A unos 20 minutos de la capital, la cuna azucarera de América resiste sin señalización ni protección urbana. Un recorrido en primera persona evidencia el trágico deterioro progresivo denunciado sistemáticamente por El Nacional.
Jorge González
Santo Domingo Oeste, RD.— A unos 20 minutos de la capital, la cuna azucarera de América resiste sin señalización ni protección urbana. Un recorrido en primera persona evidencia el trágico deterioro progresivo denunciado sistemáticamente por El Nacional.
Camino entre la densa vegetación a sólo treinta minutos de la Ciudad Colonial. Ante mis ojos se alzan imponentes las Ruinas de Engombe, un monumento arquitectónico fuera del núcleo urbano histórico. Sin embargo, su enorme valor patrimonial luce opacado por el abandono de las autoridades.
Recorro la estructura desprotegida y compruebo la falta total de identificación colonial. No existen vías asfaltadas para acceder ni alumbrado público en el perímetro, aunque reconozco que el área está limpia. Sorprende profundamente que muy pocas personas conozcan la existencia de este valioso patrimonio nacional.
El Nacional ha escrito reiteradamente sobre este trágico estado de deterioro progresivo. Al caminar por el lugar corroboro cada denuncia periodística publicada. Las autoridades continúan ignorando estos persistentes llamados de alerta sobre un monumento insustituible que languidece día a día sin respuesta oficial.
Un policía municipal vigilaba el lugar y dos empleadas de la alcaldía limpiaban el área.

Vigilancia y limpieza
Observo que, aunque en esta área protegida hay un policía medioambiental y varios obreros del ayuntamiento limpian el entorno, en los alrededores se levantan talleres y construcciones sin ningún tipo de supervisión.
“Por lo regular aquí nunca hay vigilancia y, cuando la hay, solo es hasta las 4:00 de la tarde. Después de eso, esto es tierra de nadie. Aquí viene gente siempre a tomar alcohol, a fumar algo y a pasar el rato; es como un parque. Da pena que siendo un monumento histórico no se haga algo mejor como en la Ciudad Colonial”, expresa Alonso Rodríguez, residente de la zona.
Por lo que he notado, cualquier visitante o vehículo ingresa libremente a la hora que desee y realiza cualquier actividad sin control. La inexistencia de una verja perimetral deja este preciado monumento totalmente desprotegido frente a vándalos.
Geográficamente, me encuentro a 14.5 kilómetros de la Ciudad Colonial, en Santo Domingo Oeste. El complejo se ubica en el centro del Parque Mirador del Oeste, entre la autopista 6 de Noviembre y el río Haina. Incorporar esta joya al turismo resultaría sumamente provechoso.
Recuerdo haber leído que el presidente Joaquín Balaguer declaró esta área protegida mediante el decreto 183-93. Dicha ordenanza también mandaba a crear un cinturón verde de cinco kilómetros cuadrados alrededor del monumento.
Desafortunadamente, al contemplar los alrededores confirmo que toda la zona fue completamente urbanizada, y aún se observa cómo continúan las construcciones.

Orígenes de la era azucarera
Contemplo detenidamente la imponente estructura principal del Palacio de Engombe. Este palacete suntuoso del siglo XVI, destinado como vivienda a grandes personajes coloniales, fue erigido tras la fundación del histórico ingenio Santa Ana, una monumental obra pionera en el Nuevo Mundo.
Investigando sobre el terreno, aprendo que esta central azucarera fue fundada en la ribera del río Haina por Pedro Vásquez de Mella y Esteban Justiniano. Con el tiempo se convirtió en uno de los ingenios más poderosos de la época, adoptando el nombre “Ngombe”.
Al andar entre estos viejos muros comprendo que este ingenio representa fielmente la pujante industria azucarera colonial de La Española. Durante varios siglos consecutivos sus fértiles tierras sirvieron para el cultivo masivo de caña y la posterior fabricación de azúcar en la isla.
Cuatro estructuras coloniales
Durante mi caminata identifico con claridad cuatro estructuras coloniales bien conservadas. El conjunto arquitectónico está constituido por el señorial palacete, la pequeña iglesia, el antiguo trapiche y un amplio galpón o almacén que sirvió históricamente como estadía para las personas esclavizadas del ingenio.
Resulta doloroso ver cómo un espacio histórico tan valioso permanece expuesto a la ruina y la indiferencia. Un patrimonio que sobrevivió a siglos de historia hoy languidece frente al tránsito continuo sin que se ejecuten planes concretos para su pronta restauración y puesta en valor.
Un llamado a las autoridades

El Ministerio de Cultura, el Ministerio de Turismo y la alcaldía de Santo Domingo Oeste deben intervenir de inmediato las Ruinas de Engombe. Es imprescindible la construcción de un cerco perimetral, la colocación de señalización e identificación, vigilancia permanente, el asfaltado de sus accesos y la iluminación del área.
¡No permitamos que la cuna azucarera de América desaparezca en el olvido!
(c) El Nacional



