El reto de crecer sin perder sostenibilidad e identidad
Joan Feliz.*
Mientras gran parte del Caribe sigue apostando al turismo tradicional, una nueva industria comienza a mover silenciosamente parte de las inversiones más exclusivas de la región: el turismo náutico.
El turista de alto poder adquisitivo ya no está buscando únicamente playas bonitas o grandes resorts. El mercado internacional se está moviendo hacia experiencias más privadas, exclusivas y conectadas con el estilo de vida. Y ahí es donde el turismo náutico comienza a convertirse en uno de los segmentos más estratégicos del Caribe.
Las cifras comienzan a reflejarlo. Según datos de la Caribbean Tourism Organization, el turismo vinculado a marinas, yates y embarcaciones privadas mueve miles de millones de dólares cada año en la región, impulsando además sectores como bienes raíces, gastronomía, aviación ejecutiva y comercio de lujo.
En destinos como Bahamas, Saint Barth, Antigua o Saint Martin, las marinas dejaron hace tiempo de ser simplemente espacios para embarcaciones. Hoy funcionan como centros económicos completos capaces de atraer inversión internacional y turismo premium durante todo el año.
La diferencia es clara: el visitante náutico suele permanecer más tiempo y generar un gasto considerablemente mayor que el turista tradicional.
República Dominicana comienza a entrar en esa conversación
República Dominicana lleva años consolidándose como líder regional en turismo tradicional. Solo en 2025 el país superó los 11 millones de visitantes entre vía aérea y cruceros, una cifra récord para el sector turístico nacional.
Sin embargo, el verdadero potencial podría estar ahora en segmentos todavía menos explotados, como el turismo náutico y residencial.
Con más de 1,600 kilómetros de costa y una posición privilegiada en el Caribe, el país tiene condiciones naturales para competir dentro de ese mercado. Pero el desafío no es únicamente construir marinas o proyectos frente al mar. El verdadero reto está en crear experiencias alrededor de esos espacios.
Y precisamente ahí parece comenzar a moverse parte de la inversión turística moderna.
Samaná y el valor de una experiencia distinta
Mientras algunos destinos del Caribe enfrentan problemas de saturación, crecimiento desordenado y pérdida de identidad, zonas como Samaná comienzan a captar atención por ofrecer algo que hoy tiene enorme valor en el mercado internacional: autenticidad.
Naturaleza, menor densidad urbana, turismo residencial, bahías, montañas y conexión con el mar han convertido a Samaná en uno de los destinos con mayor potencial para el desarrollo de experiencias premium vinculadas al turismo náutico.
No es casualidad que proyectos vinculados a marinas y turismo residencial hayan comenzado a ganar fuerza en esa zona durante los últimos años.
Desarrollos como Puerto Bahía reflejan parte de esa evolución hacia modelos turísticos más integrados, donde convergen marina, gastronomía, hotelería y experiencias alrededor del mar. Ese tipo de desarrollo comienza a alinearse con una tendencia cada vez más fuerte en el Caribe: destinos menos masivos y más orientados a estilo de vida, turismo residencial y exclusividad.
Además, este tipo de proyectos suele generar movimiento económico mucho más amplio alrededor de las zonas donde se desarrollan, impulsando restaurantes, excursiones, bienes raíces, servicios marítimos y comercios vinculados al turismo premium.
Pero el punto importante probablemente no sea un proyecto específico. La verdadera señal es hacia dónde parece moverse el mercado turístico del Caribe.
El lujo cambió
Hace diez años, el turismo premium del Caribe giraba principalmente alrededor de grandes hoteles. Hoy el mercado parece valorar más la privacidad, la experiencia, la comunidad y la conexión con el entorno.
Por eso destinos vinculados al turismo náutico han ganado relevancia internacional.
El visitante moderno ya no solo quiere hospedarse frente al mar. Quiere vivir el destino. Quiere movilidad marítima, gastronomía local, bienestar, exclusividad y experiencias personalizadas.
Ahí es donde el Caribe comienza a entrar en una nueva etapa turística.
El desafío será crecer sin destruir el atractivo
Muchos destinos internacionales crecieron demasiado rápido y terminaron perdiendo precisamente aquello que los hacía especiales. Saturación urbana, deterioro ambiental y pérdida de identidad se han convertido en problemas frecuentes dentro de algunos polos turísticos del Caribe.
República Dominicana todavía tiene margen para evitar parte de esos errores.
La oportunidad no está solamente en atraer más turistas. El verdadero reto será construir destinos sostenibles, diferenciados y capaces de mantener valor a largo plazo.
El Caribe ya no compite únicamente por playas o cantidad de habitaciones hoteleras. La nueva competencia parece estar enfocada en quién logra construir destinos capaces de ofrecer experiencias, exclusividad y valor a largo plazo.
Y en esa conversación, el turismo náutico podría convertirse en una de las oportunidades más importantes —y todavía menos explotadas— para República Dominicana.
(c) Diario Libre (28.05.2026)
*Joan Feliz. Especialista en turismo inmobiliario y proyectos turísticos en la República Dominicana.



