Un estudio global publicado en The Lancet Public Health señala que la expectativa de vida avanzó más rápido que el lapso sin enfermedades. Las afecciones crónicas como dolor lumbar, depresión y pérdida de audición, son las que más afectan a los mayores
Silvia Pardo. Infobae
Las personas en todo el mundo viven más, pero también acumulan más años de mala salud, según un estudio delInstituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME en inglés) publicado en The Lancet Public Health.
La investigación que advierte que el progreso sanitario ya no puede medirse solo por la longevidad, sino por cuánto de esa vida adicional transcurre con enfermedades crónicas, discapacidad o limitaciones funcionales.
En una generación, la brecha global de morbilidad (años poco saludables) creció casi dos años: pasó de 8,8 años en 1990 a 10,7 años en 2023.
Ese año, la población mundial vivió en promedio el 14,5% de su vida con mala salud, frente al 13,6% registrado en 1990.
El doctor Eric Topol, referente mundial en longevidad, destacó la investigación en su cuenta en X: “En todo el mundo, la esperanza de vida está aumentando, pero la brecha con respecto a la esperanza de vida saludable se está ampliando. Es decir, más años de enfermedad, lo que se observa principalmente en países de altos ingresos. Estados Unidos tiene la mayor brecha de morbilidad”.

Y resaltó palabras del doctor Christopher Murray, director del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington y autor principal del estudio: “Nuestros hallazgos sugieren que los futuros avances en la salud de la población no solo provendrán de ayudar a las personas a vivir más tiempo, sino de ayudarlas a vivir de manera más saludable“.
El trabajo se basó en las estimaciones del estudio sobre la Carga Global de Enfermedad 2023 y analizó la evolución del envejecimiento saludable entre 1990 y 2023 por países, regiones, sexo y nivel de desarrollo sociodemográfico. También identificó las afecciones y los factores de riesgo que más contribuyen a los años vividos con mala salud.
Entre 1990 y 2023, la esperanza de vida global al nacer aumentó de 64,6 a 73,8 años, mientras que la esperanza de vida saludable subió de 55,9 a 63,1 años. La diferencia entre ambos indicadores se amplió porque la supervivencia avanzó de forma más rápida que los años vividos en buen estado de salud.
La mayor longevidad no estuvo acompañada por la misma mejora en la calidad de vida

El estudio encontró que esta expansión de la brecha de morbilidad no quedó confinada a la vejez. Según la investigación, el aumento de los años vividos con mala salud se observó a lo largo de toda la vida adulta, lo que sugiere que más personas conviven durante más tiempo con enfermedades y discapacidades.
La pandemia de COVID-19 alteró de forma temporal tanto la esperanza de vida como la esperanza de vida saludable. El análisis concluyó que esa interrupción no cambió la tendencia general de fondo: la brecha de morbilidad siguió ampliándose.
Murray añadió que “el progreso en el envejecimiento saludable debe medirse no solo por la esperanza de vida, sino también por la salud a lo largo de la vida, con una mayor inversión en prevención, manejo de enfermedades a largo plazo y atención de enfermedades crónicas para reducir los años vividos con mala salud”.

La carga de la mala salud mostró diferencias marcadas entre países y regiones. Los periodos más extensos de vida con mala salud aparecieron en los lugares con mayor esperanza de vida.
En 2023, Estados Unidos registró la mayor brecha nacional de morbilidad, con 14 años, seguido por Australia con 13,9 años y Canadá con 13,7 años. El estudio asoció ese patrón con los países de mayor Índice Sociodemográfico, donde la longevidad avanzó más que la calidad de vida.
El mismo comportamiento apareció en las siete superregiones del estudio GBD, que entre 1990 y 2023 aumentaron tanto en años absolutos como en proporción de vida transcurrida con mala salud. La superregión de altos ingresos tuvo la mayor brecha en 2023, con 12,7 años, mientras que África subsahariana presentó la menor, con 9,0 años.
Las mujeres viven más años que los hombres, pero pasan más tiempo con enfermedades

En todas las regiones y niveles de desarrollo, las mujeres vivieron más que los hombres y también soportaron más años con mala salud. El trabajo señaló que la ventaja femenina en esperanza de vida no se tradujo en una mejora equivalente de los años vividos con buena salud.
En 2023, las mujeres registraron una brecha de morbilidad promedio de 12,1 años, frente a 9,3 años en los hombres. Esa diferencia se repitió en todos los quintiles del índice de desarrollo social, lo que indica que el patrón se mantuvo en distintos contextos socioeconómicos.
Catherine Bisignano, redactora científica sénior del IHME y coautora del estudio, afirmó que “las mujeres viven más que los hombres en casi todo el mundo, pero también pasan más años con mala salud”. También señaló que “para mejorar el envejecimiento saludable, será necesario prestar mayor atención a las afecciones y los factores de riesgo que influyen en los años vividos con discapacidad”.
Más de la mitad de los años vividos con mala salud en el mundo se explicaron por un grupo relativamente pequeño de afecciones crónicas, en su mayoría no mortales. En 2023, ese conjunto representó el 57,4% de los años de mala salud

Los trastornos musculoesqueléticos, en especial el dolor lumbar, fueron el principal contribuyente a la brecha de morbilidad. Detrás aparecieron los trastornos mentales como depresión y ansiedad, las enfermedades de los órganos de los sentidos, incluida la pérdida de audición asociada a la edad, las caídas y otras lesiones no intencionadas, además de otras enfermedades crónicas no transmisibles.
El estudio también vinculó muchos de esos años de mala salud con factores de riesgo prevenibles o controlables. A escala global, los principales fueron la glucosa plasmática en ayunas elevada, el alto índice de masa corporal, la desnutrición infantil y materna y el consumo de tabaco.
Esos factores variaron según la región y el nivel de desarrollo. En África subsahariana y otros entornos con bajo desarrollo socioeconómico, la desnutrición infantil y materna ocupó el primer lugar entre los riesgos asociados a la brecha de morbilidad, y la contaminación del aire figuró entre los cinco principales.
El estudio sostuvo que, a medida que envejece la población, se necesita más prevención de enfermedades crónicas, retraso de la discapacidad y acceso a rehabilitación, servicios de salud mental y atención de largo plazo para enfermedades crónicas. La publicación señaló que reducir los años vividos con mala salud exigirá actuar sobre los principales factores de riesgo e invertir en servicios que alivien el impacto de la discapacidad sobre las personas, las familias y los sistemas de salud.
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