Montevideo (EFE).— Las democracias de América Latina y el Caribe atraviesan una erosión silenciosa pero sostenida que no se expresa en golpes de Estado, sino en el desgaste paulatino de las instituciones desde dentro, según el informe sobre Democracia y Desarrollo 2026 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
El documento, difundido este lunes por el organismo, concluye que la región —considerada la más democrática del mundo en desarrollo— acumula tensiones que amenazan la sostenibilidad de sus sistemas políticos, al tiempo que el avance económico no ha logrado traducirse en mayor legitimidad institucional.
La confianza ciudadana en las autoridades electorales cayó del 47 % en 2016 al 34 % en 2024, según Latinobarómetro, mientras que el porcentaje de personas que considera fraudulentas las elecciones en su país pasó del 48,5 % al 60,6 % en el mismo periodo.
Menos de la mitad de la población de la región se declara satisfecha con el funcionamiento de la democracia, y más del 70 % cree que los gobiernos responden a intereses particulares.

Entre la polarización y la violencia política
La región registra además el mayor índice de polarización política del mundo, con un valor de 3,4 sobre 4 en la escala del proyecto V-Dem, por encima de Europa Oriental, Asia-Pacífico o el promedio mundial (2,9).
El informe advierte de que esta polarización ha dejado de ser una simple diferencia de opiniones para convertirse en una confrontación de identidades en la que el adversario político se percibe como una amenaza existencial.
A estos factores se suma el crimen organizado, que el PNUD describe como un «desafío sistémico y transnacional» que ya no se limita a la seguridad, sino que distorsiona la representación política, financia campañas electorales y disputa al Estado el control del territorio.
Cuatro de los diez países con mayor violencia política del mundo se encuentran en América Latina y el Caribe, según datos de ACLED citados en el informe.
Desigualdad y desinformación
Las brechas socioeconómicas agravan el cuadro. Aunque el Índice de Desarrollo Humano (IDH) regional avanzó de 0,648 en 1990 a 0,783 en 2023, al ajustarse por desigualdad ese índice cae un 21 %.
El 10 % más rico de la región concentra casi el 37 % de los ingresos, frente al 13 % que percibe el 40 % más pobre, por lo que la región sigue siendo una de las más desiguales del planeta.
El informe identifica también la desinformación digital como un vector de debilitamiento democrático: las redes sociales son la principal fuente de información en casi todos los países de la región, pero más del 60 % de sus usuarios desconfía de ellas, una paradoja que el PNUD atribuye al efecto de los algoritmos y la inteligencia artificial sobre la deliberación pública.
Frente a este diagnóstico, el documento propone un marco de renovación articulado en torno a tres ejes: fortalecer la calidad de la democracia —comenzando por la autonomía de los organismos electorales—, impulsar un desarrollo humano capaz de resistir crisis y revertir desigualdades, y reconstruir la capacidad del Estado para garantizar derechos.
(c) Agencia EFE (11.05.2026)


