Basados en la confianza y el compromiso colectivo, los sanes continúan siendo una alternativa de ahorro para miles de dominicanos que buscan alcanzar metas económicas fuera del sistema financiero formal.
Yasmin Lazala
SANTO DOMINGO. R.D.— En los barrios dominicanos, donde el acceso al crédito formal y la capacidad de ahorro siguen siendo un desafío para muchas familias, los sanes se mantienen como una de las principales estrategias para reunir dinero y alcanzar metas económicas. Basado en la confianza entre sus participantes, este sistema informal permite a miles de personas enfrentar emergencias, financiar proyectos o adquirir bienes que, de otra forma, resultarían difíciles de costear.
El funcionamiento de un san es sencillo: un grupo de personas acuerda aportar una cantidad fija de dinero de manera semanal, quincenal o mensual. En cada período, uno de los integrantes recibe el monto acumulado hasta que todos hayan tenido su turno. Este mecanismo, que ha pasado de generación en generación, sigue vigente en comunidades, centros de trabajo y grupos familiares.
Para muchos participantes, el principal atractivo del san es que les obliga a ahorrar.
Francisco Aristi Paredes, quien asegura haber participado durante unos cinco años en este tipo de sistema, explica que la disciplina es una de las razones por las que prefiere esta modalidad.
«Sí, es mejor así, porque si tú lo vas guardando poco a poco, tú lo vas a gastar. Pero si tú lo guardas lo vas dando a una gente para un san, tú sabes que cuando te entregan el san, tú sabes que tú vas a recibir de una vez. Que es más fácil que tú estar ahorrando al paso.»
Francisco señala que ha recibido montos que van desde los 10,000 hasta los 50,000 pesos, dinero que ha utilizado para resolver necesidades del hogar.
«Con una meta, sí, para comprar una estufa, comprar una nevera, comprar una lavadora o comprar un televisor.»
Una experiencia similar relata Arturo Eduardo Alcántara López, quien ha participado aproximadamente en seis sanes organizados entre compañeros de trabajo. Según explica, la principal ventaja es poder disponer de una suma importante de dinero en un solo momento.
«Sí, es es mejor así porque eso es una responsabilidad. Es una responsabilidad que tú ese dinero hay que darlo sí o sí y y entonces, cuando tú recibes todos esos ingresos, los los los los reúnes, o sea, te lo devuelven entero eh en gran cantidad, tú sabes, no cheleadito.»
Arturo recuerda que ha utilizado el dinero para gastos personales y reparaciones.
«En un tiempo arreglé el el el aire del carro, me costó como 30,000.»
El sistema también ha servido para financiar proyectos familiares.
Argelis André Beltré Rojas cuenta que actualmente participa en un san de aproximadamente 80,000 pesos destinado a concluir una construcción.
«Claro que sí. En la casa pude… ahora mismo estamos tenemos un san de 80,000 pesos y con eso estamos terminando una casa de alquiler que tenemos.»
Para él, la principal ventaja radica en la facilidad de acceder al dinero cuando surge una necesidad.
«Tengo esa facilidad. Pero el banco no. El banco me va a decir: ‘No, usted tiene que pagar el san’ o ‘No se le puede entregar hasta que se termine’. Entonces esas reglas a veces complican un poco la situación.»
Un ahorro informal que persiste
El decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Antonio Ciriaco Cruz, explicó que los sanes forman parte de los mecanismos de ahorro informal que históricamente han surgido en comunidades donde una parte de la población no tiene acceso pleno al sistema financiero formal.
Según indicó, este modelo se sustenta en relaciones de confianza entre familiares, amigos, vecinos o compañeros de trabajo, quienes acuerdan aportar una cantidad de dinero durante un período determinado para que cada integrante reciba el monto acumulado cuando llegue su turno.
«Los sanes son un mecanismo de cooperativo, eh… un mecanismo de préstamo informal rotativo.»
Ciriaco señaló que este tipo de práctica es común en diversos países de América Latina y que suele desarrollarse en sectores donde las personas enfrentan dificultades para obtener préstamos bancarios o no cumplen con los requisitos exigidos por las entidades financieras.

«Hay mucha gente que está al margen de los procesos de bancarización, entonces se da este tipo de ahorros informales porque hay personas que, de una forma u otra, por su condición social y económica, no pueden acceder a un préstamo.»
El economista destacó que uno de los principales aportes de los sanes es que fomentan la disciplina financiera y la cultura del ahorro, especialmente entre personas que tienen dificultades para guardar dinero por cuenta propia.
«Sí contribuyen a la cultura del ahorro. O sea, es un mecanismo de ahorro popular.»
Asimismo, explicó que este sistema permite a los participantes planificar compras importantes, enfrentar emergencias económicas y disponer de recursos sin tener que pagar intereses, una ventaja significativa para familias de ingresos limitados.
Sin embargo, advirtió que los sanes también reflejan una realidad social y económica: la existencia de segmentos de la población que todavía no están plenamente integrados al sistema financiero formal. A su juicio, mientras más avance la bancarización y el acceso a servicios financieros, menor será la dependencia de estos mecanismos informales.
«El san se convierte en un mecanismo de una forma ya un tanto obsoleto. Anacrónico.»
No obstante, reconoció que continúan siendo una alternativa funcional para muchas personas que buscan financiamiento rápido y flexible sin recurrir a préstamos bancarios.
Los riesgos detrás de la confianza
Aunque la mayoría de los participantes consultados afirmó no haber tenido problemas, el sistema no está exento de riesgos. Uno de los más frecuentes ocurre cuando una persona recibe su turno y posteriormente deja de realizar los aportes acordados.
El abogado Edward Moya explicó que los sanes constituyen una práctica legal en la República Dominicana, ya que no están prohibidos por la legislación vigente y se fundamentan en el principio de autonomía de la voluntad y la buena fe entre las partes. No obstante, advirtió que, al tratarse de un mecanismo informal basado en la confianza, pueden surgir conflictos cuando alguno de los integrantes incumple con sus compromisos.

En esos casos, señaló que los afectados pueden recurrir a mecanismos legales. Según indicó, es posible presentar una denuncia o querella ante las autoridades competentes y, si existe un acuerdo documentado, también pueden acudir a la vía civil para reclamar la devolución del dinero, así como daños y perjuicios.
Aun así, el especialista advirtió que la principal debilidad de los sanes radica en que, en muchos casos, los acuerdos se realizan de forma verbal, sin contratos ni documentos que respalden los compromisos asumidos. Por ello, recomendó conservar pruebas de los aportes y de los acuerdos alcanzados para facilitar cualquier reclamación en caso de incumplimiento.
Una tradición que se mantiene vigente
A pesar de los avances del sistema financiero y la expansión de los servicios bancarios, los sanes continúan ocupando un espacio importante en la economía cotidiana de muchos dominicanos. Para algunos representan una herramienta para adquirir electrodomésticos, reparar vehículos o mejorar sus viviendas; para otros, una forma de proteger el dinero de gastos impulsivos.
Más allá de los riesgos, la permanencia de esta práctica revela que todavía existen sectores de la población que encuentran en la confianza comunitaria y en el ahorro colectivo una alternativa viable para alcanzar objetivos económicos que, de otro modo, resultarían difíciles de materializar. En los barrios dominicanos, los sanes siguen funcionando como una alcancía colectiva que ayuda a miles de familias a convertir pequeñas cuotas periódicas en proyectos concretos y oportunidades de progreso.
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