza del Pueblo, pues mientras el partido gobernante acaba de demostrar que puede colocar intereses diferentes alrededor de una solución común, las principales organizaciones opositoras todavía mantienen una relación condicionada por las heridas que dejó la ruptura política de 2019.
No se trata de reclamarles una alianza ni negarles el derecho a disputarse el liderazgo opositor, porque ambos necesitan construir fortalezas propias, aunque existe una realidad que tarde o temprano tendrán que procesar: las elecciones de 2028 no se decidirán con los sentimientos de 2019.
La política exige memoria, pero también saber cuándo esa memoria deja de servir para aprender y comienza a impedir avanzar.
Abinader, parece haber comprendido una regla elemental del poder: no necesita querer a todos para necesitar políticamente a muchos, como tampoco, cada diferencia tiene que convertirse en enemistad ni cada exclusión en ruptura.
La fotografía del domingo, por tanto, no muestra un PRM sin contradicciones, porque sería ingenuo sostenerlo, sino una organización que enfrentó una primera tensión importante de su nueva etapa y consiguió procesarla sin romperse.
Naturalmente queda otra fotografía, quizás menos sonriente: la de quienes aspiraban y quedaron fuera, aunque tampoco deberían desesperarse, porque en política las puertas suelen abrirse nuevamente y existen circunstancias que pueden producir vacantes inesperadas.
Así que, para la foto número dos del PRM, cabeza fría. Por ahí anda la Cámara de Cuentas.
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