Angel Puello

Después de más de 40 años trabajando en televisión y comunicación, puedo afirmar algo con absoluta claridad: la televisión dominicana no está muriendo. Lo que está muriendo es la idea de que la televisión vive solamente dentro de un televisor.
Ese tiempo terminó.
Hoy un celular puede ser cámara, estudio de edición, canal de distribución, archivo, sala de redacción y punto de encuentro con la audiencia. Y lejos de representar una amenaza, puede convertirse en el mejor aliado de nuestros canales, productores y comunicadores.
La pregunta ya no es cuánta gente vio un programa cuando salió al aire. La verdadera pregunta es cuánta gente seguirá viéndolo durante las próximas horas, días y semanas.
Ahí está el nuevo negocio.
Una entrevista de televisión no debe producir una sola emisión.
Debe producir clips, reels, shorts, titulares, frases, fotografías, avances y conversaciones.
Un programa de una hora puede convertirse fácilmente en treinta piezas digitales.
Ese cambio de mentalidad es urgente.
La televisión dominicana tiene una enorme ventaja: posee talentos reconocidos, experiencia, marcas históricas, archivos valiosísimos y capacidad profesional de producción. Lo único que necesita es comprender que cada contenido debe nacer pensando también en el teléfono.
No podemos seguir produciendo únicamente para el horario de las ocho, las nueve o las diez de la noche.

Hoy competimos por la atención de una persona que puede estar viendo contenido en un tapón, en una cafetería, en el trabajo o desde otro país.
Y ahí entra otro elemento maravilloso: la diáspora.
Un contenido dominicano ya no tiene por qué limitarse a nuestro territorio. Puede llegar instantáneamente a Nueva York, Madrid, Miami, Puerto Rico o cualquier lugar donde exista un dominicano con un teléfono en la mano.
Mi consejo a los productores es simple: no le tengan miedo al celular.
Úsenlo.
No vean las redes como competencia.
Conviértanlas en repetidoras.
No abandonen la televisión tradicional.
Multiplíquenla.
La televisión dominicana tiene futuro, pero ese futuro requiere velocidad, adaptación y humildad para aprender.
Porque la gran revolución no consiste en sustituir la pantalla grande por la pequeña.
Consiste en entender que ahora tenemos ambas.
Y quien aprenda a dominarlas juntas tendrá una audiencia mucho mayor que la que alguna vez imaginamos.
(c) Joseph Cáceres / Merengala


