La tecnología para reducir el impacto del sargazo ya existe; el desafío es organizarla a escala regional, financiarla y encontrar usos capaces de absorber millones de toneladas de biomasa.
Aldo Rodríguez Villouta*
La crisis del sargazo ha dejado de ser un problema ocasional de algunas playas para convertirse en un desafío regional que obliga a replantear la respuesta de los países del Caribe.
En 2026, los volúmenes registrados han vuelto a poner en evidencia los límites de una estrategia basada casi exclusivamente en retirar las algas de las costas después de su llegada.
Entre enero y el 30 de junio de 2026, solo República Dominicana y Puerto Rico acumularon unos 9 millones de toneladas métricas de sargazo, frente a 8,3 millones durante el mismo período de 2025 y 1,2 millones en 2024, según datos de la Universidad del Sur de Florida.
La magnitud del fenómeno explica por qué la discusión tecnológica ha cambiado. Ya no basta con preguntarse cómo recoger el sargazo. Hay que determinar cuánto puede interceptarse antes de que llegue a tierra, dónde hacerlo, cómo evitar daños a los ecosistemas marinos y qué hacer después con la biomasa recolectada.
La respuesta más realista no parece estar en una máquina capaz de resolverlo todo, sino en una combinación de tecnologías relativamente maduras: monitoreo y pronóstico, captura selectiva en el mar, barreras flotantes, limpieza cuidadosa de las playas y valorización industrial.
La tesis central es sencilla: el Caribe necesita un sistema contra el sargazo, no una tecnología milagrosa.
La temporada de 2026 obliga a cambiar la estrategia
México ofrece el ejemplo más visible de esta nueva etapa. El Gobierno de Claudia Sheinbaum anunció una inversión de US$115 millones para fortalecer la contención, recolección y aprovechamiento del sargazo en el Caribe mexicano, con embarcaciones especializadas, barreras, monitoreo y otros equipos.
Acento informó que las autoridades mexicanas llegaron a reportar hasta 90.538 toneladas diarias desplazándose frente a sus costas.
La dimensión del problema también se refleja en el turismo. Este viernes 14 de agosto, autoridades turísticas de Quintana Roo reconocieron una ocupación hotelera de apenas 15 % en Tulum, mientras Playa del Carmen registraba alrededor de 30 %.
El funcionariado atribuyó parte de la caída al arribo atípico de sargazo, aunque también mencionó otros factores, como la reducción de frecuencias aéreas y el aumento de los costos del combustible.
Los datos más recientes apuntan a que la cantidad de sargazo en el Atlántico comenzó a disminuir durante julio, aunque la llegada a las costas caribeñas puede continuar durante la temporada, porque un descenso estacional no equivale al fin del problema.
República Dominicana bajo presión

El Ministerio de Medio Ambiente activó en julio un operativo nacional ante la presencia masiva de sargazo en la región Este. La intervención incluyó inspecciones en más de 15 establecimientos hoteleros entre Uvero Alto y Cabeza de Toro, revisión de puntos de acopio y evaluación de las condiciones utilizadas para retirar y disponer la biomasa.
El Gobierno dominicano también trabaja en propuestas de cooperación para establecer sistemas satelitales de monitoreo y barreras costeras en playas vulnerables.
Pero el problema no se limita a Punta Cana y Bávaro. Acento documentó durante junio la llegada masiva de sargazo a Barahona y otros puntos del litoral sur, mientras la acumulación afectaba playas, espacios turísticos y áreas próximas a puertos. Sargazo en Barahona 2026: fotogalería del impacto en las playas de la Perla del Sur
Monitorear antes de recoger

La primera tecnología que debe formar parte de cualquier estrategia es también una de las menos espectaculares: saber dónde está el sargazo antes de que llegue.
Los satélites permiten localizar grandes concentraciones de la macroalga y seguir su desplazamiento. Al combinar esa información con corrientes, vientos y otras variables oceanográficas es posible elaborar pronósticos de trayectoria.
El problema ya no es exclusivamente tecnológico. República Dominicana dispone de sistemas de seguimiento, pero la información debe convertirse en una herramienta operacional para la toma de decisiones.
Si una autoridad sabe con varios días de anticipación que una masa importante se dirige hacia una playa determinada, puede movilizar embarcaciones, instalar barreras, organizar equipos de limpieza y coordinar con hoteles y municipios.
La NOAA, por ejemplo, amplió en 2026 su herramienta de riesgo de inundación por sargazo para ofrecer actualizaciones diarias sobre la localización de las algas y el riesgo de llegada a las playas.
Interceptar el sargazo en el mar

La segunda línea de defensa consiste en recoger parte del sargazo antes de que alcance las costas.
México está llevando esta estrategia a una escala mucho mayor, mediante buques sargaceros, embarcaciones menores, un buque oceánico, un sargacero anfibio y barreras de contención. Con ello, ha recolectado más de 96.000 toneladas métricas en lo que va de 2026.
La lógica es evidente: recoger sargazo fresco en el mar puede evitar los costos y daños derivados de retirar toneladas de biomasa ya descompuesta en la playa, pero existe un límite ecológico.
El sargazo flotante no es simplemente basura. Las masas oceánicas sirven como refugio, alimento y hábitat para diversos organismos marinos. Retirar indiscriminadamente todo lo que flota podría producir un daño ambiental adicional. El propio Ministerio de Medio Ambiente dominicano reconoce su función ecológica.
Por ello, la captura debe ser selectiva, orientada a las concentraciones que amenazan zonas costeras, arrecifes, puertos, áreas pesqueras y destinos turísticos.
Las barreras sirven, pero no para todo el litoral

Las barreras flotantes son una tecnología conocida. Pueden modificar la trayectoria del sargazo, concentrarlo y conducirlo hacia lugares donde sea más sencillo recogerlo.
Sin embargo, no constituyen una muralla que pueda instalarse a lo largo de todas las costas del Caribe.
Su funcionamiento depende del oleaje, las corrientes, la profundidad y la configuración de cada playa. Una barrera mal colocada puede perder biomasa, dificultar la navegación o producir impactos ambientales.
Su uso tiene más sentido en puntos estratégicos: bahías, playas turísticas, puertos, áreas coralinas y zonas especialmente vulnerables.
La limpieza de las playas seguirá siendo indispensable

Incluso una estrategia eficiente de captura en alta mar no impedirá que parte del sargazo alcance la costa y por eso la limpieza seguirá siendo necesaria, pero debe realizarse con mayor rapidez y menor impacto.
Cuando el sargazo permanece acumulado comienza a descomponerse, genera olores desagradables y puede alterar las condiciones ambientales del agua y de la zona costera.
El problema aparece cuando la respuesta consiste exclusivamente en utilizar maquinaria pesada. La extracción mecánica puede retirar arena junto con las algas y contribuir a la erosión si se realiza sin criterios ambientales.
República Dominicana ya ha tenido que intervenir operaciones de limpieza por impactos asociados al uso de equipos pesados y manejo inadecuado del sargazo.
Por eso, la limpieza manual y la maquinaria especializada deben utilizarse según las características de cada playa.
El verdadero desafío comienza después de recogerlo

Recoger millones de toneladas de sargazo solo resuelve una parte del problema. Después aparece una pregunta más difícil: ¿qué hacer con la biomasa?
Almacenar indefinidamente el material no es una solución. Transportarlo cientos de kilómetros tampoco parece razonable desde el punto de vista económico.
La alternativa es crear cadenas de valorización capaces de absorber grandes cantidades.
Un estudio publicado en Journal of Environmental Management analizó 12 cadenas posibles de aprovechamiento del sargazo en el Caribe, entre ellas biochar, biogás, biocombustibles, materiales de construcción, bioplásticos, fertilizantes y compost.
La investigación concluyó que biochar, biogás y compost/fertilizantes presentan las mejores condiciones para recibir apoyo a la inversión. El hallazgo es importante porque cambia el criterio de evaluación.

El producto más sofisticado no necesariamente es el más útil. La solución debe ser capaz de consumir grandes cantidades de biomasa, operar con materia prima variable y tener un mercado suficientemente amplio.
Fertilizantes y compost: una de las opciones más inmediatas
El sargazo contiene materia orgánica y nutrientes que pueden aprovecharse después de un procesamiento adecuado, pero no debe tratarse como una materia prima agrícola convencional. Su composición puede variar y puede contener sal, arena y elementos contaminantes que obligan a establecer controles de calidad.
La investigación en Journal of Environmental Management identificó el compost y los fertilizantes entre las cadenas con mejores perspectivas para el Caribe.
En República Dominicana ya existe además evidencia local. Investigadores del INTEC evaluaron el uso de sargazo como biofertilizante en cultivos de tomate y reportaron que, bajo las condiciones experimentales estudiadas, los frutos no presentaron acumulaciones preocupantes de arsénico, cadmio ni plomo.
Esto no significa que cualquier sargazo pueda convertirse directamente en fertilizante. Significa que existe una línea de investigación nacional que merece ser desarrollada con controles y regulación.
Biochar: una alternativa para absorber grandes volúmenes

El biochar se produce mediante procesos termoquímicos que transforman biomasa en un material rico en carbono.
El sargazo puede utilizarse como materia prima, aunque la salinidad, la humedad y la composición variable obligan a establecer procesos de acondicionamiento y control.

El estudio económico sobre las 12 cadenas de valorización colocó al biochar entre las alternativas más favorables para el Caribe debido a su potencial de escala y a que puede consumir cantidades importantes de biomasa.
La ventaja frente a determinados productos de alto valor es precisamente esa capacidad de volumen.


Biogás: convertir residuo en energía
La digestión anaerobia permite transformar materia orgánica en biogás, que puede utilizarse para generar calor o electricidad. La posibilidad resulta especialmente atractiva para territorios insulares que dependen de combustibles importados.
La investigación comparativa también situó el biogás entre las cadenas de valorización con mejores perspectivas económicas.
El obstáculo vuelve a ser la logística: hace falta disponer de cantidades suficientes, instalaciones adecuadas y una cadena estable de recolección, transporte y procesamiento.


Biocombustibles y bioplásticos: todavía no son la respuesta masiva
El sargazo también puede utilizarse para investigar biocombustibles, bioplásticos y compuestos químicos, pero existe una diferencia entre demostrar que una tecnología funciona en un laboratorio y construir una industria capaz de procesar millones de toneladas de biomasa húmeda, variable y con sal.
La propia investigación sobre las cadenas de valor identifica obstáculos relacionados con la calidad de la biomasa, la irregularidad del suministro, la tecnología disponible, el personal especializado y la capacidad de escalar.
Estas alternativas pueden formar parte de la economía futura del sargazo, pero todavía no deben presentarse como la respuesta inmediata al volumen masivo que enfrenta el Caribe.
El barco fábrica todavía tiene demasiadas preguntas
La idea de un barco o plataforma capaz de recoger y procesar el sargazo en alta mar resulta atractiva porque permitiría reducir el transporte hacia plantas terrestres, pero sigue pendiente y necesario demostrar su economía.
¿Cuánto costaría construirlo? ¿Cuánto combustible necesitaría? ¿Cómo funcionaría con oleaje fuerte? ¿Cómo separaría arena y sal? ¿Qué haría con los contaminantes? ¿Sería más barato procesar el material en alta mar o transportarlo hasta tierra?
Mientras esas preguntas no tengan respuestas respaldadas por operaciones piloto y evaluaciones económicas independientes, el barco fábrica debe considerarse una tecnología experimental, no una solución probada.
El error sería intentar eliminar el sargazo del océano
El objetivo tampoco puede ser retirar todo el sargazo del Atlántico. Las masas flotantes forman parte de ecosistemas oceánicos y proporcionan refugio y alimento a especies marinas. El Gobierno dominicano a través de sus voces científicas señalas reiteradamente esta función ecológica.
Por eso, la estrategia -se insiste- debe concentrarse en controlar las acumulaciones que representan una amenaza para las costas, porque de lo que se trata no es cómo eliminar el sargazo, sino cómo impedir que la mayor cantidad posible del material que representa un riesgo llegue a las playas y cómo manejar de manera segura el que inevitablemente alcance tierra.
El Caribe necesita una infraestructura regional

El sargazo no respeta fronteras nacionales y por lo mismo lo que llega a República Dominicana puede haberse formado o concentrado miles de kilómetros mar adentro. México, Jamaica, Barbados, Cuba, Bahamas, Puerto Rico y Belice enfrentan el mismo problema desde posiciones geográficas distintas.
Por eso mismo, una estrategia exclusivamente nacional tiene límites estructurales.
Belice y República Dominicana dieron precisamente un nuevo paso en esa dirección este jueves 13 de agosto, cuando funcionarios de ambos países abordaron mecanismos de coordinación frente al incremento regional del sargazo.
La cooperación tampoco parte de cero. República Dominicana participa desde julio en el proyecto FEF-CARIBS, financiado por Francia, para fortalecer tecnologías, protocolos científicos y cooperación regional durante dos años.
No todos los países tendrían que construir toda la infraestructura. Unos podrían especializarse en monitoreo, otros en recolección, otros en investigación y otros en procesamiento.
Lo que ya está demostrado y lo que todavía no
La frontera tecnológica es hoy bastante clara.
Ya puede utilizarse: monitoreo satelital, pronósticos de trayectoria, embarcaciones recolectoras, barreras flotantes, limpieza especializada, compostaje y producción de fertilizantes, biochar y biogás.
Todavía necesita mayor demostración: barcos fábrica, producción masiva de biocombustibles, bioplásticos capaces de absorber grandes volúmenes, extracción de compuestos de alto valor como respuesta al problema de escala y determinados modelos de negocio basados en créditos de carbono.
En particular, las propuestas de hundir grandes cantidades de sargazo para generar créditos de carbono requieren cautela por sus posibles consecuencias ecológicas.
La oportunidad está en construir un sistema, no en esperar una máquina

La evidencia disponible permite una conclusión menos espectacular que la promesa de una tecnología capaz de acabar con el sargazo, pero mucho más útil para las políticas públicas.
No existe hoy una tecnología capaz de acabar con el sargazo en el Caribe. Sí existe un conjunto de soluciones suficientemente maduras para anticiparlo, interceptar una parte de las masas, proteger puntos vulnerables, retirar rápidamente lo que llegue a tierra y convertir una fracción de esa biomasa en materia prima.
República Dominicana ya cuenta con sistemas de monitoreo, una regulación específica para la recogida y proyectos de cooperación.
El Ministerio de Medio Ambiente, además, ejecuta un proyecto de US$10 millones financiado por la cooperación de Corea para mejorar el monitoreo, la gestión de eventos costeros y la capacidad de respuesta ante el sargazo entre 2025 y 2029.
La tarea pendiente es integrar esas piezas y llevarlas de proyectos aislados a una infraestructura permanente.
El estudio económico sobre valorización ofrece una pista decisiva: el éxito no dependerá únicamente de recoger las algas, sino de crear cadenas industriales capaces de procesarlas de manera estable, rentable y a gran escala.
El sargazo seguirá llegando. La política pública no puede impedir el fenómeno oceánico, pero sí puede reducir considerablemente sus consecuencias. La estrategia más realista, por tanto, no es prometer el fin del sargazo, sino predecir, interceptar, contener, retirar y aprovechar.
No es una solución milagrosa. Es infraestructura y esa infraestructura puede comenzar a construirse con tecnologías que, en buena medida, ya existen.
(c) acento
*Aldo Rodríguez Villouta

Radicado en República Dominicana desde 2017, donde trabaja en Acento (www.acento.com.do) y dirige la oficina dominicana de GlobeArt de Chile, su país natal. Previamente, corresponsal de Inter Press Service (IPS), Agencia EFE, Latin American New Service (Lans, EEUU), Associated Press (AP) y BBC en Ecuador, Brasil, Italia y Venezuela. Paralelamente, corresponsal en Venezuela y Ecuador de Monitor de Radio Red de México y colaborador de la Agencia France Press (AFP) y en varios medios de prensa nacionales de esos y otros países, entre ellos Ecuadoradio y Diario Meridiano, de Ecuador, y Gazeta Mercantil, versión Mercosul en Río de Janeiro.


