El presupuesto de la Policía Nacional para 2026 supera los RD$40 mil millones, según los documentos presupuestarios oficiales
Dora Pariente / HOY
Cuando ocurre un hecho de violencia que conmociona al país, la reacción suele ser casi inmediata: más patrullaje, más operativos, más declaraciones, más controles.
Pero después de la indignación inicial deberíamos hacernos una pregunta mucho más incómoda:
¿Estamos construyendo seguridad o solamente reaccionando frente a la inseguridad?
República Dominicana no parte de cero.
Durante años hemos creado instituciones, programas, planes, reformas, sistemas tecnológicos y mecanismos de coordinación destinados a proteger a la ciudadanía. Tenemos Policía Nacional, Ministerio de Interior y Policía, Ministerio Público, Poder Judicial, sistema penitenciario, 911, organismos especializados, gobiernos locales y múltiples iniciativas relacionadas con prevención, convivencia y seguridad.
También está en marcha un proceso de transformación policial. En 2025 comenzó el pilotaje del Nuevo Modelo de Servicio y Patrullaje Policial, inicialmente en áreas del Gran Santo Domingo y Santiago, con énfasis en planificación, tecnología, proximidad comunitaria, prevención y profesionalización del servicio.
En 2026, las propias autoridades han reconocido que la inseguridad continúa siendo una preocupación importante de la ciudadanía y que uno de los desafíos de la reforma sigue siendo fortalecer la confianza entre población e institución policial.
Entonces quizás el problema ya no sea únicamente crear nuevas iniciativas.
Quizás el verdadero desafío sea conectar las que ya tenemos.
De instituciones aisladas a un ecosistema de seguridad
La seguridad ciudadana no comienza cuando aparece una patrulla.
Comienza mucho antes.
Comienza cuando una comunidad identifica factores de riesgo.
Cuando una escuela evita que un joven abandone sus estudios.
Cuando un municipio recupera un espacio público abandonado.
Cuando existen oportunidades laborales.
Cuando las instituciones comparten información.
Cuando una denuncia puede ser rastreada.
Cuando una persona privada de libertad recibe condiciones reales para reinsertarse.
Y también cuando el Estado aprende de sus propios datos.
Por eso prefiero hablar de un ecosistema de seguridad ciudadana.
Porque ningún organismo, por poderoso que sea, puede resolver por sí solo un problema que tiene causas sociales, económicas, territoriales, educativas, familiares, institucionales y criminales.
Policía, justicia, prevención, educación, municipios, salud mental, juventud, tecnología, sistema penitenciario, ciudadanía y organizaciones comunitarias deberían funcionar como partes de una misma arquitectura.
Pero una arquitectura necesita algo indispensable:
Integración.
Tenemos información. El desafío es convertirla en inteligencia
Cada institución genera datos.
Denuncias.
Emergencias.
Homicidios.
Robos.
Violencia intrafamiliar.
Incidentes de tránsito.
Conflictos comunitarios.
Reincidencia.
Procesos judiciales.
Intervenciones policiales.
Programas sociales.
Presupuesto.
Pero tener miles de bases de datos no necesariamente significa tener inteligencia pública.
El verdadero salto ocurre cuando podemos seguir un fenómeno de principio a fin y responder preguntas sencillas:
¿Dónde ocurre?
¿Por qué ocurre?
¿Se repite?
¿Qué intervención se realizó?
¿Cuánto costó?
¿Funcionó?
La propia transformación policial ha definido indicadores relacionados con tiempo de respuesta del 911, percepción ciudadana, articulación comunitaria, equipamiento, entrenamiento, número de policías y reducción de delitos. Eso demuestra que medir resultados ya forma parte del enfoque institucional.
El siguiente paso debería ser ampliar esa lógica a todo el ecosistema.
El presupuesto también cuenta una historia
La seguridad ciudadana moviliza recursos públicos importantes.
El presupuesto de la Policía Nacional para 2026 supera los RD$40 mil millones, según los documentos presupuestarios oficiales.
Ese dato no significa que invertir en seguridad sea incorrecto. Todo lo contrario: proteger la vida y la convivencia es una responsabilidad fundamental del Estado.
Pero abre otra pregunta:
¿Cuánto invertimos en responder al delito y cuánto en evitar que ocurra?
Una patrulla es necesaria.
Una cárcel puede ser necesaria.
Una investigación criminal es indispensable.
Pero cada peso invertido tempranamente en prevención, convivencia, iluminación, recuperación urbana, oportunidades juveniles, mediación comunitaria o salud mental puede atacar factores que aparecen mucho antes del delito.
No se trata de enfrentar prevención y persecución.
Necesitamos ambas.
Lo que necesitamos saber es qué combinación produce mejores resultados para cada territorio.
Cinco pasos que podríamos comenzar a construir
Mi propuesta no pasa necesariamente por crear otra institución.
Pasa por conseguir que lo existente converse.
Primero, podríamos avanzar hacia un Registro Integrado de Seguridad, donde las intervenciones puedan seguirse desde la denuncia hasta su eventual resolución, respetando naturalmente las reglas de protección de datos y acceso a la información.
Segundo, necesitamos un tablero nacional de seguridad ciudadana que vaya mucho más allá de publicar exclusivamente homicidios. Robos, violencia intrafamiliar, delitos sexuales, conflictos territoriales, reincidencia, denuncias y percepción de inseguridad también permiten entender cómo vive la ciudadanía.
Tercero, el Nuevo Modelo Policial debería evaluarse sistemáticamente. No solamente preguntarnos si fue implementado, sino comparar territorios, tiempos de respuesta, delitos, confianza ciudadana y resultados antes y después de cada intervención.
Cuarto, necesitamos fortalecer la prevención municipal. El delito ocurre en territorios concretos. Por eso los ayuntamientos deberían tener un papel creciente en iluminación, recuperación de espacios, mediación, juventud, convivencia y prevención comunitaria.
Y quinto, debemos vincular progresivamente el financiamiento con resultados medibles.
No para castigar instituciones.
Para aprender.
Porque una política pública que no mide difícilmente puede mejorar.
Seguridad también significa confianza
Hay algo que ninguna cámara, patrulla ni algoritmo puede sustituir:
La confianza ciudadana.
Cuando una persona confía en las instituciones, denuncia.
Cuando denuncia, el Estado obtiene información.
Cuando existe información, puede identificar patrones.
Cuando identifica patrones, puede anticiparse.
Y cuando logra anticiparse, comienza verdaderamente la prevención.
Por eso la transparencia no es un complemento de la seguridad.
Es parte de ella.
Del Estado que reacciona al Estado que cuida
Durante mucho tiempo hemos entendido la seguridad principalmente como capacidad de respuesta.
Quizás ha llegado el momento de ampliar esa visión.
Un Estado moderno no debería aparecer solamente después del delito.
Debe aprender a identificar señales antes de que el daño ocurra.
Debe conectar instituciones.
Debe utilizar datos.
Debe evaluar resultados.
Debe intervenir territorialmente.
Y debe construir confianza.
República Dominicana ha avanzado y ha construido muchas de las piezas necesarias. La transformación policial actualmente en desarrollo confirma que existe un proceso institucional en marcha orientado hacia modernización, prevención y proximidad ciudadana.
Pero quizás nuestra siguiente gran innovación en seguridad no sea otra plataforma, otra comisión ni otro programa.
Quizás sea algo aparentemente mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más difícil:
Hacer que todo lo que ya tenemos funcione como un único sistema.
Porque seguridad no es solamente perseguir a quien hace daño.
Seguridad también es detectar el riesgo.
Prevenir.
Acompañar.
Corregir.
Medir.
Aprender.
Y cuidar.
Y ahí está, para mí, la diferencia entre un Estado que reacciona y un Estado que cuida.
(c) Periódico Hoy


